Samanta Schweblin ganó el Premio Aena y alcanzó un nuevo hito en su carrera
La consagración de la escritora argentina con el millonario Premio Aena no solo confirma una trayectoria literaria excepcional, sino que vuelve a poner en escena el fenómeno de una autora que, desde sus comienzos, parece avanzar sin pausa ni retrocesos, como si una fuerza invisible organizara cada paso de su carrera hacia un destino de reconocimiento sostenido y casi inevitable. Entre elogios, polémicas y cifras impactantes, su nombre se instala en el centro de la conversación cultural hispanoamericana, tensionando además las relaciones entre literatura, mercado y política cultural.
“Toco las piedras, busco el nudo. No hay arrepentimiento, a estas alturas lo hecho hecho está. Es curiosidad. Desato la soga y las piedras se desprenden. La caída provoca un sismo cerca de mis pies, que se despegan lentamente de la tierra. Quedo ahí como flotando, sin saber qué hacer. Y es entonces, en ese momento, cuando recuerdo haber pensado ¿y si esto es todo? Dudar suspendida el resto de la eternidad: el primer miedo real que tuve este día. No ser capaz de avanzar ni de retroceder, nunca más, en ninguna dirección”.
Este párrafo pertenece al cuento “Bienvenida a la comunidad”, con el que comienza el libro El buen mal, de la escritora argentina Samanta Schweblin, quien a los 48 años logró un verdadero récord mundial en premios y reconocimientos literarios.
Es egresada de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires, no de Filosofía y Letras, para darle más misterio a su incursión exitosa en el ámbito editorial: sus libros ya fueron traducidos a más de cuarenta idiomas. Vida y destino, por darle un título literario, la carrera de Samanta llegó a un cenit este miércoles pasado: ganó el premio Aena, y con él, un millón de euros.
Para contradecir el final del párrafo citado al principio, su trayectoria siempre fue hacia adelante, sin retroceder y en una única dirección. Por caso, los datos no mienten. En 2001, sin publicar una sola página en formato libro, obtuvo dos premios. Recién al año siguiente publica un primer libro de cuentos, El núcleo del disturbio. Ya en 2008 gana el premio Casa de las Américas por Pájaros en la boca, que se publica en 2009. Esto inaugura ese impulso hasta hoy: en 18 años –en los que llega a la publicación de cuatro libros de cuentos y dos novelas–, gana catorce premios y reconocimientos. Si descontamos los dos años de paralización humana por la pandemia de covid, prácticamente Samanta Schweblin ganó un premio por año.
¿Qué tiene esta escritora para tanta coronación? Una tesis sobre este fenómeno la desarrolló el escritor Hernán Vanoli a principios de febrero de este año, en su podcast Desinteligencia Artificial, capítulo “La oscuridad del cuidado”: “La conocí creo que a los 20 años, 21, yo iba al mismo taller que ella. Estaba corrigiendo El núcleo del disturbio. Y era muy buena, ya desde esa época se notaba que estaba tocada con la varita”. ¿Samanta es producto de un pase mágico desde un espacio paralelo donde se administran las virtudes artísticas? De ser así, puede que una breve marea de escritores argentinos se lance a la búsqueda de tal instrumento, ¿por qué no?
Pero volvamos al premio Aena (empresa gestora de los aeropuertos españoles), anunciado en febrero pasado y denominado como “de Narrativa Hispanoamericana”. Para premiar al mejor libro publicado en 2025, contó como presidenta del jurado a Rosa Montero, secretarios del mismo los periodistas Jesús Calero (ABC) y Sergio Vila-Sanjuán (La Vanguardia), mientras el jurado en sí lo integraron los argentinos Jorge Fernández Díaz y Leila Guerriero, Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, José Carlos Llop y Élmer Mendoza.
Junto a Schweblin, fueron finalistas el español Enrique Vila-Matas y su obra Canon de cámara oscura, la chilena Nona Fernández con Marciano, el español Marcos Giralt Torrente con Los ilusionistas y el colombiano Héctor Abad Faciolince con el título Ahora y en la hora. Todos ellos recibirán 30 mil euros, casi 35 mil dólares. De todos, a su vez, Aena comprará miles de ejemplares de los títulos seleccionados para distribuir entre sus empleados e instituciones educativas / culturales en todo el territorio español.
Este premio no cayó en otro lugar que en la grieta cultural y política española. La descripción del acto de entrega publicada por el Diario.es resulta elocuente: “Un premio de estas características (mucho dinero en juego y mucho salseo cultural) no podía entregarse sin pompa y circunstancia, así que el Museo Marítim de Barcelona hizo de sede de una gala organizada por la empresa de eventos La Tropa. A ella acudieron personalidades del mundo de la política como Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo; Jaume Collboni, alcalde de Barcelona y Salvador Illa, president de la Generalitat de Catalunya. Faltó Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible (al que pertenece Aena), que estaba anunciado, pero finalmente no acudió”. Y sobre Maurici Lucena, presidente de Aena, quien en el discurso de apertura afirmó que es normal que el mecenazgo corra a cargo de empresas o filántropos privados que no tienen necesariamente nada que ver con las actividades culturales o en este caso literarias que financian generosamente; “no tuvo en cuenta que el Estado es dueño del 51% de la empresa”. Es decir, se hacen los generosos llevando a la práctica el eslogan argentino “con la nuestra” (los catalanes con el dinero del Estado de los españoles…).
Luego de recibir el premio, Schweblin –que desde 2012 vive en Berlín, Alemania– dijo: “No sé contar cuánto es un millón, es un número tan grande que me pierdo No sé cuántos ceros tiene. Es algo muy raro. No sé qué hacer con ello. En mi imaginario siempre, desde que dejé la casa de mis padres, lo que toda la vida quise tener es un sueldo todos los meses. Este número lo asocio un poco con esa idea fantasiosa del sueldo para siempre”.
Ojalá Samanta viva más de cien años, de ser así, dispondrá de casi 800 euros al mes, eso sí, siempre que siga en Alemania. De volver al país perderá todo el premio en pocos años y deberá concursar en, por ejemplo, el Gran Premio Banco Provincia de Buenos Aires de Literatura, con primer premio de 927 euros para un cuento.
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