La neuromodulación: una opción posible para miles de pacientes con patologías neurológicas
Los neuromoduladores son dispositivos médicos que están revolucionando la calidad de vida de personas con trastornos neurológicos severos. Se trata de electrodos implantados, que modifican la actividad de los circuitos nerviosos neuronales. No se trata de una investigación futurista, sino que ya es medicina cotidiana que se usa en ciertos pacientes que padecen de Parkinson, epilepsia, espasticidad y dolor crónico, entre otras. Esto significa que en Argentina hay miles de pacientes que podrían beneficiarse de esta tecnología, pero todavía no acceden.
Todo empezó con una cirugía relativamente común a la que se sometió para corregir una simple hernia discal. Pero pasó lo imprevisto: salió mal.
Fue en 2008, y desde ese momento, Elizabeth Tobío –divulgadora, productora y locutora– comenzó un calvario que duró doce años, siempre atravesada por sufrimiento.
“Sentía dolor real, agudo, incapacitante. “Durante ese tiempo probé todo tipo de tratamientos: cirugías, pinchazos medulares, calmantes de todo tipo, incluida morfina”, le contó a PERFIL.
Ensayó, y dejó, calmantes que le prometían mejoras, pero no cumplían, y peregrinó por consultorios de muchos médicos que no le encontraban la vuelta a su dolor y la despachaban rápido y sin darle esperanzas ante un sufrimiento siempre presente y agravándose. Finalmente, quedó prácticamente postrada en su cama durante siete meses.
Recién a principios de 2020 encontró un médico empático que la escuchó de otra manera y le propuso probar una terapia innovadora que todavía hoy está poco difundida. Pero fue esa opción terapéutica la que, finalmente, logró que Elizabeth volviera a recuperar y tener calidad de vida.
“Básicamente, me implantaron bajo la piel de la baja espalda un dispositivo de neuroestimulación espinal. Ese equipo emite impulsos eléctricos que interfieren y contienen el dolor. Y eso me cambió la vida”, relató en un reciente congreso médico que la invitó a compartir su derrotero ante médicos y prestadores de toda América Latina, con la esperanza de que más gente con dolor pueda acceder a esa solución.
Fue durante el transcurso de Mind360, un encuentro organizado por la empresa Medtronic, especializada en dispositivos médicos, entre los que está el marcapasos cardíaco sin cables más pequeño (ver recuadro).
“Con el envejecimiento poblacional, cada vez hay más casos de enfermedades neurológicas degenerativas, y la ‘neuromodulación’ es una terapia que está creciendo en sus aplicaciones y aportando calidad de vida a miles de pacientes”, le contó a PERFIL el doctor Carlos Ciraolo, jefe de la Sección de Neurocirugía Funcional en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
En concreto, la neuromodulación es un tratamiento médico, interno o externo, que usa estímulos eléctricos o químicos que actúan sobre un grupo de neuronas o fibras y eso produce un cambio en el derrotero o la sintomatología de la enfermedad.
Para qué sirve. “Esta opción está demostrando su utilidad para tratar casos de diferentes patologías crónicas especialmente las relacionadas con movimientos “anormales”, como el Parkinson, la distonía, la espasticidad y el temblor esencial. Y también puede ser muy eficaz en el tratamiento del dolor crónico y neuropático”, dijo.
Las funciones posibles de los diferentes neuromoduladores varían: desde los ya comunes marcapasos hasta los que pueden modular el dolor severo, pero también los hay para controlar esfínteres y para el manejo de insulina, en diabetes.
Cómo es. El neuroestimulador eléctrico es un pequeño dispositivo implantable bajo la piel, del tamaño aproximado de un cronómetro de mano. El equipo emite suaves señales eléctricas por medio de electrodos insertos en la columna vertebral. Al activarse, logra aliviar el sufrimiento porque interfiere las señales de dolor que viajan desde la médula espinal hasta el cerebro.
Los expertos aclaran que la neuromodulación no sirve para todos los pacientes y tampoco es la primera opción terapéutica, sino que, por ahora, los médicos consideran implementarlo solo cuando el caso clínico lo justifica. Por ejemplo, si la dolencia no cede ante los tratamientos analgésicos usuales.
A la hora de evaluar el resultado, Ciraolo elige ser cuidadoso. “En medicina no podemos firmar resultados, pero si el paciente resulta ser un buen candidato para estas opciones, los resultados de los neuromoduladores son muy satisfactorios para mejorar la calidad de vida del paciente y de su familia. Y les permiten volver a sus actividades personales, moverse, retomar su trabajo y disminuir mucho la cantidad de medicación que tomaba”.
Aunque por ahora la neuroestimulación mostró resultados efectivos en casos de dolor crónico y de los movimientos asociados al mal de Parkinson, Ciraolo detalló que se está investigando cómo funciona para contener muchas otras patologías. “Se están haciendo numerosos ensayos clínicos para ver cómo funciona en otros casos de dolor crónico, como el oncológico, y también para ayudar a disminuir o mejorar síntomas producidos por otras enfermedades, como trastornos de la marcha o epilepsia, casos en los la hay decenas de miles de pacientes que podrían beneficiarse con este approach. Incluso para tratar el tinnitus o las migrañas. Además, hay indicios de que podría servir para mejorar males psíquicos, como la depresión resistente o los trastornos compulsivos (TOC). Incluso podría ayudar a hacer más lento el deterioro cognitivo en Alzheimer”.
En otras palabras, hay cada vez más evidencias de que un mayor número de patologías podrían ser “blancos” para el tratamiento o el alivio por medio del uso de diferentes dispositivos de neuromodulación.
Mal de muchos
◆ Entre el 20 y el 30% de las personas en el mundo sufren episodios de dolor crónico.
◆ Es dolor crónico, cuando se extiende por más de noventa días.
◆ Es un síntoma subjetivo. Al medir su intensidad intervienen las emociones del paciente.
◆ Una de las escalas de percepción del dolor lo clasifica en 6 grados: no dolor, leve, moderado, intenso, muy intenso e insoportable.
◆ Las consultas más comunes por temas dolor son las asociadas a la traumatología.
Medicina y electricidad: una larga historia de éxito
E.G.
El uso de electricidad modulada para un tratamiento médico no es nuevo. Sin ir más lejos, los primeros marcapasos datan de la década del 50, en el siglo pasado, y originalmente eran dispositivos externos y voluminosos, pero que ya permitían la posibilidad de intervenir sobre el ritmo del corazón y sostener la vida.
Los marcapasos implantables llegaron pocos años después, todavía rudimentarios, con baterías de corta duración de vida autónoma, y su implantación en el paciente cardíaco implicaba riesgos quirúrgicos elevados.
Con el tiempo, la miniaturización, la mejora en los materiales biocompatibles y el desarrollo de baterías de larga duración transformaron al marcapasos en una tecnología muy segura y cada vez más accesible.
Las mejoras tecnológicas siguieron llegando, y actualmente hay dispositivos, como el Micra, desarrollado por la compañía Medtronic, entre otros, que directamente eliminaron el uso de cables para llevar los estímulos eléctricos y que se implantan directamente en los tejidos del corazón.
Además, los médicos llegan al lugar donde lo implantarán por medio de un catéter, una técnica que hace que su colocación sea mínimamente invasiva.
Hoy se estima que, en el mundo, se implantan entre 1 y 1,5 millones de marcapasos, cifra que refleja tanto la popularización de esta opción como el envejecimiento poblacional que la necesita.
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