La difícil victoria de Milei: ganó en el Congreso, pero perdió en las redes
El Gobierno logró reunir los votos para aprobar en el Congreso una versión recortada de su proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, después de retirar algunos de sus capítulos centrales. Pero la negociación parlamentaria tuvo un costo que excedió el recinto: la oposición consiguió imponer en las redes el marco de la discusión, desplazando el eje desde la defensa de la propiedad hacia la extranjerización de tierras, la soberanía y la protesta.
Lo descubrió Javier Milei cuando intentó aprobar su propia versión de la Ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”. Perder también es difícil en política; no porque requiera esfuerzo, sino porque trae cola. Perder duele. Son dos caras distintas de la palabra “difícil”: una cuenta el costo de obtener un buen resultado; la otra advierte que un mal resultado trae consecuencias afectivas, económicas, políticas o de otro orden.
Estas dos formas de “lo difícil” las experimentó el gobierno libertario en un mismo día. Ganar la aprobación de su proyecto de ley en el Congreso fue difícil. Para aprobarlo en los papeles, tuvo que ceder gran parte del contenido que buscaba imponer. Además, aprobar una cáscara de su proyecto de ley significó perder en la calle y en las redes. Es decir: fue difícil aprobar el proyecto y, para lograrlo, tuvo que hacer concesiones que vaciaron los aspectos principales de su programa político. En otras palabras, juntaron los votos, pero no para aprobar la ley que el Gobierno quería. Más costoso todavía fue el resultado en la opinión pública: el Gobierno sufrió un desgaste poco habitual para su experiencia reciente.Perder, para el Gobierno, fue difícil. El pico de la conversación digital sobre la ley no llegó con la votación. Llegó el 5 de agosto a las 15, cuando trascendió que el oficialismo retiraba el capítulo de extranjerización de tierras. Ese momento –la concesión, no el conflicto– fue la hora de mayor volumen de toda la semana: 1.050 tuits en sesenta minutos, más que cualquier hora de la sesión, de los gases o del voto. El costo de la negociación en el Congreso no pasó inadvertido: la conversación registró la retirada al instante, y esa lectura hizo aún más cuesta arriba la discusión digital. La derrota parlamentaria parcial se convirtió, en las redes, en derrota a secas.¿Y quién ganó esa conversación? El peronismo y la oposición aportaron el 37,4% de todos los tuits, casi tanto como las tres comunidades restantes juntas. El marco dominante fue el que la oposición instaló: no la “inviolabilidad de la propiedad” del texto oficial, sino la tierra, la soberanía, la patria que no se vende. Hasta figuras del espectáculo y del deporte entraron por esa puerta y la agrandaron: apenas el 2,7% de los tuits mencionó celebridades, pero ese puñado concentró el 18,2% de todas las visualizaciones. El Gobierno no perdió solamente un capítulo de su ley. Perdió el nombre de la discusión.
Pero, como dijimos, ganar en política es difícil, y lo es también en las redes. En un informe reciente publicado en el sitio Inteligencia Analítica analizamos casi cinco mil respuestas cruzadas entre comunidades para medir quién le contesta a quién. La tabla resume el resultado, con una advertencia: como el peronismo es el espacio más grande de la conversación, recibir muchas respuestas no significa necesariamente ser buscado —a un blanco grande se le acierta hasta sin apuntar. Por eso cada celda indica, además del porcentaje, si el número está por encima o por debajo de lo que el tamaño de cada comunidad explicaría por sí solo.Leída así, la tabla cuenta tres historias. El peronismo destina la mitad de sus respuestas a su propio espacio político, pero es la única comunidad que sale a buscar al adversario: le responde a los libertarios una vez y media más de lo esperado. Los libertarios, que suelen imaginarse como un ejército digital en ofensiva permanente, muestran lo contrario: ese 43% hacia el peronismo parece confrontación, pero en buena medida refleja el tamaño del rival. Descontado ese efecto, le responden menos de lo esperable, y a quien buscan de verdad es a sí mismos. El PRO protagoniza la celda más llamativa de la tabla: le responde al peronismo un tercio de lo que el azar predice y concentra su energía en discutir con los libertarios. No por afinidad: en la muestra que codificamos, sus tuits se ubicaron tres a uno en contra del proyecto. Discutía con su propio socio de coalición. El resultado fue el peor de los mundos: produjo casi una quinta parte de los tuits y recibió menos de una décima parte de las visualizaciones —34 me gusta por tuit del PRO contra 164 por tuit libertario. Habló mucho; lo leyeron poco. Su caso es la versión digital de perder una final: no le faltó esfuerzo, le faltó público.
Ahí está la segunda dificultad, la que las métricas de “volumen” esconden. En las redes no alcanza con producir: hay que ser recibido. Y la recepción no se reparte por mérito ni por cantidad publicada, sino por la arquitectura de las comunidades, que deciden qué circula y qué muere en la pantalla de los ya convencidos. El peronismo ganó la conversación en el sentido en que se puede ganar una conversación: puso el tema, puso el marco, puso el volumen. Pero ese triunfo circuló mayormente dentro de su propia red. Ganar la conversación no es lo mismo que conversar con el otro —y esa segunda victoria no la obtuvo nadie.
Las plataformas también reparten los premios a su manera. En X se discutió la ley: explicar qué decía el proyecto, qué se retiraba, qué implicaba la media sanción. En Facebook, en cambio, la conversación se ordenó alrededor de la represión. Y no solo cambió el tema: también cambió el sentido. Mientras en X predominó la denuncia opositora, en los comentarios de Facebook el operativo policial tendió a ser leído como una forma de restablecer el orden. En el mismo país y en la misma semana hubo, por eso, dos conversaciones que no se tocaron.
Con todas sus diferencias, fue una semana difícil para el Gobierno: aprendió cuáles eran los límites institucionales que enfrentaba en el Congreso y tuvo que explicarle a su gente que no siempre, cuando se gana, se gana. En la oposición, en cambio, festejaron. Ellos ya sabían que no siempre que se pierde… se pierde; por eso tuvieron mucho para celebrar.
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