La nueva longevidad pone el deseo en la lupa
“Los años 60 dejaron de dividir el mundo en hombres y mujeres para crear una grieta más comercial: jóvenes y viejos”, recapitula la autora, y asegura que sexo y vejez no son opuestos que se rechazan. Una anécdota sorprendente vino a ilustrar sus sospechas.
“Cuando se es joven, la muerte es más real que la vejez, aparece como una posibilidad más concreta, en cambio nos cuesta pensarnos viejos”(Simone de Beauvoir)
Rara, muy rara consecuencia, la lluvia rehidrata mi abecedario para combinar mejor las letras que, convertidas en palabras, originan frases, suman textos y expresan, en el mejor de los casos, conceptos relativamente interesantes.
Un cielo, de gris liso como un espejo que refleja el asfalto, exalta el creciente placer de estar sola. Habitar mi madriguera, leer y escribir.
Faltaban varias cuadras para llegar a casa y la prudencia, sustantivo que generalmente aparece con los años, y que rima con su efecto, la supervivencia, me obligó a guarecerme. Verbo hoy poco utilizado (en todos los sentidos posibles).
Los diluvios, cómplices de bares diversos, son excusa insoslayable para una parada intermedia. Café, vaso de soda, libro y celular como máquina para escribir. Entré. La marquesina en el frente anuncia el adjetivo pretencioso que oficia de nombre.
Nunca había estado en ese bar de Palermo porque a mis prejuicios y yo no nos gustan sus habitués, gente que cree estar bien vestida porque no desentona, gente de pelo, ideas y ropa bien planchada, gente parecida que surfea superficies jamás encrespadas.
El lugar estaba repleto, pedí un macciatto y saqué el libro de la mochila dispuesta a disfrutarlo. Media página después solo fingí leer para seguir escuchando la conversación que se estaba desarrollando a mis espaldas.
- No sé, elegí vos.
- Yo lo que más quiero es que estéss cómoda, te sientas confiada; si preferís tu casa, por méestá todo bien. Tengo muchas ganas de …
- No te calles, ¿muchas ganas de qué?
- De irnos desnudando de a poco.
Pausa, silencio y risa femenina algo forzada.
- ¿Pensaste que estaría más apurado? Las ganas, en mi caso siempre mandan, pero saben esperar.
Decidí sacarme la campera y poder maniobrar lo suficiente para verles las caras. Quedé tan petrificada que el brazo izquierdo fue atrapado por el forro descocido de la manga. La pareja tenía por lo menos mil años, aunque deduje que era su primer encuentro.
Pacho O’Donnell desmiente prejuicios sobre sexo y la vejez
Llamé al mozo, pagué y salí huyendo. Una vez en la calle y sin habérmelo propuesto me senté ocupando otra mesa que estaba en la vereda. Mi cuerpo se adelantó, la elaboración de lo sucedido llegó algo más tarde.
¿Qué provocó tal huida? ¿Pensé en los amores de mis padres, en un futuro no tan lejano, en el deseo de esos cuerpos marchitos?
De inmediato escribí para ayudarme a pensar y luego consulté, leí, investigué. ¿Los datos? apabullantes.
El sexo en la vejez no es un oxymoron, comprobado.
Negar la sexualidad en la vejez es una forma de exclusión, también comprobado.
Un cuerpo joven que desea es sinónimo de vitalidad, un cuerpo viejo que desea incomoda, como si envejecer fuera aprender a desaparecer, eso sí, molestando lo menos posible.
El cuerpo cambia, la biología disminuye, pero la libido puede sostener o reinventar el deseo.
Desear es un impulso vital que enciende nuestro estar en el mundo, no una conducta a justificar y entendamos: la juventud no es sinónimo de deseo. La edad no lo cancela, no lo apaga, solo lo deja fuera del mercado, lo vuelve clandestino.
Pareciera que el sexo tardío no vende, pero el mundo cambió, hoy si la vejez no cotiza, el “peligro” de su llegada mueve millones.
