En una épica semifinal del Australian Open, Alcaraz sobrevivió a los calambres con jugo de pepinillos
El tenista murciano resistió cinco horas y 27 minutos de juego bajo condiciones de calor intenso. Superó una crisis física ante Alexander Zverev mediante el uso de jugo de pepinillos, un recurso científico que detiene las contracciones musculares de forma casi inmediata.
Otro partido de Carlos Alcaraz para la historia: la estrella española, número 1 del tenis, accedió a su primera final en el Abierto de Australia tras ganar el viernes en una memorable semifinal de 5 horas y 27 minutos al alemán Alexander Zverev (N.3) por 6-4, 7-6 (7/5), 6-7 (3/7), 6-7 (4/7) y 7-5.
El español de 22 años, que llegó a vomitar y tener calambres por el gran esfuerzo, perdía por 5-3 en un momento dado del último set pero protagonizó una impresionante reacción, pero superó la crisis mediante el uso de jugo de pepinillos, un recurso científico que detiene las contracciones musculares de forma casi inmediata.
El domingo buscará el título en Melbourne ante el serbio Novak Djokovic (N.4), que derrotó al italiano Jannik Sinner (N.2) también en cinco sets, en su caso por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4. Djokovic aspirará a un undécimo título en el Abierto de Australia y el vigesimoquinto grande de toda su carrera, lo que constituiría un récord absoluto.
Alcaraz puede presumir ya de haberse convertido en el jugador más joven de la historia en haber alcanzado la final en los cuatro torneos del Grand Slam, y el Abierto de Australia es precisamente el único de ellos que falta en su palmarés.
Con 22 años y 272 días (el domingo, fecha de la final), superará al estadounidense Jim Courier, que tenía 22 años y 321 días cuando consiguió llegar a la final de Wimbledon en 1993 y culminar así su pleno de las cuatro finales del Grand Slam.
Si gana el título, Alcaraz se convertirá en el más joven de la historia en levantar los cuatro grandes (Australia, Roland Garros, Wimbledon, Estados Unidos) y en el más joven de la era Open (desde 1968) en conseguir siete títulos del Grand Slam, por delante del sueco Björn Borg, que tenía 23 años y 4 días cuando logró el séptimo, en Roland Garros 1979.
"Hoy he ganado porque he creído en mis posibilidades, siempre tienes que creer. Físicamente puedo decir que es uno de los partidos más exigentes que he jugado nunca. Ya había estado en una situación así antes, así que sabía que debía poner todo el corazón en el partido, luchar hasta la última bola. Estoy muy orgulloso por cómo he luchado y cómo he remontado", declaró Alcaraz después de su victoria.
"Estoy feliz por mi primera final en Melbourne, es algo que he buscado mucho. Están siendo dos semanas fantásticas para mí, pero hoy me gustaría quedarme con el apoyo del público, sus ánimos me han llevado adelante en cada punto. Estoy muy agradecido", apuntó en su mensaje al público desde la pista.
Durante mucho tiempo, parecía imposible que el tenista murciano ganara el partido por sus calambres, que le impedían plegar las piernas de la manera habitual. Alcaraz había ganado los dos primeros sets, muy disputados y el segundo de ellos decidido en el tie-break, pero el alemán reequilibró llevándose el tercero y el cuarto, en ambos casos igualmente en el tie-break.
En el quinto y decisivo set, Zverev consiguió quebrar de inicio el servicio a Alcaraz y llevó las riendas, manteniendo una ventaja que parecía destinarle al triunfo, todavía más cuando se puso con 5-3 a favor, a apenas un juego de culminar su remontada.
La tensión en la Rod Laver Arena alcanzó su punto máximo cuando el cuerpo de Alcaraz pareció ceder ante la fatiga extrema. El español dominaba el encuentro frente A Zverev, pero al llegar al 4-4 del tercer set, sus movimientos se volvieron erráticos y pesados. Los calambres, un fantasma que lo persigue en momentos de alta presión, se manifestaron de forma violenta en su pierna derecha.
El murciano se vio obligado a solicitar asistencia médica, una decisión que generó una controversia inmediata en la pista central de Melbourne. Zverev, visiblemente molesto, increpó al supervisor del torneo argumentando que el reglamento prohíbe los tiempos médicos por calambres.
“¡Él tiene calambres! No puede tomar un tiempo médico si está acalambrado. ¿Qué otra cosa podría ser? Esto es una absoluta porquería. Es increíble”, exclamó Alexander Zverev durante su airada protesta al supervisor Andreas Egli. El alemán insistía en que los oficiales estaban otorgando un trato preferencial a las nuevas estrellas del circuito masculino en situaciones críticas.
