opinión

¿Por qué no baja la inflación en Argentina?

Foto: G.P.

El gobierno de Javier Milei ha construido un sinfín de relatos, y la sociedad le ha creído, hasta ahora. Hace algunos meses el Presidente dijo: “La inflación empezará con cero en agosto de este año”. Sin embargo, pese al éxito inicial aparente, los precios no pueden perforar la barrera del intervalo comprendido entre 2% y el 3% mensual de forma permanente y, menos, bajar un digito anual como nuestros vecinos latinoamericanos. Como en gobiernos anteriores y con un enfoque psicopático clásico, el Gobierno ha intentado mostrar el futuro como esperanzador, pidiendo paciencia, cuando en realidad poco o nada ha cambiado de forma permanente y sostenible. Se suele hablar del rumbo como argumento positivo; sin embargo, creo que debemos preguntarnos: ¿de qué rumbo hablamos? Nuestra política internacional ha perdido independencia y no existe una estrategia comercial clara más allá de la incondicionalidad con los Estados Unidos. La historia ha demostrado que cuando nos colocamos en los extremos, la probabilidad de permanecer en ellos disminuye en cada acto de gobierno. Y mejor no hablemos de la corrupción.

Quienes conocemos las dinámicas de los procesos inflacionarios entendemos que el diseño de un plan de estabilización es una tarea seria y comprometida, que el Gobierno no ha asumido hasta la fecha. Lo que para la gente común puede parecer un logro podría ser una trampa. El presidente Milei logró instalar que en diciembre de 2023 íbamos camino hacia una hiperinflación. La realidad es más compleja y llama la atención que de haberse producido dicha hiperinflación se hubiera realizado con un dólar abaratándose. Una curiosidad, no menor, no observada en la literatura de hiperinflaciones. ¿Qué hay detrás de estas afirmaciones grandilocuentes del Presidente? La verdad es que solo hay mentiras, no sustentadas por la teoría, al menos la escrita hasta la fecha. Esto nos pone en un dilema. O Javier Milei está en la frontera de la ciencia y es un genio incomprendido o simplemente es un prestidigitador de la realidad que sabe cuándo mentir para que parte de la sociedad le crea. Me inclino por la segunda… Vamos a lo nuestro. La inflación en Argentina está lejos de converger a la observada en los países de la región. En Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil entre otros, descontando Venezuela, la inflación no es una preocupación. En Argentina, lo sigue siendo, más allá del humo vendido por el Presidente y su ministro de Economía, que nos quiere “c… a patadas a todos”. Hasta el momento, y siguiendo el propio relato del ministro de Economía, ha habido tres intentos estabilizadores llamados fases. Hoy estaríamos en la fase 3, la menos exitosa. La literatura de planes de estabilización es muy enfática. Salir de regímenes de alta inflación es relativamente fácil. Hacer que la inflación baje permanentemente no lo es. Principalmente cuando los intentos estabilizadores están mal diseñados. Este, sin dudas, es el caso de los tres experimentos realizados. El rol de las expectativas y de la construcción de credibilidad resulta crucial cuando dichos intentos dejan de lado las cuestiones estructurales que permitirían que la inflación baje permanentemente. Esa discusión hoy no existe en Argentina. La prueba más acabada de esto es que la durabilidad de las fases, fruto de la pérdida de credibilidad del Gobierno y de la falta de reputación del Banco Central, es cada vez más corta. 

Repasemos rápidamente cada uno de los intentos estabilizadores. La primera fase fue iniciada por una profunda licuación de ingresos a través de una brutal devaluación, el mantenimiento del cepo, la emisión de deuda con demanda cautiva por el control de capitales y por una agresiva tasa de interés que permitió altas rentabilidades en dólares. En materia cambiaria se estableció una tasa de devaluación del 2% mensual y un control sobre algunos agregados monetarios. Esto último fue lo que funcionó como ancla de precios permitiendo una desaceleración de la tasa de inflación con el costo de apreciar la moneda doméstica. El logro fue desacelerar la inflación en forma temporal por 14 meses. Sin embargo, la lenta convergencia de los precios, por debajo de la tasa de devaluación, determinó que el programa llegara a su fin en marzo de 2025, cuando la inflación trepo al 3,7% mensual. Pidiendo un EEF (Programa de Facilidades Extendidas) al FMI que se hizo efectivo en abril.

