La pobreza educativa y cultural de las élites argentinas
“Los más ricos de Argentina se desempeñan educativamente peor que sus equivalentes privilegiados de Uruguay, Chile, Colombia, Perú y Brasil”, sostiene el autor. Y analiza la diferencia entre concurrir a la escuela y construir ciudadanos.
Vamos a centrarnos en este sector más rico. Si la educación de colegios caros argentinos ofrece un servicio tan deficiente, ¿por qué los privilegiados del país envían allí sus hijos para que se eduquen? La primera motivación sería que los otros son aún peores. “Malo, caro, pero el mejor” sería la respuesta parafraseando una publicidad de los televisores Grundig de hace cuarenta años atrás.
Sin embargo, habría otra razón más profunda. Sociológicamente los colegios de élite en los diferentes países tienen como finalidad formar la clase dirigente de cada uno. Esto supone que los colegios “caros” tienen una doble finalidad: la reproducción de dirigentes capaces para gobernar y administrar una sociedad, por un lado, y seleccionar o bloquear el ingreso de nuevos miembros, por otro.
En el alemán hay una diferencia clara entre el término Erziehung (la pronunciación sería “ertsíung”) y el término Bildung (“bíldung”). Erziehung se refiere a la educación formal, a la pedagogía que se utiliza para que un alumno aprenda algo en un tiempo definido. Bildung es lo que llamaríamos en la Argentina formación cultural. No tiene procesos definidos y apunta a la construcción de un ciudadano ilustrado.
La escuela tiene como foco prioritario la Erziehung y la Bildung como algo subsidiario. Esta podría estar en manos de la familia del alumno. El alumno aprende en la escuela lengua, matemática, historia, biología, geografía y subsidiariamente música o artes. También ocasionalmente las escuelas llevan a sus alumnos a museos o les muestran películas como apoyo cultural.
En la Argentina la Erziehung es muy mala. La Bildung es casi inexistente en las instituciones formales.
¿Por qué subsisten instituciones educativas caras que son tan malas? El objetivo es integrar y generar redes sociales particulares que conformarán una élite de poder, en términos del sociólogo Charles Wright Mills, una clase dirigente singular.
Esta élite de poder está muy mal educada hoy en la Argentina. Una élite tan cara en su conformación y con resultados pobres sólo es admisible en un país cerrado donde no hay generación de riqueza, sino que se construyen coaliciones de gestión cuya finalidad es extraer rentas desde posiciones de privilegio. Son agrupaciones donde los beneficios son para muy pocos y los costos se distribuyen hacia muchos afuera de este círculo, como diría el economista Mancur Olson. El propósito no pasa por generar bienestar para todos, sino enriquecer a muy pocos sin importarle el conjunto.
Las élites argentinas son por tanto malamente educadas y al mismo tiempo muy poco ilustradas. La cultura vale cada vez menos socialmente. Son pocas las familias de altos ingresos que apuestan por la Bildung, por la cultura. Las pantallas desplazaron a las bibliotecas. Algunas, pocas, reconocen los problemas y dan apoyo escolar incluso para completar la Erziehung deficiente. Integrar las redes de poder (política, empresas, asociaciones intermedias) requiere cada vez menos de una formación dura y menos aún de cultura general. Aquello que es apreciado es generar monopolios rentísticos.
Esto funciona aceptablemente en una sociedad cerrada, no integrada y menos aún competitiva en el mundo. El problema asoma ahora en la Argentina donde el modelo de una sociedad cerrada está llegando a su fin debido a una agonía larga que desembocó en un estancamiento económico sin rebote.
El sistema inflacionario, no competitivo, no productivo y donde la innovación está en nichos da síntomas de agotamiento. Este modelo alentó el reemplazo de “M’hijo el doctor” por “M’hijo el chef” o “M’hija la botinera”. El country como aldea aspiracional. El pasaje a la universidad es cada vez más esquivo, aún entre los ricos.
El drama de la educación se declama, pero son pocos quienes asumen esto como parte de su vida cotidiana e intentar revertirlo. Aún los sectores positivamente situados de la Argentina creen que la miran de afuera. Y un problema grave está precisamente allí. Por ahora, sin una solución a la vista.
*Dr. en Sociología (UCA), docente en grado y posgrado en UCA y UNTREF
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