Encuesta en América Latina: Javier Milei entre los presidentes con peor imagen de la región
Un relevamiento de CB Global Data midió la aprobación de 18 mandatarios latinoamericanos. Claudia Sheinbaum, Nayib Bukele y Luis Abinader lideran el ranking, mientras que Javier Milei, Delcy Rodríguez y José Balcázar ocupan los últimos puestos.
La consultora CB Global Data publicó el nuevo ranking de presidentes de América Latina de mayo de 2026. Javier Milei, junto a la venezolana Delcy Rodríguez y el peruano José Balcázar son quienes cierran la lista, ubicándose entre los peor valorados de la región.
A diferencia de lo esperado, la orientación política no conformó un determinante en los resultados. El podio está encabezado por Claudia Sheinbaum (67,8%), presidenta de México, que asumió el cargo en 2024 en continuidad de Andrés Manuel López Obrador. La siguen Nayib Bukele, de El Salvador, con una aprobación de 67,5%, y Luis Abinader (60,2%), presidente de República Dominicana.
Los tres gobiernos recolectan un gran nivel de aprobación, superando ampliamente el promedio regional.
Obtienen respaldo de sus respectivas sociedades por logros visibles de gestión, tales como Bukele enfrentándose a las pandillas o Sheinbaum efectivizando programas sociales. A eso se suma la conquista de la estabilidad económica, muy valorada en la región.
En el caso de República Dominicana, la estabilización económica y social a la que llegó el presidente es uno de sus activos más importantes. Teniendo en cuenta la cercanía con Haití, el paralelismo dentro de la sociedad resulta inevitable. En ese sentido, Abinader pudo encauzar un peligro latente.
En el otro extremo aparecen Javier Milei, con solo un 34,8% de aprobación, Venezuela, con Delcy Rodríguez a la cabeza (24,1%), y José M. Balcázar, de Perú, con 20,5%.
Entre ellos, la tendencia es contraria. En general, las situaciones económicas de cada país son las que marcan la baja aprobación. Los tres enfrentan hiperinflación o recesión severa —como en Venezuela y Argentina—, inestabilidad política —como en Perú con los interinatos— y malestar social masivo, erosionando la legitimidad pese a las promesas iniciales.
En comunicación con PERFIL, Cristian Buttié, director de CB Consultora, señaló que las “crisis heredadas influyen positivamente para marcar un contraste, como en Argentina”. “La baja de la inflación le significó a Milei un activo para que su imagen crezca”, agregó.
Sin embargo, todo se agota. Siguiendo con el caso de Argentina, el desgaste del programa económico, sus consecuencias y la sumatoria de escándalos políticos derivaron en que la imagen de Javier Milei entre en un período de baja.
En otros casos, como el de Sheinbaum o Abinader, la capitalización de las políticas de inclusión en México o las de estabilidad económica en República Dominicana fue positiva y aún no enfrentaron grandes disturbios.
Encuesta: el dato que inquieta al peronismo en un escenario electoral con ventaja para Javier Milei
El medio lo ocupan gobiernos con aprobaciones estables pero divididas. Muestran apoyo moderado sin picos ni caídas drásticas. Daniel Ortega (Nicaragua) destaca con 48,5% pese a las críticas internacionales por autoritarismo. Lo sigue Santiago Peña (Paraguay) con un 46,6% de aprobación. Yamandú Orsi, de Uruguay, reúne un 40,3%, mientras que José Antonio Kast, de Chile, lo supera con 43,4%.
La tendencia aquí muestra gobiernos polarizados con resultados mixtos. Enfrentan sociedades divididas, con logros en estabilidad económica —como Uruguay y Paraguay— u orden público, como Chile y Nicaragua, aunque también con críticas por políticas conservadoras o restricciones a las libertades.
“Es parte de una dinámica dicotómica que tienen esos países. A Ortega o lo apoyás o te oponés rotundamente”, explicó Buttié.
Se trata, además, de nuevos mandatos —como los de Orsi desde 2025 y Kast en 2026— que mantienen equilibrios frágiles, con desaprobaciones altas que, si bien reflejan una oposición fuerte, no significan un rechazo mayoritario.
En el caso de Kast, aunque logró una buena elección presidencial, rápidamente cayó su imagen por promesas incumplidas que desgastaron su gestión.
En cuanto a la variación de la imagen positiva respecto de mediciones anteriores, Daniel Noboa, de Ecuador, presenta el mayor crecimiento, con una suba de +3,7%. Por el otro lado, Delcy Rodríguez muestra la mayor caída, con una disminución de 3,4 puntos porcentuales.
El patrón regional ¿giro a la derecha o agotamiento de la izquierda?
Latinoamérica no se encuentra bajo una tendencia clara respecto de la orientación ideológica de sus dirigentes. En una lista formada por 18 representantes, nueve pertenecen a partidos de derecha o centroderecha y los nueve restantes a espacios de izquierda o centroizquierda.
De todos modos, se percibe un desplazamiento hacia la centroderecha, más marcado que en años anteriores, ligado al desgaste de las referencias de principios de los 2000 asociadas a la idea de la “Patria Grande”.
Como señala Buttié, esto se ve en Colombia, donde un candidato de ultraderecha aparece entre los favoritos, y también en Brasil, donde incluso con una gestión relativamente aceptada por la sociedad, Luiz Inácio Lula da Silva corre el riesgo de perder en una posible segunda vuelta.
Además, estas derechas llegan con un tono más pragmático que antes. Aunque mantienen su carga ideológica, priorizan soluciones prácticas y mensajes menos doctrinarios.
Un dato clave en este contexto son las redes sociales. A diferencia de otros momentos, las personas están constantemente expuestas a plataformas digitales, donde se crean mensajes que alteran la percepción de la política. “No solamente domina el bolsillo o la economía, pero tampoco es lo que pasa en el mundo digital como única verdad”, reflexionó el director de CB.
En ese escenario, el impacto de las redes sociales y la llamada posverdad se volvió un factor imposible de separar de la construcción de imagen política en América Latina. La velocidad con la que circula la información, sumada a la lógica algorítmica que prioriza el conflicto, la emocionalidad y la polarización, hace que cualquier crisis política o escándalo mediático pueda amplificarse en cuestión de horas y afectar directamente la percepción pública de un presidente.
En la región, episodios vinculados a Gabriel Boric durante el proceso constitucional chileno o las controversias digitales alrededor de Gustavo Petro mostraron cómo las discusiones en redes pueden trasladarse rápidamente al clima político y repercutir sobre la imagen de los mandatarios. Algo similar ocurrió en Brasil con Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro, donde la disputa digital se convirtió en una extensión permanente de la polarización política.
Sin embargo, el fenómeno también puede resultar favorable para determinados dirigentes. Las redes permitieron construir liderazgos políticos por fuera de los canales tradicionales y conectar de manera directa con sectores específicos de la sociedad.
El caso de Javier Milei aparece como uno de los ejemplos más claros. Su crecimiento político estuvo acompañado por una estrategia digital agresiva, con fuerte presencia en TikTok, YouTube y X, donde logró instalar consignas, amplificar discursos y consolidar una identidad política que luego se trasladó al terreno electoral. En ese sentido, el ecosistema digital dejó de ser solamente un espacio de comunicación para convertirse en un actor central en la disputa por el poder y la construcción de legitimidad política.
El estudio fue realizado en cada uno de los países a 40.459 personas mayores de 18 años entre el 5 y el 9 de mayo. El margen de error ronda entre +/- 1,9% y 2,2%.
RG
LT