Recientemente, recordamos el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Comentarios de algunos políticos, funcionarios y militares, entre otros, me inducen a realizar algunas apreciaciones sobre la única guerra librada por nuestro país en el siglo XX.
*“La Cuestión Malvinas es una causa nacional, un sentimiento, contenido en la Constitución Nacional de 1994. Las islas Malvinas,Georgias de Sur y Sándwich del Sur, y los espacios marítimos e insulares correspondientes, son incuestionablemente argentinos desde el punto de vista histórico, geográfico y jurídico”.En 1965, lo expresó la Resolución 2065 (XX) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que instó al Reino Unido (RU) y a la Argentina a la negociación sobre la soberanía, y se basó en el alegato del doctor José María Ruda de diciembre de 1964, ante el Comité Especial de Descolonización de la citada organización.
Ello fue una verdadera piedra angular y proeza diplomática argentina. La forma de recuperarlas no es la violencia, de cualquier tipo, y mucho menos la guerra, sino la vía diplomática, con la imprescindible coherencia entre las principales fuerzas políticas.
*El intento de recuperar Malvinas por la fuerza fue un error de apreciación política, diplomática y militar, de la incompetente dictadura cívico-militar constituida por el general Leopoldo Galtieri, el almirante Jorge Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo; nunca constituyó una hipótesis de conflicto, y mucho menos de guerra. No obstante, la recuperación efectuada el 2 de abril de 1982 (Operación Rosario) fue un éxito y contó con gran participación de la Armada. El objetivo se cumplió con eficiencia y rapidez, sin ocasionar bajas británicas ni daños a los isleños. La pequeña guarnición opuso toda la resistencia posible y se rindió. El secreto exigido a la ocupación nos sorprendió más a los argentinos, incluidos los militares, que a los ingleses. Y en el Ejército los altos mandos interpretaron lo expresado como un mérito. Teníamos capacidad para ocupar pero no mantener las islas ante la previsible reacción británica.
*Algunas fuentes atribuyen responsabilidad primaria al almirante Anaya, influenciado por un proyecto del almirante retirado Emilio Massera, quien en enero de 1982 expresó: “En estos momentos estamos en óptimas condiciones: nos gobiernan las Fuerzas Armadas, tenemos un presidente (Galtieri) con empuje y una gran capacidad de decisión, y contamos con un canciller de lujo (Costa Méndez). Si además de haber ganado la guerra contra el terrorismo se recuperan las Malvinas, el Proceso de Reorganización Nacional (PRN) quedará signado por estos hechos (…) En cuanto al frente interno, la ciudadanía se sentiría tonificada (…) La Argentina recuperaría las islas ocupándolas. Las Malvinas son previas al Beagle (Lezama, Hugo, Convicción, 27 de enero de 1982). En el mismo mes, Costa Méndez, en un conocido círculo (no militar) dijo: “Soy el canciller que va a recuperar las Malvinas”.
*La incapacidad política y diplomática se basó en dos hipótesis (supuestos). El primero: que ante una toma de las islas el RU no reaccionaría, aceptaría el hecho consumado y negociaría una solución sobre nuestra soberanía. El segundo: que los Estados Unidos(EE.UU.) apoyarían a la Argentina o adoptarían una posición neutral. Desconocimiento total de la historia de esos países, del contexto geopolítico de la Guerra Fría, del estado de las propias fuerzas y de elementales concepciones estratégicas.
*Londres y Washington no fueron sorprendidos. La primera ministra Margaret Thatcher aprovechó el conflicto y nunca descartó el empleo de la fuerza para superar su alicaído liderazgo. En pocos días movilizó la Task Force (fuerza expedicionaria) más importante desde la Segunda Guerra Mundial: más de cien buques (2 portaaviones, 4 submarinos nucleares) y alrededor de 28 mil hombres. Alrededor del 24 de abril el cerco aeronaval en las islas era totalmente británico. Fue determinante la autorización de los EE.UU., el 4 de abril, de la isla Ascensión para los británicos.
*Se obvió realizar una apreciación de situación completa sobre la reacción británica, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), del Consejo de Seguridad de la ONU, de la entonces Comunidad Económica Europea, de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. El gobierno estaba seriamente desprestigiado internacionalmente por la violación de los derechos humanos, los EE.UU. nos habían embargado e impedido comprar armamento, no teníamos buena relación con los Países No Alineados, el conflicto con Chile estaba vigente y soportábamos una grave crisis económica y política.
*La Junta Militar y la Cancillería no valoraron que acatar la Resolución 502 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 3 de abril, que disponía el retiro de las fuerzas militares, no era una decisión negativa y se podían reemplazar con reducidos efectivos de Gendarmería Nacional y Prefectura Naval. Se había logrado llamar la atención internacional y podría negociarse tratando de optimizar réditos. Continuando con la ocupación se nos consideraría agresores, como en realidad ocurrió.
*El 5 de abril, Costa Méndez, en Washington, expresó: “La actitud argentina fue un acto independiente de política exterior de una potencia media y que estaba convencida de la posibilidad y eficacia de la mediación de los EE.UU. Claro desconocimiento de que el pseudomediador estadounidense, el secretario de Estado Alexander Haig –reconocido europeísta– y el presidente Ronald Reagan ya habían tomado partido por elRU, en complaciente actitud para con lo deseado por la señora Thatcher.
*El 7 de abril, el general Mario B. Menéndez asumió como gobernador de las islas. Grave error, hubiera sido mejor designar a un civil, pues además abandonábamos la idea de ocupar para negociar mejor. Menéndez juró “por los Santos Evangelios y el Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional (PRN); cambalache puro. Entre otros, asistieron: Deolindo Bittel (peronista), Carlos Contín (UCR), Jorge A. Ramos (FIP), Julio Amoedo (Conservador Popular), los sindicalistas Saúl Ubaldini y Jorge Triacca, sectores empresariales y el general retirado Jorge Videla. Presidió la ceremonia el ministro del Interior del gobierno, general Alfredo Saint-Jean. Ninguno apreció que, de tener éxito la recuperación militar, el objetivo era prolongar el PRN. La crisis continuó todo el mes de abril con la presencia irreversible de fuerzas británicas en el Atlántico sur. En la práctica estábamos solos ante el mundo, se pasó del “ocupar para negociar” al “reforzar e ir a la guerra”. Militares desoyeron a Napoleón, que dijo: “Un general no debe apresurarse a apreciar una situación como favorable; es lo peor que puede hacer”. Y lo hicieron. La guerra –que será objeto de posteriores artículos– tuvo dos fases: la primera, totalmente aeronaval (1°/20 de mayo); y la segunda, predominantemente terrestre(21 de mayo/14 de junio de 1982).
*Exjefe del Ejército Argentino.
Veterano de la Guerra de Malvinas. Exembajador en Colombia y Costa Rica.