Este año planean hacer las primeras pruebas de traslado de órganos para trasplante usando drones
En las grandes ciudades, recorrer diez kilómetros puede llevar más de treinta minutos y –en materia de trasplantes– esas demoras pueden ser decisivas para la “calidad” del órgano. Corazones, pulmones e hígados tienen un margen de pocas horas fuera del cuerpo. Por eso desde la organización Casa Justina buscan hacer este año las primeras pruebas concretas para hacer estas movidas urgentes usando drones. Ya hay experiencias internacionales, ensayos locales y un marco regulatorio que habilita realizar ensayos en un campo donde el tiempo es, literalmente, vida.
En las grandes ciudades, los embotellamientos pueden ser algo más que una molestia: pueden volverse un riesgo sanitario. Es el caso de los trasplantes en los que, cada minuto fuera del cuerpo, el órgano se va deteriorando.
Por ejemplo, en Buenos Aires, recorrer diez kilómetros puede tomar más de media hora. Para la logística cotidiana es apenas una molestia, pero para un trasplante, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Para minimizar estas demoras y poder llevar un órgano en minutos de un centro médico a otro donde se concretará el implante, la organización Casa Justina se propone este año dar un paso inédito: tener todo listo –a nivel logística, permisos e infraestructura– para avanzar con las primeras pruebas concretas de traslado de órganos utilizando drones piloteados a distancia.
La iniciativa busca reducir demoras, ganar previsibilidad y mejorar las condiciones en las que el órgano llega al quirófano para ser implantado.
“En trasplantes, el tiempo es literalmente vida. Cada minuto que ganás colabora a que el órgano llegue en mejores condiciones y a que tenga mayores probabilidades de éxito”, le dijo a PERFIL Ezequiel Lo Cane, padre de Justina y fundador de la organización que nació a partir de la promulgación de la “Ley Justina”, impulsada a raíz de la experiencia que debió atravesar con su hija.
Para poder concretar estas primeras pruebas, están coordinando los permisos y las acciones con autoridades de salud y trasplantes para poder hacer ensayos de traslado dentro de Santa Fe, dentro de Rosario y entre ambas ciudades. Además, también contemplan pruebas para mover órganos entre grandes hospitales de la Ciudad de Buenos Aires y sus zonas aledañas.
Tiempos. Según Lo Cane, “aun recurriendo al enfriamiento y al uso de soluciones de preservación, los tiempos de los órganos fuera del cuerpo son limitados. Por ejemplo, el de un corazón es de cuatro a seis horas, el pulmón hasta ocho y un hígado hasta doce. Por eso es clave ahorrar cada minuto posible, por ejemplo en el tramo final entre hospitales y aeropuertos o entre clínicas alejadas”.
Lo Cane recuerda que, además, en ciudades como Buenos Aires, San Pablo o México, ya no hay más hora pico y el tránsito está congestionado a cualquier hora. Por eso “los drones ofrecen una ventaja clave: no solo pueden ir más rápido, sino que también pueden hacer recorridos que los vuelven a estos ‘deliverys’ más previsibles”.
Un viaje en dron es uniforme, no sufre por pozos ni por frenadas bruscas. Además, usando sensores especiales, se puede ir monitoreando el estado del órgano en tiempo real, aun dentro del recipiente usado para el traslado. En una ciudad congestionada, para recorrer 10 kilómetros usando un dron, es posible ahorrarse hasta 18 minutos de tiempo.
Buscando poner a punto estas técnicas, el equipo de Casa Justina ya realizó varias pruebas de concepto apelando a drones para trasladar muestras médicas. Se hizo con sangre que fue tomada en un punto de extracción y se llevó al laboratorio. Esto ya se ensayó en Mar del Plata y CABA.
Problemas. Claro que volar un dron en una megaurbe no es fácil. “Buenos Aires es una zona compleja para volar por la densidad de personas, y porque también hay muchas antenas de radio. Eso aumenta el riesgo de interferencias que podrían hacer perder el control del aparato”, explica Lo Cane.
Para minimizar estas situaciones, estos vuelos se diseñan siguiendo rutas consensuadas, previendo los puntos a evitar (como Casa Rosada o Aeroparque) y calculando la eventual necesidad de hacer relevo de pilotos si la señal de control del dron se degrada. “Para lograr seguridad y eficiencia en el transporte, todo tiene que estar muy bien planificado”, detalló.
El proyecto de Casa Justina contempla firmar acuerdos con organismos públicos y privados, como las autoridades del gobierno porteño, para seguir avanzando con los ensayos. “Este año esperamos tener todo regulado y autorizado, de modo que, si se presenta una situación, el sistema esté listo para intentar hacer un traslado real”, se esperanza Lo Cane. Y su cautela no es un tema menor porque “si algo sale mal, se pierde un órgano. Por eso primero tenemos que demostrar que todo funciona perfecto”.
Otra ventaja de los drones es el menor costo del equipo y de la hora de vuelo. “En muchos casos se podría usar un helicóptero pero con lo que este cuesta se pueden comprar muchos drones específicos para esto”, compara Lo Cane. Por otra parte, aunque el transporte terrestre parezca más barato, también es más riesgoso. “Se han trasladado muchas veces órganos en motos o en ambulancias con custodia, pero en esos operativos siempre hay mucho riesgo de accidentes”.
La pregunta de fondo es si el sistema de trasplantes argentino puede ganar incorporando esta tecnología. “Muchos trasplantes no se logran porque no hay transporte disponible. Un dron cercano podría mejorar la eficiencia de todo el sistema”, sostiene Lo Cane. El cielo, al menos como alternativa, empieza a ser parte de la discusión.
Los antecedentes en otros países
E.G.
El uso de drones en estos temas de salud ya tiene antecedentes concretos en países desarrollados y en programas respaldados por organismos internacionales. En 2019, en Baltimore (Estados Unidos), un dron transportó con éxito un riñón para trasplante en un entorno urbano: recorrió casi cinco kilómetros en menos de diez minutos. El trasplante fue exitoso y el caso marcó un hito en logística médica aérea.
En 2021, Canadá dio otro paso: un dron trasladó pulmones entre dos hospitales de Toronto en un vuelo de apenas seis minutos, en una operación coordinada por el University Health Network. Fue el primer transporte de pulmones por esta vía y confirmó la viabilidad clínica del sistema.
Fuera del campo específico de órganos, África ofrece ejemplos. En Ruanda, el uso de drones para transportar sangre redujo de forma drástica los tiempos de entrega y el tener que destruir muestras vencidas, con miles de envíos documentados. En Botswana, un programa impulsado por Naciones Unidas, demostró que los drones podían reducir los traslados “de horas a minutos” en zonas donde las rutas se vuelven impracticables.
Estos antecedentes muestran que el desafío ya no es tecnológico, sino operativo y regulatorio: adaptar esa experiencia al entramado urbano y sanitario de grandes ciudades como Buenos Aires.
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