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BLOOMBERG / CAMBIO DE MANDO
martes 7 agosto, 2018

La "paz" colombiana llevó más muertes y cocaína a zonas rebeldes

Las promesas de nuevas medidas de seguridad y sustitución de cultivos no se cumplieron. Los exguerrilleros se están rearmando, la tasa de homicidios aumentó y cientos de personas huyen dejando vacías las escuelas y las empresas.

Matthew Bristow

Foto: Photographer: Nicolas Bedoya/Bloomberg
martes 7 agosto, 2018

En el extremo norte de los Andes colombianos, donde durante décadas los rebeldes marxistas controlaron la producción de cocaína y lucharon contra el Ejército, el muy elogiado acuerdo de paz de 2016 supuestamente iba a cambiar todo. Y lo hizo… para peor. Las promesas de nuevas medidas de seguridad y sustitución de cultivos no se cumplieron. Donde había un mandato guerrillero brutal —pero claro—, ahora hay una cacofonía de mafias de narcotráfico, cada una de las cuales les cobra a los agricultores tanto dinero por su protección que el café, el ganado e incluso la cocaína apenas si son rentables. Los exguerrilleros se están rearmando, la tasa de homicidios aumentó y cientos de personas huyen dejando vacías las escuelas y las empresas.

"Es una reconfiguración criminal por el control del territorio y las economías ilegales", dijo Ariel Ávila, analista político de la Fundación Paz y Reconciliación de Bogotá. "Lo que nadie sabía es que el Estado fuera tan lento para llegar a esa zona". El Gobierno pasó cuatro años negociando un acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que le valió al presidente saliente Juan Manuel Santos un Premio Nobel. Pero luego el Estado en la práctica abandonó Ituango y otras zonas de las FARC. El presidente electo, Iván Duque, que asumió este martes, se enfrenta a una producción récord de cocaína, zonas rurales invadidas por ejércitos privados y la extensión de las disidencias de las FARC.

Duque dice que la coca, la materia prima para la elaboración de cocaína, es una “amenaza existencial” para el país, que él combatirá usando fumigación aérea con herbicidas y con erradicación forzosa de las matas, así como con programas de sustitución de cultivos. Esto es música para los oídos del Gobierno de los Estados Unidos pero privará a muchas familias locales de su única fuente de ingresos.

Las promesas del acuerdo de paz nunca se llevaron a la práctica. Tan pronto como las FARC dieron un paso atrás, grupos paramilitares ingresaron a Ituango, recorriendo establecimientos rurales y caseríos en grupos de doce o más. Ni una sola mata de coca fue arrancada aquí como consecuencia del programa de sustitución de cultivos prometido. Los proyectos destinados a crear trabajo para los exguerrilleros no se concretaron.

El Estado dejó a los exmiembros de las FARC "solamente con los calzoncillos", dijo un exguerrillero, que contó que tanto los disidentes como un cartel de la droga han tratado de reclutarlo. El cartel le ofreció 800.000 pesos colombianos (US$280) mensuales, añadió.

El Gobierno había dicho que el acuerdo de paz aumentaría el crecimiento al menos medio punto porcentual por año, pero hasta ahora hay pocas señales de tal “dividendo de la paz”. El año pasado, la economía colombiana creció al ritmo más lento desde la crisis financiera mundial. Desde el acuerdo, Ituango se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos del planeta. En lo que va del año, allí han sido asesinadas 43 personas, frente a ocho en todo 2016. Eso hace de Ituango, que tiene una población de unos 25.000 habitantes, un lugar cuatro veces más mortal que El Salvador, el país más violento del mundo.


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