viernes 30 de julio de 2021
BLOOMBERG OPINIÓN
31-03-2021 01:30

Sigamos limpiando como si fuera el año 2020

Puede que las pandemias no sean algo positivo, pero el covid-19 ha traído un cambio que ojalá dure: la obsesión con la limpieza.

31-03-2021 01:30

Puede que las pandemias no sean algo positivo, pero la pandemia de covid-19 trajo un cambio que ojalá dure: la obsesión con la limpieza.

No es que la limpieza de las superficies haya hecho mucho para contener el virus. La transmisión del covid por superficies contaminadas es “bajísima”, me dijo Joseph Allen, experto de Harvard en salud y seguridad en edificios. Puede que las personas se sientan más seguras al ver que pulverizan lugares como aeropuertos y cines con galones de desinfectante, pero “en este momento, está claro que estamos limpiando en exceso”, dijo Allen.

Sin embargo, antes de la pandemia, limpiábamos en defecto. Muestras que fueron tomadas en el metro de Nueva York en 2015 revelaron más de cien cepas de bacterias, incluidas algunas asociadas con meningitis e infecciones del tracto urinario. La práctica estándar de la Autoridad de transporte metropolitano (MTA, por sus siglas en inglés) antes de la pandemia era limpiar ligeramente los vagones del metro una vez al día y limpiarlos a fondo cada 72 días. Para un sistema que transporta a más de cinco millones de pasajeros todos los días, lo único que puedo decir es: ¡qué asco!

Nuestras oficinas tampoco eran particularmente higiénicas. En mayo de 2020, hablé con Jennifer Kaufmann-Buhler, autora de “Open Plan: A Design History of the American Office” (Plan abierto: una historia de diseño de la oficina estadounidense), quien me dijo que las oficinas daban “asco” precisamente porque son el tipo de lugares que nunca parecían especialmente sucios, por lo que la mayoría de las empresas no invertían mucho en su limpieza. Los conserjes a tiempo completo perdieron hace mucho tiempo sus empleos, que luego quedaron en manos de aseadores con exceso de trabajo y bajas remuneraciones.

Al combinar eso con la presión corporativa que hay para demostrar compromiso al trabajar cuando se está enfermo, el resultado es un entorno donde la enfermedad puede propagarse rápidamente. Un estudio de 2013 muy reconocido mostró una simulación en la que los virus se propagan de la mano de un solo empleado a la mitad de las superficies de oficinas compartidas en solo cuatro horas. La limpieza y el lavado de manos reducen drásticamente la velocidad de transmisión.

No todos los países permiten que sus espacios compartidos se ensucien tanto. Antes del covid, no era inusual volar a casa desde el extranjero y sorprenderse por la suciedad de los aeropuertos estadounidenses. Antes de cualquier viaje en Amtrak, estresaba pensar qué estaría más o menos sucio, ¿el baño de mujeres de Penn Station o el baño del tren?

No había necesidad de vivir así. Además, hay beneficios reales para la salud, y no están relacionados con el covid. Incluso podría convertirnos en personas más productivas. Si bien Allen enfatiza que una mejor ventilación es la mejor medida para mantener a las personas sanas, también ha escrito sobre evidencia de que los trabajadores tienen más dolores de cabeza y escriben más lentamente cuando están en espacios con alfombras contaminadas. ¿Por qué no abrir la ventana y sacar la aspiradora?

Limpiar no es sinónimo de pasar un buen rato para nadie. También cuesta dinero a compañías y ciudades, y significa tener cerrar algunas instalaciones mientras los equipos de limpieza están trabajando.

Pero la pandemia ha dejado en claro que muchos de los atajos que tomamos para evitar limpiar —desde rociar desinfectante hasta usar productos “antimicrobianos”— no funcionan tan bien. Estos atajos son, en el mejor de los casos, una ilusión. En el peor de los casos, pueden introducir productos químicos nocivos en nuestro medio ambiente o crear superbacterias resistentes a los antibacterianos.

Después de que el covid-19 retroceda, los invito a que sigamos usando jabón, agua y desengrasante para mantener limpios todos los espacios.

En esta Nota