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lunes 15 octubre, 2018

Los venezolanos recurren a emprendimientos para poder sobrevivir a la crisis

La hiperinflación y la escasez tienen al corazón socialista de la revolución bolivariana latiendo con espíritu empresarial.

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Patricia Laya


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Foto: Photographer: Carlos Becerra/Bloomberg

"¡Llegó la señora de las bombillas!". Yessica Vaamonde pasa los fines de semana subiendo las escaleras estrechas del barrio pobre más grande de Caracas, Petare, preguntando por bombillas dañadas. Ofrece 30 bolívares por cada una, en efectivo, que recolecta vendiendo aguacates en una de las avenidas más concurridas de la ciudad venezolana.

Con las bombillas envueltas en un periódico, Vaamonde las lleva a una habitación sin ventanas, del tamaño de un armario, en el mercado Gloria al Bravo Pueblo, donde está su esposo. José Ramírez abre la base, revisa cables diminutos de cobre y repara las intrincadas piezas con la facilidad de alguien que arregla hasta 50 en un día. Las revende por 100 bolívares cada una, un margen de ganancia considerable, pero muy por debajo de los 400 bolívares que cobran las tiendas por una nueva.

La hiperinflación y la escasez tienen al corazón socialista de la revolución bolivariana latiendo con espíritu empresarial. Los ciudadanos desesperados se ganan la vida excavando pozos de agua, cambiando plátanos por cortes de pelo y transportando pasajeros en camiones de carga animal. La erosión de la economía ha creado mercados y actores de mercado donde antes no existían.

"Tuve que improvisar en esta crisis", afirmó Ramírez, de 31 años, quien siempre tuvo la habilidad de arreglar cosas, como controles remotos de televisión y microondas. “Hoy en día muchas personas tienen que elegir la comida antes que comprar bombillas. Hago las cosas bien y los ayudo a pagar por un buen producto que dure".

En Venezuela, los productos de cualquier calidad son cada vez más escasos. Los ingresos del petróleo que permitieron al fallecido presidente Hugo Chávez nacionalizar miles de empresas se evaporaron. El gobierno de Venezuela ha ampliado su control sobre la mayor parte de la economía, desde la distribución de alimentos hasta los intercambios de divisas.

La escasez de alimentos es rampante y la producción de petróleo en el otrora gigante de la industria es la mitad de lo que era a principios de 2016. Los intentos del presidente Nicolás Maduro de frenar el derrumbe han sido ineficaces.

"Este esfuerzo draconiano por ampliar la influencia del Estado en todos y cada uno de los círculos de la vida y los negocios ha creado un mercado negro para todo lo que toca", planteó Omar Zambrano, economista de Caracas que ofrece servicios de consultoría.

Apenas la humanidad se graduó de la caza y la recolección surgieron los mercados. Las primeras instituciones formales parecen haber comenzado en la Media Luna Fértil. En la isla micronesia de Yap, exploradores marinos llegaron con enormes discos de piedra caliza que servían como moneda estacionaria y monumental. Hoy en día, los mercados son omnipresentes para todo, desde entradas para eventos deportivos hasta acuerdos de Wall Street realizados en segundos. Pero en Venezuela, el comercio está volviendo a una era anterior de experimentación e invención.

"Cuando se piensa en casos como la Unión Soviética o China, ambas economías se caracterizaron por la escasez y, pese a la significativa participación estatal, una gran parte de la economía se vio respaldada por la actividad empresarial", explicó Geoffrey Jones, profesor de historia empresarial de la Escuela de Negocios de Harvard. “En algunos casos, en realidad es lo que ha mantenido a los países en marcha. Se ven regímenes que tienden a tolerarlos, porque saben las consecuencias para ellos si no lo hacen".

Con pocos venezolanos capaces de comprar algo nuevo, mercados enteros están llenos de puestos donde se pueden arreglar teléfonos móviles o microondas. Costureras y zapateros se han mudado a tiendas que alguna vez vendieron ropa y zapatos nuevos. En momentos en que miles de personas huyen del país, anuncios en las calles ofrecen comprar oro y plata o fundirlos para fabricar algo nuevo. La locura por una criptomoneda tiene a la gente usando computadoras día y noche, aprovechando la electricidad casi gratuita para "minar" la moneda virtual. Algunos viven íntegramente de conseguir trámites imposibles en agencias gubernamentales o convertir bolívares en dólares mediante el arbitraje en el mercado negro.

Los omnipresentes vendedores ambulantes se ven diferentes hoy en día: no tienen paquetes de maní pegados a cartones o bandejas de cigarrillos. La gente tiene poco dinero para tan pequeños lujos. En su lugar, gritan "¡blanqueador!" mientras transportan botellas sin marca, intercambian artículos por aceite y protegen pilas de papel higiénico de la lluvia con láminas de plástico.

Cerca de Petare, el mercado Gloria al Bravo Pueblo es un laberinto oscuro de habitaciones pequeñas, como una gigantesca unidad de almacenamiento repleta de artesanos de todo tipo. En medio de gritos, golpes y el ruido de las persianas metálicas, arreglan viejas máquinas de coser, remendan vestidos de novia y reparan calentadores de agua, todo bajo el mismo techo.

Yhoan Guerrero, padre de 33 años, trabajó como paramédico en Caracas hasta que el salario no le permitió sobrevivir. Luego, al notar el alza del precio de los neumáticos, aprendió a coser, parchar, rellenar y dar forma a neumáticos rotos y ahora produce casi cuatro veces más. Llama al proceso "cirugía completa de llantas".

"Salvamos a la gente aquí", señaló Guerrero, con sus manos oscurecidas por la grasa y la goma, mientras usaba su peso para sacar un neumático de la llanta. “Con el país como está, nadie puede comprar un neumático nuevo. He construido una clientela leal en los últimos siete meses. No quieren que nadie más toque sus neumáticos".

Con un colega, realiza alrededor de siete cirugías de llantas al día en una tienda del tamaño de un garaje en el oeste de Caracas, todo mientras hace malabares con reparaciones más simples. Una cirugía promedio cuesta cerca de 1.000 bolívares (alrededor de US$7,70) indicó. Los neumáticos nuevos cuestan desde US$60 en las tiendas de la ciudad, mientras que el salario mínimo mensual equivale a unos US$15.

A menudo la gente viene pidiendo un arreglo barato, detalló. En esos casos, llena sus neumáticos con espuma plástica y la funde con gasolina; Otras veces usa aserrín y jabón líquido. "Los pone en movimiento otra vez".

"La mayoría de los venezolanos no tuvieron que luchar para sobrevivir porque vivieron del petróleo durante mucho tiempo", comentó el historiador Tomas Straka, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas. "Estamos viendo un nuevo fenómeno en las peores circunstancias".


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