Costantini, en los 25 años del Malba, presentó cómo será el museo bajo tierra
Con una gala donde las mesas se pagaron de veinte mil a sesenta mil dólares. Eduardo Costantini celebró los veinticinco años del Malba. También sus 80 años y exhibió cómo es el proyecto que ampliará las dimensiones del museo haciendo uso de la plaza colidante que, en la fiesta, informó ya le fue cedida en su totalidad por el gobierno porteño. Una arquitecta mexicana hará la obra.
“Quiero agradecer especialmente a mi esposa Elina que me ha acompañado y me acompaña incluso en estas decisiones importantes que les acabo de comunicar, y porque además trabajó afanosamente en la exhibición Viva Frida que inauguramos esta noche en el Malba”, dijo Eduardo Costantini en la gala que junto con Fundación Malba, organizaron para festejar los veinticinco años de dicho museo porteño. Además su cumpleaños número 80 con torta incluída.
Con mira al 2100. Las decisiones a las que hacía referencia Eduardo Costantini fueron varias y todas referidas al futuro del museo que creó. Es decir, al plan que tiene pensado para los próximos cien años y más. En principio, dejó ya estipulado que al minuto cero de su muerte, se active y destine a la fundación la suma de cincuenta millones de dólares. En la actualidad, él aporta entre tres y cuatro millones de dólares cada año para cubrir el déficit del museo.
Asimismo planteó que el año 2100 (sí, dos mil cien) en board del Malba haya solamente tres miembros de la familia Costantini, y seis miembros ajenos al clan para así “ir despersonalizando la institución”.
Acervo aumentado. En desterminado momento, el empresario armó la Colección Eduardo y Elina Costantini donde no incluyó las obras que eran de la colección Malba (Museo). En la gala, anunció de su colección había decidido ampliar la del Malba con la donación de obras propias.
Esto es, por un lado, la Colección Daros Latinamerica, que compró en enero de 2026 y que se compone de mil doscientas treinta y dos obras de ciento diecisiete artistas de la región, producidas principalmente entre las décadas de 1950 y 2010. Para atesorar ese material se planeó construir un en Pilar, un depósito de mil trescientos metros cuadrados.
A esta donación se suma la de un lote también muy interesante, formado por diecisiete obras modernas latinoamericanas de alto valor en el mercado, de artistas como Leonora Carrington, Remedios Varo, Wilfredo Lam, y sobre dos cuadros relevantes, Diego y yo, que es el último autorretrato de busto que pintó Frida Kahlo a meses de su muerte, en 1949. Por esta obra, comprada en 2021 por la insistencia de Elina Costantini, el empresario pagó 34,9 millones de dólares. La segunda obra es Baile en Tehuantepec ,de Diego Rivera, “considerada una de las pinturas de caballete más importantes del muralista mexicano”, detalla Malba.
Subterráneo. En la gala hubieron unos seiscientos invitados repartidos en mesas de diez, por las que se pagaran de sesenta mil dólares a veinte mil dólares. Así como algunos ironizaron acercad de que la destreza de Costantini para los negocios quedaba expuesta en esa fiesta dado que “hizo un cumpleaños que pagaron los invitados”, otros también se mostraron interesados y luego sorprendidos de cómo quedaría el “Malba bajo tierra”, es decir, la ampliación del museo que se construirá debajo de la Plaza República del Perú. Esa noche, Jorge Macri completó lo iniciado en una gestión porteña anterior a la suya, y le cedió a Costantini la potestad total de ese predio. Y el empresario habilitó en pantallas gigantes los renders de cómo quedará ese Malba extendido. Luego la arquitecta mexicana Frida Escobedo –a cargo del proyecto– puso algo de poesía en la explicación de lo que representa que un museo privado, primero sea creado, luego ampliado.
Más que un expresidente. De los agradeciminentos que dio enn los veinte minutos de su discurso, Costantini se explayó en un personaje en particular, el dos veces presidente democrático de Uruguay, Julio María Sanguinetti, de hoy 90 años. En particular, recordó las veces que la oficina del también abogado, fue “depósito” de obras importantes como Abaporu, de la brasileña Tarsila do Amaral. “A veces me lo pedían prestado de algún museo, sobre todo de Brasil, y yo le decí que lo llamen a Julio porque élme lo tenía guardado”, relató el anfitrión.
Entre los invitados extranjeros de destacó la de la “jequesa de Qatar”: Sheikha Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani, repsonsable de llevar al museo más importante de ese emirato, las obras de arte latinoamericano más importantes del Malba para una megaexposición.
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