Opinión pública

Encuesta: el 41,2% de quienes no tienen religión cree que la Argentina no mejorará

Una encuesta nacional del CEIL-CONICET revela que la adscripción religiosa marca diferencias profundas en cómo los argentinos votan, evalúan al gobierno y procesan la incertidumbre económica.

LA IGLESIA Y EL LÍMITE FILOSÓFICO A MILEI Foto: Net Tv

El estudio publicado en conjunto entre el Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL-CONICET y la consultora Management & Fit, combina por primera vez la identidad religiosa con las herramientas clásicas de la opinión pública como aprobación presidencial, imagen de dirigentes, expectativas económicas y emociones colectivas.

El catolicismo sigue siendo la identidad religiosa dominante, aunque con una mayoría que se va achicando. Según el sondeo, el 58,9% de la población se identifica con esa fe, seguida por quienes no tienen ninguna religión (21,4%) y los evangélicos (11,7%). El resto se distribuye entre judaísmo (0,8%), islam (0,4%), mormones y Testigos de Jehová (0,7%) y otras religiones (2,4%).

La geografía marca diferencias claras. La Ciudad de Buenos Aires concentra la mayor proporción de católicos (67,1%), mientras que en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba el porcentaje de personas sin religión trepa al 24,6% y 24,8% respectivamente.

Pero el dato más llamativo es el generacional. Entre los jóvenes de 16 a 34 años, el catolicismo ya no es la opción mayoritaria, solo el 46,6% se identifica con esa fe, mientras que el 29,4% no adhiere a ninguna religión. En el otro extremo, entre los mayores de 55 años, el 73% sigue siendo católico. La brecha entre generaciones anticipa transformaciones profundas en el mapa religioso del país.

La clase social también pesa, la identificación evangélica es notablemente más alta en los sectores de menores ingresos y menor nivel educativo (21,5% en el nivel socioeconómico bajo frente al 6,9% en el alto), mientras que el catolicismo crece en los estratos más acomodados y educados. Esta segmentación socioeconómica no es un dato menor a la hora de interpretar las preferencias políticas de cada grupo.

Votantes según religión

Las elecciones de 2023 mostraron perfiles electorales diferenciados según la fe declarada de los votantes.

En las elecciones generales de octubre, Javier Milei obtuvo su mayor caudal entre los evangélicos (30,9%), mientras que Patricia Bullrich tuvo mejor desempeño entre los católicos (26,7% contra un 18% entre los evangélicos). Sergio Massa fue, en cambio, el candidato más votado entre las personas sin religión (31,3%), aunque también lideró en términos absolutos entre los católicos.

En el balotaje de noviembre, los evangélicos fueron el grupo con menor apoyo a Massa (26,4% contra un 36,3% del total nacional) y los mayores niveles de voto en blanco (8,1%) y abstención (9,5%). Las personas sin religión registraron el mayor apoyo a Massa (39,2%), aunque también altos niveles de no participación.

En las legislativas de octubre de 2025, los católicos fueron quienes más respaldaron a la alianza La Libertad Avanza/PRO (39,2%, frente al 36,5% del total), mientras que entre los sin religión ese porcentaje baja al 31,6% y crece el voto a la izquierda (7,6%).

La aprobación de la gestión de Javier Milei sigue esa misma lógica. Mientras el promedio nacional de aprobación ronda el 37,9%, entre los católicos trepa al 40,3% y entre los evangélicos al 41,1%. Las personas sin religión son las más críticas, solo el 31,9% aprueba la gestión y el 62,6% la desaprueba, la cifra más alta de todos los grupos.

Esta distancia se replica en la imagen de los dirigentes oficialistas. Milei obtiene su mejor valoración entre los evangélicos (39,7% positiva) y entre los católicos (32%), mientras que entre los sin religión esa imagen positiva cae al 27,9% y la negativa sube al 59,2%. Lo mismo ocurre con Patricia Bullrich 40,1% de imagen positiva entre católicos, contra 28,2% entre los sin religión.

Los dirigentes peronistas, en cambio, no muestran grandes variaciones según religión. Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa rondan el 30% de imagen positiva en todos los grupos, con diferencias menores entre sí. Una homogeneidad que contrasta con la fuerte segmentación que aparece en torno a los referentes del oficialismo.

Las figuras más polarizadas son Myriam Bregman y Dante Gebel. La diputada del Frente de Izquierda tiene su mejor desempeño entre los sin religión (34,7% positiva) y su peor entre los católicos (23,6%). Gebel, el popular pastor evangélico, concentra su apoyo casi exclusivamente en su comunidad de fe (27% positiva entre los evangélicos) y es prácticamente desconocido o rechazado en el resto.

La religión como recurso frente a la incertidumbre

Uno de los principales hallazgos del estudio no está en los votos sino en los sentimientos. Aunque todos los grupos coinciden en que la situación económica y social es negativa, la manera de procesar esa adversidad varía radicalmente según la fe.

Entre los católicos y los evangélicos, la esperanza comparte protagonismo con la preocupación y la tristeza. Entre los sin religión, en cambio, el enojo y el pesimismo predominan con mayor intensidad.

Ese patrón se reproduce en las expectativas. Frente a la pregunta de cómo estará el país dentro de un año, los creyentes muestran mayor optimismo que los no creyentes. Y ante la consulta sobre cuándo podría mejorar la situación económica, alrededor de una de cada cinco personas católicas o evangélicas estima que podría ocurrir en menos de un año, mientras que entre los sin religión esa expectativa es menor y la respuesta "no va a mejorar" aparece con más frecuencia (41,2% frente al 39,1% de los católicos).

Además, se evidencian diferencias en la confianza institucional. Aunque en todos los grupos predomina la desconfianza hacia el gobierno de Milei, esta es notablemente más intensa entre los sin religión, mientras que los evangélicos son los que expresan mayor confianza en la gestión presidencial.

Ante el escándalo por las acusaciones de enriquecimiento ilícito contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni, seis de cada diez argentinos consideran que debería renunciar. Entre los evangélicos, esa proporción baja, y son el único grupo donde crece la opción de que Adorni debería continuar en su cargo.

De todos modos, las diferencias no pueden atribuirse directamente a la religión. Los grupos religiosos están atravesados por variables de clase, territorio y generación que también inciden en las actitudes políticas.

Sin embargo, el estudio identifica una dimensión donde la religión parece tener un peso relativamente autónomo, la construcción de esperanza frente a la adversidad. “Quienes creen no solo creen en Dios: también parecen creer más en la posibilidad de que el país mejore”.

Las religiones en auge en la era Milei: evangelismo, New Age y la pérdida de lugar del catolicismo

"Las creencias religiosas parecen funcionar como un recurso simbólico que contribuye a sostener expectativas positivas incluso cuando las condiciones materiales son adversas", señala el informe. Sumado a eso, la expansión de la población sin religión, especialmente entre los jóvenes, podría traer no solo cambios en las formas de creer, sino también en los modos de experimentar la confianza, la esperanza y la relación con el porvenir político del país.

El sondeo fue realizado por Management & Fit entre el 11 y el 22 de mayo de 2026 mediante metodología presencial, online y telefónica (CATI). La muestra de 2.600 casos efectivos fue ponderada a 2.200 para el análisis nacional, con cuotas de sexo, edad y nivel educativo según el Censo 2022. El margen de error es de +/- 2,1% para un nivel de confianza del 95%.

RG/AF