El principado de Mónaco es como “un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minoría vivaz de personas locales y una mayoría de ciudadanos procedentes de otros países del mundo”, dijo el papa León XIV al arribar ayer sábado al “reino” de los Grimaldi. En esa minoría vivaz “no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero”, agregó.
El papa León XIV asumió su cargo el 8 de mayo de 2025, y éste es su primer viaje oficial a un país europeo, y el segundo que lleva fuera del Vaticano. El primero fue una minigira a Turquía y Líbano, del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025. Durante el vuelo camino a Mónaco, el Papa envió un mensaje al presidente francés Emmanuel Macron: “Mientras sobrevuelo Francia durante mi viaje apostólico al Principado de Mónaco, envío mis más cordiales saludos a Su Excelencia y a sus conciudadanos, junto con la aseguración de mis oraciones por la paz y la prosperidad de la nación”.
El papa León XIV es “el primero entre los sucesores del apóstol Pedro en visitar el Principado de Mónaco en tiempos modernos”, dijo a su arribo, y destacó que esa ciudad-estado –el segundo más pequeño del mundo después de la Ciudad del Vaticano– se encuentra “entre los países fundadores de la unidad europea”.
Mónaco es uno de los pocos países de Europa donde el catolicismo sigue siendo la religión de Estado, aunque hay libertad de culto. Pero solo el ocho por ciento de sus treinta y nueve mil habitantes se declaran practicantes. Cabe aclarar que de ese número de ciudadanos tottales, solamente unos nueve mil setecientos son de nacionalidad monegasca.
Estereotipo. En un principado donde la primera palabra que provoca es “lujo”, la escenografía de Mónaco y la imagen de sus anfitriones Grimaldi, parecen distantes al discurso del papa León XIV. Quizá por eso, las autoridades locales destacaron que este viaje tiene que contribuir a superar los estereotipos, y a fortalecer la histórica relacióne diplomática entre Mónaco y la Santa Sede.
“El don de la humildad y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz”, dijo el Papa asomado al balcón del Palacio de los Príncipes. También encomendó a Mónaco “el compromiso especial de profundizar en la doctrina social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora”, según informó el portal oficial del Vaticano.
Imperativo de soldaridad. El anfitrión, Alberto II de Mónaco habló también desde el balcón: “Este momento es histórico por el lugar que otorga a Mónaco dentro del mundo cristiano, en este primer año de su pontificado. Es histórico por la forma en que nos afectará a todos. Y por su importancia en el destino de nuestro principado”. También remarcó que “en tiempos de profunda convulsión y aridez espiritual, nuestra fe es nuestra fortaleza. Compartimos un principado inmerso en numerosas luchas. Entre ellas, por supuesto, se encuentra la lucha por la paz. (...) En un momento en que resuenan los conflictos armados, cuando la fuerza parece triunfar, sabemos que la paz solo puede ser duradera si se fundamenta en la justicia y se orienta hacia la reconciliación. Si se logra mediante el diálogo, buscando genuinamente una solución para todos, en lugar de mediante las armas”. Finalmente dijo que existe un “imperativo de solidaridad por parte de quienes cuentan con más recursos”.
Vaticano aliado. A finales del siglo XIII, por lealtad al Papa, los primeros Grimaldi abandonaron Génova para establecerse en lo que hoy es Mónaco. A principios del siglo XVI, la soberanía monegasca fue reconocida mediante una bula papal de Clemente VII; también por las dos potencias vecinas: Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico de Carlos V. A finales del siglo XIX, por gestión del papa León XIII, se estableció la diócesis de Mónaco y, con ella, la autonomía religiosa del principado. En 1981, el entonces papa Juan Pablo II, hizo del obispado una archidiócesis, es decir, tuvieron un upgrade. En esa época, el príncipe Rainiero III –padre de Alberto II, Carolina y Stefanía–disfrutaba del apogeo de su principado como epicentro de la elite internacional. En el presente, Mónaco tiene competencia pero mantiene su encanto. Y los nuevos integrantes Grimaldi aportan ese resabio de un lejano glamour que se observó en las imágenes cinematográficas de esta visita del Papa.