Durante el reinado de Beatriz, el Palacio de Huis ten Bosch fue una fortaleza de mística y silencio. Pero “Mabel & Margarita”, un spin-off de la exitosa serie holandesa “Máxima”, que prepara su desembarco en las pantallas de streaming, revivirá este año las peores pesadillas de la Casa Real de Orange-Nassau y enfrentará un efecto colateral inesperado: la intervención de la justicia podría cambiar a último momento el curso de la ficción.
Para esta nueva temporada de la exitosa serie, protagonizada por la argentina Delfina Chávez (como Máxima) y el neerlandés Martijn Lakemeier (Guillermo Alejandro), la producción decidió adentrarse en dos escándalos que sacudieron los años 2000, el período en que la monarquía abandonó su tradicional discreción para convertirse en un campo de batalla de acusaciones, desconfianza, relaciones peligrosas y espionaje.
La nueva trama explora el ascenso de la economista argentina Máxima Zorreguieta en la casa real, pero también rescata del olvido la gran crisis institucional que provocó el príncipe Friso (cuñado de Máxima, fallecido en 2013) y, sobre todo, en esa “guerra fría” abierta entre la reina Beatriz y su sobrina, la princesa Margarita de Borbón-Parma. En el centro de todo, la serie retrata a la monarca como una dama de hierro capaz de sacrificar cualquier lazo de sangre con para asegurar la supervivencia de la corona.
Narcos, espionaje y alta tensión en el palacio real

La serie recupera la figura de Mabel Wisse Smit, una activista por los derechos humanos y el gran amor del príncipe Friso, el segundo hijo de Beatriz. La pareja, que se casó en abril de 2004, enfrentó duros cuestionamientos políticos sobre el pasado de Mabel, vinculada en su época de universitaria al notorio “padrino” del narcotráfico Klaas Bruinsma, quien construyó un imperio de tráfico de hachís y cocaína que dominó el puerto de Róterdam durante la década de 1980, utilizando una red de empresas legales para lavar activos, y fue asesinado a tiros en la puerta del hotel Hilton de Ámsterdam en 1991 por un exoficial de policía.
En 2003, un programa de televisión presentó el testimonio de Charlie da Silva, un antiguo guardaespaldas de Bruinsma, quien afirmó que Mabel era “la chica de Klaas” y que solía pernoctar con él en el yate Neeltje Jacoba, la embarcación donde el criminal organizaba sus operaciones y reuniones de alto nivel.
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Esas palabras dinamitaron la versión que ella le dio al gobierno de Jan Peter Balkenende, donde juró que solo fueron "encuentros fortuitos". El entonces primer ministro se negó a solicitar la autorización del Staten-Generaal —requisito necesario para quienes formaban parte de la sucesión al trono— para el matrimonio de Friso con Mabel tras confirmar que la prometida del príncipe ocultó la "extensión total" de su relación con el capo narco.
El conflicto escaló a nivel constitucional cuando el Servicio de Seguridad e Inteligencia (AIVD) detectó inconsistencias en el relato de Wisse Smit durante el proceso de verificación para su ingreso a la Casa Real. Fue un momento de quiebre absoluto. El hecho de que una futura integrante de la familia real hubiera compartido la intimidad del hombre más buscado por la Interpol generó una alarma de seguridad nacional, ante la posibilidad de que la Corona quedara expuesta a chantajes o infiltraciones de la mafia local.

Friso, quien perdió su título de "Príncipe de los Países Bajos" y se convirtió en el Conde de Orange-Nassau, se alejó de las actividades oficiales de la realeza hasta su trágico accidente de esquí en Austria en 2012, que lo dejó en coma hasta su muerte en 2013, un desenlace que la serie explora con crudo detalle emocional.
Paralelamente a las tensiones por la boda de Friso, la serie retrata a la reina Beatriz enfrentando un desafío directo y sostenido desde dentro de su propia familia: el prolongado conflicto con su sobrina, Margarita de Borbón-Parma.
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En 2003, en una incendiaria entrevista a la revista HP/De Tijd, Margarita denunció a la reina por acoso, persecución, escuchas telefónicas ilegales, manipulación de sus finanzas y obstrucción sistemática de las actividades comerciales de su esposo, Edwin de Roy van Zuydewijn, quien poseía una empresa de tecnología.
El conflicto escaló hasta convertirse en un escándalo que la prensa bautizó como "Margaritagate". Nunca antes la reina Beatriz —quien siempre cultivó una imagen de profesionalismo y estricto cumplimiento del deber— había figurado en el centro de una polémica real. Margarita dijo que su tía era una mujer despiadada y controladora que no permitía disidencias internas: "Tiene una visión del poder donde la obediencia familiar es absoluta".

