la banda celebró con dos horas de show

Joaquín Levinton hizo de los 30 años de Turf una fiesta inolvidable

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Por qué la banda que lidera el carismático Joaquín Levinton sigue siendo un fenómeno vital de la cultura popular tras treinta años ininterrumpidos de música. El rock sónico se había impuesto en Argentina como la última herencia elegante del rock inglés cuando Turf entendió que la ironía, la celebración sin tapujos y la algarabía también eran una parte constitutiva del rock y había que profundizarla. Es imposible que haya sido una operación racional, pero lo cierto es que, treinta años después, Turf sigue en carrera. Hace unos días, en el porteño Complejo C Art Media, la banda celebró su tercera década al ritmo de canciones que forman parte del acervo festivo de un par de generaciones argentinas, que hasta se casaron al ritmo de “Yo no me quiero casar, ¿y usted?”

Claves. Si uno se preguntara por qué Turf se impuso, por qué sobrevivió, por qué no fue una moda pasajera, sino una banda capaz de mantenerse tantos años, tendría que asistir a un show del grupo. La diversión sigue siendo divertida, ese culto a la irresponsabilidad adolescente sigue siendo, a su manera, gracioso, y el rock sigue fresco en su pátina sarcástica y, quizás sobre todas las cosas, Joaquín Levinton, Leandro Lopatín, Fernando Caloia, Carlos Tapia, Nicolás Ottavianelli y Santiago Tato supieron forjar himnos que al día de hoy funcionan.

Una masividad controlada, un sonido ni tan sofisticado ni tan sucio y una constancia de idas y vueltas, que se permitió un silencio, un regreso y una progresiva aceptación de un público que se niega a soltar la parte festiva de un pasado que con Turf sigue volviendo en forma de rock.

Recientemente protagonistas de festivales masivos nacionales como el Cosquín Rock o el Lollapalooza, exitosas giras europeas, Turf se volvió una especie de ícono de la festividad argentina y este cumpleaños es la celebración de la constancia de un grupo que hizo de la desfachatez una marca registrada y perdurable. 

Celebración. Muestra de ello fue el show de dos horas que Turf brindó ante los privilegiados fanáticos que fueron testigos del repertorio histórico en todo su esplendor y de algunos adelantos de cortes de su venidero trabajo. Hubo, por supuesto, un momento tan necesario como bizarro: una torta de cumpleaños gigantesca que irrumpió en la escenografía y coronó el festejo de tres décadas de hits y escenarios.