En diálogo con Canal E, el presidente de Lógica, contador y abogado Matías Olivero Vila, analizó el impacto de las tasas municipales en la economía y sostuvo que muchas de ellas funcionan en la práctica como impuestos encubiertos.
Según explicó, el primer punto clave es la naturaleza misma de una tasa. “Para que haya una tasa municipal tiene que haber una contraprestación de un servicio. Eso es lo que lo distingue de un impuesto”, remarcó. En otras palabras, el pago debe estar directamente asociado a un servicio concreto que el municipio le brinde al contribuyente.
En ese sentido, ejemplificó con servicios tradicionales como alumbrado, barrido y limpieza, o las inspecciones de seguridad e higiene. “Tiene que haber inspectores que vayan a tu comercio para hacer la inspección específica de tu comercio”, indicó, al explicar que la tasa debe corresponderse con un servicio directo y verificable.
Sin embargo, Olivero Vila sostuvo que el principal conflicto aparece cuando se analiza el monto que se cobra. De acuerdo con la doctrina tradicional del derecho tributario, el valor de una tasa debería estar vinculado al costo del servicio que presta el Estado.
“El importe tiene que estar en relación a los costos del servicio recibido, no en base a los ingresos totales”, afirmó. No obstante, señaló que en muchos municipios el cálculo se realiza tomando como base la facturación de las empresas, lo que termina transformando la tasa en un tributo similar a un impuesto.
El impacto en los precios y el consumo
El especialista advirtió que el efecto de estas cargas no se limita a las empresas, sino que inevitablemente se traslada al consumidor final. “Las tasas se terminan trasladando tarde o temprano al consumidor”, explicó.
En este sentido, indicó que cuando los costos tributarios se vuelven demasiado altos, se producen distorsiones en el mercado. Algunos productos desaparecen o pierden competitividad frente a alternativas importadas o compradas en el exterior. “En muchos casos se quita un producto del mercado porque nadie puede afrontar un costo tan alto como el que tiene el comerciante”, señaló.
Para explicar este fenómeno, Olivero Vila utiliza lo que denomina el concepto de “sal tributaria”. Según describió, el consumidor suele preocuparse solo por los impuestos visibles, como el IVA, pero en realidad paga una larga cadena de cargas fiscales que se acumulan a lo largo del proceso productivo.
“No solamente pedir por la baja de los impuestos que legalmente pagamos, sino aquellos que económicamente terminamos soportando al final de la cadena”, subrayó.
Transparencia fiscal y presión social
Otro de los problemas centrales, según el especialista, es el desconocimiento de los ciudadanos sobre cuánto pagan realmente en impuestos. Por ese motivo, desde la organización Lógica impulsan el régimen de transparencia fiscal al consumidor.
La iniciativa busca que en los tickets de compra se detalle qué parte del precio corresponde al producto y qué parte a impuestos nacionales, provinciales y municipales. “Algo tan simple como saber, en el ticket, qué parte de lo que nosotros pagamos va al producto y qué parte va a la ‘sal tributaria’ nacional, provincial y municipal”, explicó.
Actualmente, los impuestos nacionales ya comienzan a aparecer en algunos comprobantes, pero el avance a nivel provincial y municipal es mucho más lento.
Según Olivero Vila, cuando esa información sea plenamente visible para los ciudadanos, la presión política para bajar impuestos será inevitable. “El día que esto sea conocido, la experiencia de Brasil nos muestra que la gente reacciona y empieza a pedir bajas de impuestos”, concluyó.