La segunda fase comenzó con la liberación parcial del cepo para los flujos, manteniéndose para los stocks. Dicha medida solo se realizó por una circular del Banco Central perdiendo la posibilidad de sumar reputación mediante un proyecto de ley. Por otro lado, se trasladó la deuda del BCRA al Tesoro. Una medida poco feliz dado que no modificó el status del Central como garante de la liquidez, consolidando el esquema de dominancia fiscal que nunca se fue. En esta fase el ancla dejó de ser la cantidad de dinero para transformarse en un programa de estabilización clásico basado en ancla cambiaria (sin reservas). Sin dudas, un disparo en el pie que, de no ser por el rescate del Tesoro de Estados Unidos, hubiera explotado antes de las elecciones.

En este caso, el logro fue más modesto. Al haberse acercado a la tasa de inflación de estado estacionario típica de Argentina (la inflación promedio de Cristina, Macri), este débil programa no pudo comportarse como un driver adecuado para la desinflación. Prueba de ello es que se quedó sin combustible cuando se procedió al desarme final de las letras fiscales de liquidez en julio de 2025. La tercera fase, que he decidido llamarla la inexistencia de plan de estabilización, estuvo caracterizada por un sistema monetario híbrido. En teoría, operan bandas cambiarias. El sistema funciona de la siguiente manera: en el límite superior, como un esquema de tipo de cambio fijo (sin reservas) y, entre bandas, como un sistema de tipo de cambio flexible (ancla monetaria). Esta estrategia dual determina la pérdida del ancla de precios, más en un contexto en el que el dinero contingente determinado por la suma de la oferta monetaria y el stock de títulos del Tesoro que respaldan la liquidez frente a una crisis sistémica no se ha modificado. Y genera un déficit fiscal oculto que sin mercado de capitales será financiado con emisión futura o default.

Por otro lado, el hecho de que la tasa de devaluación de las bandas esté determinada por la inflación pasada genera un elemento inercial sobre la formación de expectativas, retroalimentando el proceso de inercia inflacionaria. La obsesión del Gobierno de mantener al tipo de cambio nominal en la parte baja de la banda introduce expectativas de devaluación futura por el atraso cambiario que ello genera. En pocas palabras, estamos librados a la buena de Dios con un programa de estabilización que solo prioriza la renovación de deuda para evitar que el sistema colapse. El Presidente y la jauría de fanáticos que lo secundan suelen decir que la inflación es un fenómeno monetario. Es cierto, lo es, pero ellos parecen no entender cómo funciona realmente. La inflación es un fenómeno monetario intertemporal. El dinero no emitido hoy, en ausencia de financiamiento de largo plazo, es dinero mañana, y eso resulta crucial para que los mercados adelanten la inflación futura antes de que todo se desplome. El Gobierno nos ha metido en una trampa. Una trampa donde la fallida estabilización ha tenido costos reales muy altos. La economía real demandante de empleo agoniza y los productores de servicios no hacen más que quemar capital para mantenerse a flote. Deberíamos preguntarnos por qué el Gobierno nunca ha introducido en la discusión temas como la independencia del Central, un programa fiscal sostenible (no licuar jubilaciones y cortar inversión en infraestructura, salud y educación), una reforma bancaria o un programa serio de renovación de deuda a largo plazo. Particularmente a mí, me queda claro que priman la improvisación y la ignorancia de quienes nos gobiernan. En ese caldo siempre aparecen los oportunistas que obtienen ventajas sobre los padecimientos de la mayor parte de la gente común.

* Profesor titular de economía internacional monetaria en la Ucema. Estos puntos de vista son personales, no representan la posición de la universidad.