A pesar de las quejas, el fisioterapeuta intervino bajo la sospecha de una posible lesión en el aductor, permitiendo que Alcaraz ganara minutos vitales. Fue en ese intervalo cuando el equipo del español activó un protocolo nutricional específico. Alcaraz comenzó a ingerir un líquido turbio contenido en pequeñas botellas, un recurso que ya había utilizado con éxito en otras batallas de cinco sets en torneos de Grand Slam.
La ciencia detrás del jugo de pepinillos en el tenis
El secreto de la recuperación de Carlos Alcaraz reside en el jugo de pepinillos, un remedio que carece de elegancia pero cuya eficacia está respaldada por estudios recientes.
A diferencia de las bebidas isotónicas, este líquido no busca rehidratar el cuerpo a largo plazo. Su función principal es provocar un cortocircuito neurológico que detiene la señal de contracción muscular enviada por el cerebro de manera casi instantánea.
Investigaciones publicadas en medios especializados señalan que el ácido acético del vinagre activa receptores específicos en la parte posterior de la garganta. Esta estimulación envía una señal al sistema nervioso central que obliga a los músculos a relajarse. En el caso de Alcaraz, la ingesta del jugo fue determinante para que pudiera seguir compitiendo tras perder el tercer y cuarto set de forma consecutiva.
“Este líquido ácido es una fuente concentrada de electrolitos, con sodio y potasio. Se ha demostrado que alivia los calambres un 40% más rápido que el agua potable”, destacó una investigación técnica sobre el rendimiento deportivo. La clave no es tragar grandes cantidades, sino permitir que el líquido entre en contacto con los sensores bucales.
El nutricionista Mayur Ranchordas explica que, en lugar de beberlo convencionalmente, los atletas deben enjuagarse la boca durante unos 20 o 30 segundos. Es en ese momento cuando el vinagre y la sal comienzan a trabajar sobre el reflejo nervioso.
Para Alcaraz, este método se convirtió en una herramienta indispensable para gestionar el desgaste que su estilo de juego explosivo impone a su musculatura.
El factor psicológico y la resistencia en Melbourne
El equipo técnico de Alcaraz sostiene que el origen de estos episodios no es estrictamente fisiológico, sino que tiene una carga emocional. El sistema nervioso del jugador reacciona ante la presión de los grandes escenarios, lo que deriva en una rigidez muscular excesiva.
El jugo de pepinillos actúa como una red de seguridad química cuando la mente no logra controlar la tensión corporal.
“Acepté el desafío en Wimbledon y, como dije, el origen de esa situación fue más su sistema nervioso que algo fisiológico, y los datos lo demuestran”, comentó su entrenador Juanjo Moreno sobre la evolución de su pupilo tras los problemas sufridos en Roland Garros.
El aprendizaje del español consiste en integrar estos suplementos para mitigar los efectos del estrés competitivo.
Durante la semifinal en Australia, Alcaraz resistió cinco horas y 27 minutos de juego bajo condiciones de calor intenso. Aunque cedió terreno tras la crisis del tercer set, su movilidad mejoró notablemente en el tramo final del encuentro. El uso del jugo de pepinillos le permitió recuperar la explosividad necesaria para quebrar el servicio de Zverev en el quinto set y sellar su pase a la final de Melbourne.
“Estaba sufriendo en la mitad del tercer set. Básicamente fue uno de los partidos más exigentes que he jugado en mi corta carrera. Pero he estado en este tipo de situaciones antes”, declaró Carlos Alcaraz al finalizar el maratónico duelo.
La victoria consolidó su reputación como un atleta capaz de encontrar soluciones heterodoxas para superar los límites biológicos en el deporte de élite.
Djokovic y Alcaraz se enfrentarán el domingo en una final
Después de unas semifinales memorables, una final de lujo está servida: Djokovic, de 38 años, y Alcaraz, de 22, se enfrentarán el domingo en un pulso generacional por el título del Abierto de Australia.
Gane quien gane el domingo, la historia del tenis habrá escrito una nueva página, ya que Alcaraz aspira a ser el más joven de la historia en inscribir su nombre en el palmarés de los cuatro torneos del Grand Slam, mientras que Djokovic tiene como gran misión sumar su ansiado 25º título en un grande, algo que nadie ha logrado nunca en su deporte.
ds
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