OPINIóN
Análisis

Milei, el desprecio a los periodistas y Adorni como rehén

El Presidente se irritó con dos periodistas cercanos por las preguntas sobre el destino del jefe de Gabinete. El desprecio como combustible. Y la larga agonía de Adorni.

Javier Milei
Javier Milei | CEDOC

La defensa de Javier Milei a su jefe de Gabinete alcanzó niveles insospechados durante la entrevista telefónica que el Presidente ofreció desde los Estados Unidos a dos periodistas de televisión, la noche del miércoles. Milei se disgustó tanto por las preguntas sobre la situación de Manuel Adorni que desnudó un hasta ahora secreto desprecio por los dos periodistas, que de ser privilegiados con el acceso frecuente al Presidente y a sus principales ministros, a poco estuvieron de ser sumados a la casta que integran el 95% de los colegas que merecen la desaprobación presidencial.

Fueron numerosas las alusiones de Milei a la pobreza de conocimiento que, a su juicio, domina a los dos interrogadores en cuestiones vinculadas a la economía, el álgebra, las leyes divinas o a la genealogía de la moral, disciplinas que como se sabe, apasionan al Presidente y de las que se atribuye dominio único y absoluto. Asimismo, Milei les cuestionó, mediante el uso de alguna diagonal pretendidamente elegante, intentar ejercer una defensa corporativa del periodismo, que, en lo atinente al caso Adorni, es blanco excluyente por estos días de la ira del jefe de Estado.

A uno de los dos periodistas no le importó pedir disculpas por cierto atrevimiento en alguna de las preguntas, y más aún por haber interrumpido al Presidente durante el complejo desarrollo teórico de alguna de sus respuestas. Milei lo reconvino las veces que lo consideró necesario, y el periodista llegó a juntar las manos como en un gesto de ruego. El otro periodista, más entrenado, más pillo, mantuvo una sonrisa irónica a lo largo de todo el intercambio. Ambos no salían, sin embargo, de una sensación de desconcierto, tanto por el trato áspero al que los sometió el Presidente como por la ciega entrega con la que defendió la integridad de su jefe de Gabinete.

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La oposición convocó una sesión especial para interpelar a Adorni, pero UxP no firmó y el quórum es incierto

Poco después de terminado el diálogo, Presidencia distribuyó a través de canales habituales una transcripción de lo hablado. El texto ocupó 29 carillas. Los títulos destacaron el respaldo renovado que ofreció Milei a Adorni al término de una jornada de resquebrajamiento interno en torno a la continuidad del ministro coordinador. “Ni en pedo se va”, fue la frase de Milei, inclinado siempre a las metáforas.

Néstor Kirchner solía decir que para él, el mejor periodista es el fotógrafo, porque nunca pregunta

A Milei lo incomodó primero y lo irritó después el cuestionario de dos periodistas que le hicieron notar cuál era el costo que estaba pagando a raíz de su cerrada defensa de Manuel Adorni. En términos de caída de aprobación de su gestión, de su imagen, y al interior de su propio Gobierno. Rodearon el diálogo las declaraciones de Patricia Bullrich, quien había reclamado más temprano a Adorni la presentación “inmediata” de su declaración jurada de bienes. “Estirar esto es una agonía”, ilustró la senadora.

Milei aseguró que Adorni tiene previsto actualizar esa declaración antes del plazo fijado por ley. “Patricia lo espoileó a Manuel”, dijo, con lo que quiso dar a entender que Bullrich anticipó un movimiento que haría en breve Adorni. La frase de Milei podría ser entendida también en otro sentido si en realidad lo que dijo Milei fue: “Patricia lo espoleó a Manuel”. Le clavó las espuelas para que se mueva. Algo verosímil, hoy más que nunca, en Bullrich.

Pero detengámonos en una de las tantas emociones que motoriza Milei y que esta vez brotó del Presidente contra dos entrevistadores habitualmente cercanos (a Milei) por el hecho de ejercer su oficio.

Javier Milei dijo que Adorni presentará su declaración jurada antes del 31 de julio y lanzó: "Ni en pedo se va"

En El Desprecio, el sociólogo francés Francois Dubet analiza cómo ese sentimiento se ha convertido en una de las fuentes de energía de movimientos de todo signo (e igual “estilo”) que amenazan las democracias. Observa en particular a los populismos de derecha.

“El desprecio es uno de los combustibles del populismo, que procura oponer al pueblo contra sus enemigos: las castas, las élites, los poderosos y los medios”, dice Dubet. Pero advierte: “El populismo no es una versión renovada del conflicto de clases, porque es menos un vínculo social que una cadena de resentimientos”.

El libro de Dubet discrimina entre el desprecio y el agravio y encuentra lo que parece un alivio para los lectores de su país. “Siempre podemos consolarnos si comparamos a los dirigentes franceses, relativamente civilizados, con Trump, Bolsonario, Orbán o Milei, que convirtieron al insulto y la agresión en un argumento político de rutina, en nombre del desprecio del cual serían víctimas sus electores”.

Qué moviliza a Milei a sostener a Adorni es una incógnita a revelar

Milei se muestra convencido de que la situación de su jefe de Gabinete es producto de una conjura urdida por el despreciable 95% de los periodistas. De entre todas las hipótesis posibles del caso, la versión ligera podría afirmar que el Presidente simplemente no es capaz de levantar los ojos y ver. Una más inquietante diría que Adorni es dueño de secretos sobre los opacos hermanos Milei. Una última, más perversa y que contiene la anterior, podría afirmar que en su inacabable agonía en el poder, Adorni se ha convertido en rehén del Presidente.

DCQ