La misión Artemis II, protagoniza este lunes uno de los eventos más impactantes de la exploración espacial reciente: un eclipse solar de 53 minutos que solo podrá ser observado por los astronautas a bordo de la nave Orión, mientras sobrevuelan la cara oculta de la Luna.
El fenómeno ocurre en un contexto histórico, ya que la tripulación —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— alcanza la mayor distancia recorrida por humanos desde 1970, superando incluso el récord de la misión Apolo 13.
Eclipse solar en Artemis II: por qué no se puede ver desde la Tierra
El eclipse se produce cuando la Luna se interpone completamente entre el Sol y la nave Orión. Desde la perspectiva de los astronautas, el Sol desaparece detrás del satélite, generando un oscurecimiento total en pleno espacio profundo.
Sin embargo, este evento no es visible desde la Tierra porque ocurre en la cara oculta de la Luna, una región que nunca apunta hacia nuestro planeta debido al acoplamiento gravitacional.

La duración —de aproximadamente 53 minutos— lo convierte en un fenómeno excepcional, ya que los eclipses solares terrestres suelen durar solo unos pocos minutos.
Qué verán los astronautas durante el eclipse y el sobrevuelo lunar
Además del eclipse, la tripulación será testigo de otros eventos visuales únicos:
- La “puesta de la Tierra”, cuando el planeta desaparece detrás del horizonte lunar.
- El “Earthrise”, el momento en que la Tierra vuelve a aparecer.
- La reaparición del Sol, descrita como un “amanecer” desde el espacio.
Durante ese lapso, los astronautas también observarán la corona solar, una capa externa del Sol difícil de estudiar desde la Tierra, lo que representa una oportunidad científica clave.
Cara oculta de la Luna: qué estudia la NASA en Artemis II
El paso por la cara oculta no solo tiene valor simbólico, sino también científico. Allí, la tripulación cuenta con aproximadamente una hora para realizar observaciones directas de la superficie lunar.
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Los especialistas destacan que el ojo humano puede detectar matices que los instrumentos automáticos no siempre registran. Este tipo de observación fue clave en el programa Apolo, cuando se identificaron colores inusuales en el suelo lunar que revelaron actividad volcánica.
En Artemis II, los astronautas deberán registrar colores, texturas y detalles del terreno, especialmente en regiones que nunca fueron observadas directamente por humanos.