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BLOOMBERG / ANÁLISIS INTERNACIONAL
jueves 21 febrero, 2019

Los Estados Unidos, un país rico con síntomas de país en desarrollo

El otro día llegué tarde a cenar, pero no fue mi culpa. El tráfico estaba estancado en toda la ciudad de San Francisco porque empezaron a caer pedazos de concreto de lo alto del puente Richmond-San Rafael. Infortunadamente, no fue un evento muy inusual: en 2016, el puente de la bahía fue cerrado luego de que empezaran a caer pedazos de concreto de un túnel. Los problemas tampoco se limitan a los puentes: el Transbay Transit Center fue cerrado a finales de 2018 cuando se descubrió grietas en sus

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Noah Smith


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El otro día llegué tarde a cenar, pero no fue mi culpa. El tráfico estaba estancado en toda la ciudad de San Francisco porque empezaron a caer pedazos de concreto de lo alto del puente Richmond-San Rafael. Infortunadamente, no fue un evento muy inusual: en 2016, el puente de la bahía fue cerrado luego de que empezaran a caer pedazos de concreto de un túnel. Los problemas tampoco se limitan a los puentes: el Transbay Transit Center fue cerrado a finales de 2018 cuando se descubrió grietas en sus columnas.

Estos pequeños ejemplos son el tipo de incidente que podría esperarse de un país en desarrollo, donde las cosas se construyen mal o barato. Sin embargo, California tiene costos de construcción arruinadoramente altos; el gobernador Gavin Newsome canceló recientemente la mayor parte del plan para el ferrocarril de alta velocidad del estado porque el precio se elevó de US$45.000 millones a US$75.000 millones.

Y los problemas no se limitan a California: en todo el país, los costos de construcción para los sectores público y privado se han incrementado mientras que la productividad se ha estancado o ha caído. Es mucho más costoso construir un kilómetro de ferrocarril en EE.UU. que en Francia, a pesar de que este último está mucho más sindicalizado.

Nadie logra identificar la razón; en cambio, parece que EE.UU. está plagado de corrupción, licitaciones ineficientes, altos costos de adquisición de terrenos, excesos de personal, barreras regulatorias, mal mantenimiento, dependencia excesiva de los consultores y otros problemas. Estas ineficiencias aparentemente menores se acumulan en un país que ha olvidado cómo construir. No es de sorprender que la mayor parte de la infraestructura del país permanezca en un estado de abandono.

Todo esto plantea una pregunta preocupante: ¿es posible que un país rico e industrializado vuelva a caer en los rangos medios? Naciones Unidas clasifica a los países como desarrollados, en desarrollo, y una categoría intermedia llamada "en transición". Generalmente se asume que las economías en transición van hacia arriba, no hacia abajo.

EE.UU. sigue siendo un país muy rico, más que Alemania, Suecia, Japón, Canadá o Dinamarca. No obstante, esa riqueza esconde una variedad de áreas en la que EE.UU. parece más disfuncional que sus pares. Los costos de construcción son una de ellas. Otra es la salud: el sistema híbrido público-privado de EE.UU. termina siendo mucho más costoso que en otros países con sistemas dominados por el gobierno:

La cifra crece a ritmo constante. Sin embargo, a pesar de este generoso gasto, EE.UU. tiende a obtener resultados de salud peores en muchas mediciones. Algunas alarmantes tendencias recientes resaltan la enorme falla actual del sistema. Hace cinco años, la expectativa de vida, que sigue creciendo en muchos otros países, empezó a caer en EE.UU.:

La mayoría de los países también han visto un declive en la mortalidad materna. En EE.UU., sin embargo, la tasa ha crecido en los últimos años. Además, en parte debido a los altos costos de construcción y en parte a las restricciones en la construcción de vivienda, el país se enfrenta a una crisis de accesibilidad de la vivienda:

También padece de una trágica epidemia de opioides. Las tasas de suicidio han incrementado considerablemente. El agua potable de ciudades enteras ha sido contaminada con plomo. La corrupción está creciendo. La lista continúa. Otras disfuncionalidades son de más larga data. EE.UU. tiene una población carcelaria enorme y una tasa de crímenes violentos mucho más alta que la de otros países desarrollados. También padece más pobreza y hambre.

Algunos han sugerido que de hecho EE.UU. es dos países en uno: una nación desarrollada para los ricos y una en desarrollo para los pobres. Sin embargo, las tendencias recientes, como la caída de la productividad de la construcción y el aumento en los costos de la salud sugieren que la desigualdad no es la única historia en este caso. Simplemente, EE.UU. se está volviendo menos eficiente en una gran cantidad de medidas.

¿Cómo puede continuar esta pérdida de eficiencia sin dañar la riqueza general del país? Nadie lo sabe, pero si eventualmente EE.UU. retrocede en términos de producto interno bruto, no sería el primer país rico en hacerlo en los últimos años. Italia ya ha seguido ese camino:

Italia ha sido políticamente disfuncional y ha estado dividido por mucho tiempo. Durante casi una década, un presidente corrupto, divisivo y populista, Silvio Berlusconi, empeoró la situación. Ciertamente, la comparación con EE.UU. no parece alentadora.

EE.UU. no debería esperar a ver si la tendencia actual persiste. En cambio, debe haber un enfoque nacional en reducir los costos de las industrias clave, mejorar la salud de la población, incrementar la densidad de las ciudades en expansión del país, actualizar el transporte público y reducir la corrupción y el desperdicio, tanto en el sector público como en el privado. Si EE.UU. quiere seguir siendo un país desarrollado, debería intentar verse y actuar como tal.


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