Un contaminante químico casi desconocido para el público general fue identificado como “ampliamente presente” en la atmósfera y encendió alertas en la comunidad científica. Se trata del metilsiloxano, un compuesto sintético derivado de las siliconas, cuyo nivel de exposición diaria por inhalación podría ser superior al de otros contaminantes ya conocidos, como los PFAS o los microplásticos. El hallazgo surge de un nuevo estudio internacional que analizó muestras de aire en distintos países.
El metilsiloxano se utiliza de forma extendida en la industria, el transporte, los cosméticos y una amplia variedad de productos para el hogar. Hasta ahora, la evidencia sugería que su presencia en el aire estaba limitada a zonas cercanas al tráfico vehicular, asociada a la evaporación de productos industriales y lubricantes.
Sin embargo, una investigación reciente demostró que esa hipótesis era incompleta. El trabajo fue liderado por científicos de la Universidad de Utrecht, Países Bajos, quienes detectaron concentraciones significativas del contaminante en ambientes urbanos, costeros, rurales y forestales, lo que indica una dispersión mucho más amplia de lo que se creía.
El dato más inquietante es que, pese a esta presencia generalizada, los investigadores reconocen que no se conocen los efectos del metilsiloxano sobre la salud humana, ni sus posibles consecuencias a largo plazo. La exposición continua por inhalación abre interrogantes que todavía no tienen respuesta.
Qué es el metilsiloxano y por qué su presencia genera preocupación
El metilsiloxano es una clase de compuesto sintético perteneciente a la familia de las siliconas. Se emplea de manera habitual en procesos industriales, en el transporte -especialmente asociado a aceites y lubricantes-, en productos cosméticos y en artículos de uso doméstico. Su uso extendido explica, en parte, su liberación constante al ambiente.
Durante años, los estudios indicaban que estos compuestos se detectaban principalmente en áreas con alto tránsito vehicular. Esa conclusión se basaba en la idea de que las moléculas más grandes de metilsiloxanos no se evaporaban fácilmente y quedaban restringidas a zonas específicas.
El nuevo análisis cambió ese panorama. El equipo científico tomó muestras de aire en distintas regiones de los Países Bajos, Lituania y Brasil, con el objetivo de medir la presencia de macromoléculas de metilsiloxano en diferentes contextos ambientales.
Los resultados mostraron que estos compuestos están presentes prácticamente en todas partes. “Los resultados también sugieren que las concentraciones de metilsiloxano en la atmósfera son mucho más altas de lo esperado”, explicó Rupert Holzinger, profesor asociado de la Universidad de Utrecht y codirector del estudio.

Las concentraciones más elevadas se registraron en zonas urbanas. En el área metropolitana de São Paulo, Brasil, las mediciones alcanzaron los 98 nanogramos por metro cúbico, uno de los valores más altos detectados durante la investigación.
En contraste, los niveles más bajos se encontraron en entornos forestales, como en Rugsteliskis, Lituania, donde las concentraciones descendieron a 0,9 nanogramos por metro cúbico. Aun así, la presencia del contaminante fue constante en todos los sitios analizados.
Exposición humana, fuentes de emisión y riesgos aún desconocidos
El estudio también avanzó sobre el origen de estas partículas en suspensión. El análisis indicó que más de la mitad del metilsiloxano detectado se propaga por emisiones del tráfico, y que la fuente más probable es el aceite de motor utilizado en los vehículos.
Este hallazgo refuerza la idea de que, más allá de las áreas industriales, la circulación cotidiana de autos y camiones es un factor central en la dispersión del contaminante. La diferencia es que ahora se sabe que esas partículas no quedan confinadas a zonas urbanas, sino que se trasladan y permanecen en el aire a gran escala.
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Dado que el metilsiloxano está presente en casi todos los entornos analizados, los investigadores consideran probable que los seres humanos estén expuestos de manera continua. Según el estudio, las personas podrían inhalar “cantidades considerables” de este compuesto todos los días.
“Estimamos que la dosis diaria de inhalación de metilsiloxanos puede superar la de otros compuestos sintéticos, como los PFAS y los micro y nanoplásticos”, afirmó Holzinger. Y agregó: “Por lo tanto, subrayamos la necesidad urgente de evaluar estos impactos en la salud”.
Hasta el momento, no existen datos concluyentes sobre las consecuencias sanitarias de esta exposición. A diferencia de otros contaminantes atmosféricos regulados, el metilsiloxano no forma parte de los parámetros habituales de control de la calidad del aire.
Además del posible impacto en la salud humana, los científicos advierten que estos compuestos de gran tamaño molecular podrían influir en el cambio climático, aunque este aspecto también requiere investigaciones específicas para determinar su verdadero alcance.
En el trabajo publicado por el equipo, los autores advierten: “En conjunto, estas consideraciones resaltan la necesidad de una investigación exhaustiva y oportuna sobre los metilsiloxanos en la materia particulada atmosférica, dadas sus posibles implicaciones para la salud humana, el cambio climático y la sostenibilidad ambiental”.
RV / EM