ECONOMÍA

El consumo de carne vacuna cayó un 6,8%: los peores números en 20 años

De acuerdo con los últimos relevamientos del sector, se trata de uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, en medio de un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la inflación y el cambio en los hábitos de consumo.

Georges Breitschmitt: “Tienen necesidad de carne en Estados Unidos, han caído su producción también” Foto: Cedoc

El consumo de carne vacuna en la Argentina registró una caída del 6,8% interanual y encendió las alarmas en toda la cadena ganadera. De acuerdo con los últimos relevamientos del sector, se trata de uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, en medio de un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la inflación y el cambio en los hábitos de consumo.

Especialistas explican que el aumento sostenido de los precios llevó a muchas familias a reducir las compras de cortes tradicionales o directamente reemplazar la carne vacuna por opciones más económicas como pollo, cerdo o alimentos elaborados. El impacto se refleja tanto en supermercados como en carnicerías barriales, donde comerciantes aseguran que las ventas continúan en retroceso.

Desde cámaras frigoríficas y entidades agropecuarias señalaron que el consumo per cápita anual se encuentra en niveles históricamente bajos para un país con fuerte tradición ganadera. Durante décadas, Argentina figuró entre las naciones con mayor consumo de carne vacuna del mundo, aunque en los últimos años la tendencia comenzó a modificarse por razones económicas y culturales.

La suba de costos de producción también presiona sobre el precio final. Productores advierten que el encarecimiento del alimento para el ganado, los combustibles, la logística y los servicios impacta directamente sobre toda la actividad. A esto se suma la caída del poder de compra de los salarios, que obliga a los consumidores a priorizar productos considerados esenciales.

En distintas carnicerías del país aseguran que muchos clientes optan por comprar menores cantidades o elegir cortes más baratos para sostener el consumo. Incluso algunos comerciantes reconocen que aumentó la demanda de carne picada, menudencias y promociones especiales para intentar mantener las ventas.

El fenómeno también repercute en la industria frigorífica. Algunas plantas trabajan con menor nivel de actividad y observan con preocupación la disminución del mercado interno, históricamente uno de los principales motores del sector. Frente a este panorama, las exportaciones aparecen como una alternativa clave para sostener parte de la producción.

Economistas sostienen que la caída del consumo de carne vacuna funciona además como un indicador del deterioro económico y social. En un país donde el asado y los cortes tradicionales forman parte de la identidad cultural, el descenso en las compras refleja con claridad las dificultades que atraviesan millones de hogares.

Mientras tanto, referentes del sector esperan que una eventual recuperación del poder adquisitivo permita revertir la tendencia en los próximos meses, aunque reconocen que el escenario continúa siendo incierto y que los hábitos de consumo podrían seguir cambiando incluso cuando mejore la economía.