El fragmento de cuatro toneladas de un cohete Falcon 9 de SpaceX habría chocado contra la superficie de la Luna a unos 8700 kilómetros por hora. Aunque el suceso ocurrió tal como lo anticipaban los científicos, la comunidad científica aún aguarda la confirmación visual que permitan confirmar el tamaño del cráter y analizar sus efectos.
Se trata de la segunda etapa del cohete Falcon 9 que había sido lanzado el 15 de enero de 2025. A bordo, el cohete transportaba dos módulos de alunizaje privados: el Blue Ghost de la compañía estadounidense Firefly Aerospace y el Resilience de la firma japonesa ispace. Mientras el primero logró aterrizar con éxito en marzo de 2025, el segundo terminó estrellándose sobre la superficie lunar.

Una vez cumplida su tarea de transporte, la estructura superior del cohete se quedó sin combustible, por lo que ya no tenía capacidad para encender sus motores y regresar a la Tierra para desintegrarse en la atmósfera. Con el paso de los meses, la combinación entre la gravedad y la actividad solar modificó su trayectoria hasta dirigirla hacia el satélite natural.

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El impacto se calculó para las primeras horas de este miércoles en la cara visible de la Luna, muy cerca del límite entre el día y la noche (la línea de terminador). Astrónomos profesionales y aficionados desplegaron telescopios de alta sensibilidad con la expectativa de registrar el destello inicial y la nube de polvo provocada por la colisión.
Sin embargo, las condiciones de iluminación impidieron captar imágenes en tiempo real.
Ahora, la confirmación dependerá principalmente de las fotografías que puedan obtener el Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA y el orbitador surcoreano Danuri, que sobrevolarán el lugar para comparar imágenes tomadas antes y después del impacto.
Qué esperan encontrar los científicos
Los investigadores estiman que el choque habría generado un cráter de entre 18 y 27 metros de diámetro, con una profundidad de hasta cinco metros, además de expulsar una enorme cantidad de regolito (el polvo que cubre la superficie lunar) y pequeños fragmentos de roca que podrían haberse elevado varios kilómetros antes de volver a caer.
A diferencia de la Tierra, la Luna no tiene atmósfera ni viento. Eso significa que tanto el nuevo cráter como las marcas del impacto permanecerán prácticamente intactas durante miles o incluso millones de años.
Como los científicos conocen con precisión la masa, la velocidad y el ángulo con el que impactó el Falcon 9, podrán comparar el resultado real con los modelos teóricos que utilizan para estudiar la formación de cráteres y el comportamiento del suelo lunar.

La NASA explicó que esos datos serán fundamentales para mejorar el diseño de futuras misiones, especialmente aquellas que prevén el regreso permanente de astronautas a la Luna mediante el programa Artemis.
MV/MSS