Los años 60 dejaron de dividir el mundo en hombres y mujeres para crear una grieta más comercial: jóvenes y viejos. El problema ya no era quién sos sino cuántos años tenes. La edad dejó de ser una etapa biológica para convertirse en un valor de mercado. La vejez es cancelada del imaginario, no protagoniza, no importa.
Asistimos a una nueva longevidad que pretende no ser sabia ni serena y ello incomoda"
Sabemos que cuando la edad avanza comienza una disminución o resta de capacidades, debemos aprender a negociar perdidas, pero también negarnos a que se nos mutile la expectativa del amor, del sexo o de los proyectos. La mutilación es política.
Alguien dijo: - Sigo siendo yo pero con menos de mí.
Hay un deterioro de facultades sí, pero no es un defecto, es un ciclo de la vida que con suerte nos tocará a todos. Es trabajoso y valiente luchar, desafiarnos a nosotros mismos para atemperarla, pero es agotador y humillante desafiar un sistema que invisibiliza.
Asistimos a una nueva longevidad que pretende no ser sabia ni serena y ello incomoda. Ya no implica retiro, nietos, jubilación, silencio. Es gente que sigue trabajando, deseando, opinando, ocupando un lugar. Una generación que tiene sexo, visibilidad, protagonismo, eso rompe el guión.
Sin embargo, creo necesario remarcar que no es igual para los hombres que para las mujeres, nosotras perdemos valor social más rápido. ¿El Flower Power cambió la grieta? Si, pero a los hombres los segregan por fecha de vencimiento, a las mujeres, el doble, por edad “agravada por el sexo”.
Hombres mayores: más grandes, más claros
No envejecemos igual, cotizamos distinto, la antigua división no desapareció del todo, se recicló, la mujer envejece, el hombre madura, es más, el hombre viejo con dinero puede resultar interesante, imaginen…
Hoy el discurso que celebra la diversidad tiene un límite silencioso: la edad. Podes ser quien quieras, siempre y cuando no envejezcas demasiado “ostentosamente”. Para ambos envejecer bien, implica haber sido rico a tiempo.
La trampa: durar, pero también parecer, la sociedad le impone un mandato distinto, puede aceptar la edad, pero sin que se note. Los años acumulados son espejo en el que nadie quiere verse, fenómeno relativamente nuevo que conlleva una industria floreciente que genera divisas directamente proporcionales a la cantidad de arrugas que deben ser borradas.
El envejecimiento, utilizado como una amenaza a solucionar, mueve en el mercado global de la belleza aproximadamente US$ 460 billones al año.
Pero algo está cambiando, la llamada generación silver (los más de 50) una franja etaria que integra una nueva forma de juventud con experiencia y solidez, han tomado conciencia de ser una nueva vanguardia que tiene en sus manos la responsabilidad de revertir y modificar estereotipos. Su alto nivel de productividad y consumo impactan en la llamada silver economy y se estima que en pocos años más representarán un número cercano al 30% de la población. ¡Bienvenidos!
Agotada, por no decir deslomada (palabra imposible de volver a utilizar seriamente) cerré libros, celular modo avión y salí a caminar.
Pocos pasos después recordé el no siempre obedecido consejo de mi hija Agustina: “Mamá agradecé”. Siempre agradecer; así que decidida enfilé hacia el bar que había propiciado mi fortuito encuentro con la sexy-macerada pareja de días atrás.
Pedí un macciatto con mucha espuma. La mesa era la misma, mi libro otro. Antes de comenzar a leer, sonó una voz familiar que me obligó a dar vuelta la cabeza.
- Yo lo que más quiero es que estes cómoda, que te sientas confiada, si preferís tu casa por mi esta todo bien. Tengo muchas ganas de…
El hombre era el mismo, ella no.
Ironías aparte terminemos con una posdata edificante. "La edad no te protege del amor. Pero el amor, hasta cierto punto, te protege de la edad”. Jeanne Moreau
* socióloga, actriz, streamer
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