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CIENCIA / patologias de verano
sábado 5 enero, 2019

Mal del ocio: por qué nos ataca cuando salimos de vacaciones

Pasar del estrés cotidiano al relax ocasiona cambios hormonales. Muchas personas sufren síntomas gripales y estomacales. Qué se recomienda.

por Florencia Ballarino

Disfrute. Desde las actividades lúdicas hasta el encuentro con otros, todo puede ayudar a mejorar el bienestar durante el descanso. Foto: shutterstock

Correr contrarreloj para terminar el trabajo, dejar las cuentas pagas, armar las valijas, cargar el auto, salir a la ruta hacia Mar del Plata o Pinamar y, finalmente, al llegar –cuando por fin uno puede tirarse en la reposera a tomar sol y no hacer nada por algunos días–, sobreviene un fuerte dolor de cabeza, un inoportuno resfriado o un malestar estomacal que impiden disfrutar a pleno las tan ansiadas vacaciones. Sufrir alguno de estos síntomas al iniciar el período de descanso es más común de lo que se cree y hasta tiene un nombre: “la enfermedad del ocio” o el “síndrome del tiempo libre”, tal como lo describió en 2002 el psicólogo holandés Ad Vingerhoets, de la Universidad de Tilburg.

Pero ¿por qué enfermamos justamente cuando nos vamos de vacaciones?

Según los expertos, hay varias hipótesis al respecto. La primera es que cuando por fin tenemos la oportunidad de relajarnos, las hormonas del estrés que nos ayudan a cumplir con la rutina laboral se descompensan y nos dejan expuestos a las infecciones. “Durante la actividad laboral el estrés siempre es más alto, se mantienen elevados los niveles de hormonas como el cortisol, que tiene efectos antiinflamatorios, y por otro lado también actúa la adrenalina, que es un estimulante del sistema inmunológico. Cuantos estos niveles disminuyen durante el descanso o en períodos de menor actividad pueden facilitar la aparición de enfermedades”, le explicó a PERFIL la psicóloga Verónica Rial, integrante del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de Ineco.

Para el doctor Daniel López Rosetti, jefe del Servicio de Medicina del Estrés en el Hospital de San Isidro, el estrés crónico tiene tres fases: alarma, resistencia y agotamiento. “En la etapa de resistencia se ponen en funcionamiento todos los mecanismos de estabilización de los sistemas fisiológicos, el mantenimiento de todas las variables biológicas dentro de los límites compatibles con la salud. La tercera etapa es el agotamiento: cuando claudican los mecanismos homeostáticos, con lo cual va a emerger alguna disfunción, por ejemplo endocrinológica o inmunológica. En verano, sobre todo en la costa, aparecen muchos trastornos digestivos. Mucho tiene que ver con esta etapa de agotamiento porque el sistema inmunológico también protege el interior del sistema digestivo”.

Es posible que el propio momento de descanso se convierta en el factor estresante

Más hipótesis. Una posibilidad muy distinta es que no sea el estrés laboral lo que nos haga enfermar, sino las propias vacaciones. “Es posible que el período vacacional en sí mismo pueda resultar estresante, por el solo hecho de no saber qué hacer, de no tener la capacidad hedónica y el apego al juego, al humor, a la diversión”, opinó López Rosetti. “En las vacaciones se presentan otros estresores: el cambio de rutina, de contexto, los desajustes entre las expectativas que la persona tenía sobre las vacaciones y la realidad. También se pueden dar estresores interpersonales. Uno pasa más tiempo con la familia, cuando en otros momentos –mientras que se da la rutina de trabajo– comparte otro tipo de actividades o menos tiempo”, agregó Rial.

El tercer motivo, apunta López Rosetti, es que las personas durante las vacaciones hacen lo que no debieran, se exceden tanto con las comidas, como en la exposición al sol y la actividad física. Basta con ver farmacias y consultorios médicos repletos en la costa.

Oportunidad. El período vacacional debería ser una oportunidad para el autocuidado: realizar una dieta balanceada, hacer actividad física y dormir bien.

Para no enfermar en vacaciones, los expertos recomiendan prevenir el estrés durante el año laboral, desconectar a diario al salir del trabajo y realizar actividades de ocio.

“Es importante que el descanso y la diversión estén presentes en lo cotidiano, sin dejar toda la expectativa puesta en el momento de las vacaciones ‘salvadoras’. Y aprovechar el descanso para conectarnos con eso que nos gratifica, pueden ser actividades lúdicas, el encuentro con otros, todo eso es necesario para construir un bienestar que todos necesitamos”, concluyó Rial.

 

Consejos de prevención

Las vacaciones son necesarias y muy sanas. No solo permiten recargar las pilas desde el punto de vista físico y mental para rendir bien y estar más activos al regresar al trabajo. Es que además hay muchos estudios que evidencian que el ocio tiene grandes beneficios para la salud. En su libro El arte y la ciencia de no hacer nada (Capital Intelectual), el neurocientífico estadounidense Andrew Smart plantea que no hacer nada conduce a un mejor funcionamiento cerebral. “El cerebro posee una red llamada red neuronal por defecto (RND) que se activa cuando estamos ociosos y que permite acceder al inconsciente, a la creatividad y a las emociones. Cuando estamos ocupados todo el tiempo, la actividad en la RND se suprime y muchos estudios muestran ahora que esto puede tener consecuencias negativas para la salud a largo plazo”, explicó Smart, profesor de la Universidad de Nueva York. Hace falta trabajar menos, hacer ejercicio y entregarse más al ocio.


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