Margarita sostuvo que la reina destruyó los negocios de Roy van Zuydewijn por no considerarlo digno de la familia real. A las denuncias iniciales siguió una serie de demandas judiciales sin precedentes en la monarquía neerlandesa y un debate mediático sobre los límites del poder real y la privacidad de sus familiares sin roles oficiales.
La pareja no presentó pruebas de las acusaciones, pero al final el primer ministro Mark Rutte tuvo que admitir en 2013 que los servicios de seguridad investigaron efectivamente a De Roy van Zuydewijn cuando inició una relación con Margarita bajo la presión del príncipe Bernardo —padre de Beatriz—, quien no confiaba en él.
La situación derivó en una investigación del Nationale Ombudsman, el defensor del pueblo neerlandés, que concluyó en 2004 que el Servicio de Información del Gobierno (RVD) actuó de manera inapropiada al investigar al hombre sin justificación legal suficiente. El informe ratificó que se usaron recursos del Estado para indagar en su vida privada. Sin embargo, no encontró pruebas concluyentes de que la reina Beatriz ordenara directamente el espionaje, aunque sí confirmó que la monarca estaba informada de las investigaciones.
Este escándalo no solo erosionó la imagen de Beatriz, sino que provocó un quiebre familiar que duró años, con Margarita y su esposo convertidos en parias de la corte. A pesar de que Margarita y Zuydewijn se divorciaron en 2006, él continuó su batalla legal contra la Casa Real durante casi dos décadas. El hombre sostiene todavía que la intervención de la reina Beatriz arruinó su reputación y sus perspectivas comerciales, y demandó repetidamente al Estado y a miembros de la familia real exigiendo compensaciones económicas y el acceso a archivos de inteligencia para investigaciones independientes.

Los múltiples intentos de Zuydewijn por reabrir los casos o forzar nuevas investigaciones contra la Corona fueron sistemáticamente desestimados por los tribunales holandeses. En 2014, un tribunal desestimó una de sus demandas principales por daños y perjuicios contra el Estado, dictaminando que, si bien la investigación del RVD fue incorrecta, no se probó una conexión directa con la quiebra de sus empresas. No obstante, el fallo reconoció la "invasión ilegítima de su privacidad".
Y el golpe final llegó en 2023, después de que el exesposo de Margarita, ahora un hombre de 57 años, presentó una nueva demanda civil contra el Estado, exigiendo una indemnización de 6,5 millones de euros por los daños sufridos a raíz del espionaje y la supuesta campaña de desprestigio. Pero la Corte Suprema de los Países Bajos rechazó su recurso, confirmando las decisiones de instancias inferiores que no encontraron pruebas suficientes de una conspiración estatal orquestada por la reina Beatriz para dañarlo.
La serie planea mostrar los hilos invisibles de este aparato espionaje palaciego, lo que reactivó el instinto de defensa de Van Zuydewijn, que todavía se siente perseguido por la sombra de los Orange.
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El hombre, que alguna vez fue parte del círculo íntimo de la familia real, hoy dice no estar dispuesto a que la ficción reescriba su historia sin darle pelea y, según informó su abogado esta semana, solicitó formalmente el acceso a los guiones de la serie antes de que el daño personal sea "irreparable". Zuydewijn sostiene que la productora podría incurrir en difamación al retratar los eventos que llevaron a su divorcio y a la posterior caída en desgracia de su imagen pública.
Basándose en los anteriores episodios de la serie “Máxima”, De Roy van Zuydewijn dice que no confía en la forma en que la plataforma Videoland tratará los hechos sobre su vida. “Un breve vistazo a lo que esta productora presentó anteriormente a una audiencia de millones en su serie de televisión como exacto y verdad, subraya la tendencia engañosa que es observable”, dijo el empresario, según informó el diario AD.
El pedido de Roy van Zuydewijn para revisar el material audiovisual antes de su estreno marca un precedente peligroso para la libertad de creación en los Países Bajos. Sus abogados insisten en que la serie no es un documental, pero que el público la consume como si fuera la verdad revelada. Si los jueces acceden al pedido de este "rebelde" de la corte, la serie podría sufrir ediciones de último momento que desdibujen el papel de la reina Beatriz como la gran orquestadora del curso de la historia familiar.
ds