La inflación volvió a ocupar el centro del debate tras el dato de marzo, pero Eduardo Coria Lahoz pidió mirar más allá del índice general. El economista sostuvo que la clave para entender la tendencia es la inflación núcleo, porque refleja “la parte dura” del proceso y ayuda a anticipar si la inflación se está acelerando o desacelerando. “La inflación núcleo es esta misma canasta, pero sacándole el precio de los bienes estacionales”, explicó, y definió que allí queda lo más tendencial del índice.
El dato que destacó encendió una señal de alerta para el corto plazo. Coria Lahoz afirmó que en los últimos siete u ocho meses la inflación núcleo “pasó prácticamente del 1,5 al 3%”, es decir, “se ha duplicado”. Su lectura es que esa duplicación obliga a buscar causas y a evaluar cómo se comportará el IPC general en los meses siguientes.
En su análisis, la inflación no se explica por un solo factor, sino por un cruce de variables internacionales y decisiones domésticas. El economista vinculó la suba reciente al encarecimiento de la energía y la logística global, y también al cambio de prioridades del Gobierno desde enero de 2026, cuando puso el foco en acumular reservas. “A partir del 1ro de enero hubo un cambio de política económica y el gobierno puso el foco en la acumulación de reservas”, sostuvo, y a partir de ahí desarrolló su hipótesis sobre emisión, tasas y reactivación.
Qué es la inflación núcleo y por qué importa: “parte dura” y señal de tendencia
Coria Lahoz explicó que el IPC general incluye una canasta amplia y que la núcleo se obtiene al excluir los estacionales. “Cuando vos le sacás al índice de precios general esta componente estacional, te queda este concepto de índice de precios núcleo”, indicó. Dijo que esa medición es “la parte dura” y “más bien tendencial”, porque muestra si el proceso se mueve “al alza” o “a la baja”.
Según el economista, la señal reciente es clara y no depende de un solo mes. Afirmó que la núcleo “se ha duplicado” y que eso obliga a entender qué está pasando con los costos y con la política económica. En su interpretación, cuando la núcleo sube durante varios meses, es más difícil adjudicarlo a un fenómeno aislado y más razonable pensar en presiones persistentes.
Para explicar el componente externo, Coria Lahoz puso el foco en energía. Sostuvo que “el conflicto Medio Oriente no es gratis” y que el aumento del petróleo encarece combustibles y logística, elevando costos de transporte de materias primas y productos finales. Luego conectó ese impacto global con el caso argentino: si suben energía y logística en el mundo, “a nivel local también van a aumentar” por el tipo de importaciones que realiza el país.
El economista aportó un dato estructural para sostener esa relación. “Argentina, partamos de la premisa que el 85% de las importaciones argentinas son bienes de capital o insumos industriales”, afirmó. Su punto es que buena parte de lo que Argentina compra afuera son componentes y materiales que la industria necesita, por lo que el aumento de costos externos se filtra rápidamente en precios internos.
Cambio de política 2025–2026: emisión para comprar reservas y el dilema de esterilizar o reactivar
Una parte central de su lectura es que el Gobierno cambió prioridades. Coria Lahoz sostuvo que antes de las elecciones de octubre el principal foco era controlar la inflación y que, tras ese proceso, el orden cambió. Planteó que “pasadas las elecciones, la inflación pasó a un segundo plano” y que el viraje se hizo visible desde el 1° de enero de 2026.
El punto de inflexión, según explicó, fue la acumulación de reservas. “¿Y qué tenés que hacer para acumular reservas? Obviamente comprarla. Pero ¿con qué la compras? Con pesos”, dijo. Y completó la idea con una frase directa: “esos pesos los tenés que emitir”, lo que “se empieza a trasladar a precios” cuando aumenta el circulante.
En su análisis, el Gobierno tenía una alternativa técnica, pero con costos. Señaló que el Tesoro podría haber “esterilizado” el excedente, emitiendo letras o bonos para absorber pesos. Sin embargo, advirtió que esa estrategia “iba a frenar la economía”, y que ese es el otro problema de fondo: la presión social por reactivar actividad y empleo.
Coria Lahoz describió el dilema como una tensión de demandas. Dijo que antes los organismos internacionales reclamaban reservas, pero ahora “la sociedad le exige” al Gobierno reactivar, lo que implica no “secar la plaza de pesos”. Su argumento es que, si hay pesos circulando, la gente puede gastar más y la economía puede empezar a moverse, aun cuando eso complique el objetivo de desinflación rápida.
Tasas, crédito y consumo: baja de interés, cuotas y tiempos de reactivación
El economista afirmó que en las últimas semanas se empezó a observar una reorientación hacia la reactivación. Sostuvo que desde principios de abril, el Tesoro y el Banco Central iniciaron una política de “disminución de la tasa de interés”. Explicó que la tasa actúa por dos canales: baja el costo de financiamiento de empresas y también impulsa el consumo de hogares a través del crédito.
En el canal empresarial, fue explícito. Dijo que si se baja el costo de financiamiento, las empresas “van a querer producir más” y pueden pasar de recortar personal a “empezar a contratarlos” e invertir en bienes de capital. Vinculó esa reacción con otra política previa: la apertura comercial, que obliga a competir con importados, algo que “era imposible” con tasas muy altas el año pasado, mencionando niveles de 150–160% anual.
En el canal de consumo, Coria Lahoz usó un ejemplo cotidiano. Afirmó que antes un electrodoméstico se pagaba “en tres cuotas, pero con interés” y que ahora puede comprarse “en 12 cuotas sin interés”. Según su análisis, esa disponibilidad de financiamiento puede aportar demanda y funcionar como motor de reactivación, aunque con rezagos.
Sobre los tiempos, advirtió que el giro no es inmediato. Comparó la economía con “una locomotora a vapor” y explicó que acelerar no implica moverse al instante: el efecto se ve en meses. Estimó que la economía tardará “todo el segundo trimestre” y “buena parte del tercer trimestre” en mostrar señales de crecimiento, aun si el programa se mantiene.
Finalmente, presentó una lectura sectorial sobre quién empuja y quién todavía no arranca. Señaló que hay sectores creciendo fuerte, como el petrolero, el agroexportador y un minero “incipiente”, pero que “representan menos del 50%” del empleo. Para el resto, su expectativa es que mejore si la baja de tasas y la disponibilidad de crédito se sostienen, aunque “va a demorar dos, tres, cuatro, cinco meses más” como mínimo.