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COLUMNISTAS / SEÑALES PARA TODOS
domingo 25 agosto, 2019

Alberto Fernández o ‘la boba’

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por Jairo Straccia

Alberto Fernández, candidato del Frente de Todos. Foto: Cedoc

Desde el 11 de agosto a la noche, el establishment cambió de incógnita. La duda ya no es quién estará en la Casa Rosada desde el 10 de diciembre. La incógnita es si las increíbles señales que está mandando Alberto Fernández a los principales sectores del poder son el anticipo de un gobierno #peronistaracional del Frente de Todos o un amague que algunos ya bautizaron con el nombre de una histórica gambeta que inventó Andrés D’Alessandro en River Plate: “la boba”, una jugada en la que amagaba a cambiar de dirección pero que tras una pisada resolvía corriendo casi en la misma dirección en la que venía, eso sí, una vez que el rival ya había quedado en el camino, desconcertado.

Los que lo vieron el jueves en el Malba, convocado por el Grupo Clarín en el ciclo Democracia y Desarrollo para hablar después de Fernando Henrique Cardoso y minutos antes de Mauricio Macri, no lo podían creer. Si ya era fuerte que el recipiente de los votos de Cristina Kirchner hiciera las paces con el holding demonizado en la última gestión, la forma en la que se refirió a su principal referente, Héctor Magnetto, terminó de sorprender. Al explicar que siempre defendió a los periodistas de las acusaciones en el último kirchnerismo y que por eso en 6,7,8 llegaron a acusarlo de “hombre de Clarín”, recordó que a Magnetto lo había dejado de ver desde que había abandonado el gobierno hasta ahora que se habían vuelto a encontrar. “Héctor, que está ahí en primera fila, no me deja mentir”, dijo. “Magnetto no me deja mentir” suena hasta como el capítulo final de la saga que había arrancado con “Clarín miente”.

La duda sobre si este es el ingreso a una era de madurez o es “la boba” es totalmente legítima. No porque lo que esté diciendo el ex jefe de Gabinete de Néstor Kirchner no sea lo que pensó siempre sobre cómo vincularse con los medios y las empresas en general.

Las mil y una caras de Alberto Fernández

Desde que se impuso en las primarias se la pasa enviando guiños al mundo de los negocios. Lo vio a Marcos Galperín de Mercado Libre y luego elogió la ley de Economía del Conocimiento, casi un texto sagrado para el hombre de negocios más cercano a Mauricio Macri. Antes, había estado con Roberto Urquía en General Deheza, rememorando los viejos buenos vínculos de cuando el dueño de la mayor aceitera del país era senador por el justicialismo. El domingo pasado en Clarín dijo que la resolución 125 de las retenciones móviles fue un error “que no repetiría jamás”. Y además, al mostrarse con Urquía, termina de confluir con la Unión Industrial Argentina, que preside su cuñado, Miguel Acevedo. Además, está en tándem con el farmacéutico todoterreno Hugo Sigman. Que nadie vea roces por promesas de eventuales medicamentos gratis para los jubilados. El dueño del grupo Insud tiene total sintonía desde los 80 con el ex ministro de Salud Ginés González García y con su sucesor, el ahora hiperalbertista Juan Manzur, y muy buenos recuerdos de la gestión Kirchner, cuando consiguió proveer vacunas contra la gripe y logró la aprobación de la Anmat para competir con su versión local de medicamentos biológicos de porte mundial. Además, el lunes pasado se anticipó a los tiempos Mandela que vienen con un artículo contra la grieta en el diario La Nación.

Ahora, si es cierto que Alberto Fernández, y por ende Cristina Kirchner, aunque suene inverosímil para los ultras de uno y otro bando, están abriendo una nueva etapa posconfrontación, por los motivos de conveniencia o convicción que fuera, no le va a quedar otra que abrir un Museo de la Grieta o algo así, para que vayan ahí a descargarse los que sigan tirando después del alto el fuego. ¿Querés una foto con un cartel “Devolvé a los nietos”? Andá. ¿Querés posar con un fuck you de Periodismo Para Todos? Al museo. Una estatua de cera de Barone. Un cartel del 8N que diga “yegua”. Vayan.

Porque por algún lado deberán canalizarse las broncas que, aun genuinas, destilan hoy por los medios personajes totalmente queribles pero tal vez fuera de sintonía como Luis Brandoni, que mezcla militancia emocionada con enojo intolerante para convocar a una marcha. O Víctor Hugo Morales, que esta semana antes del día del Malba dijo que “ojalá no haya nuevos peleles de Magnetto” y le advirtió a Alberto F.: “Podés poner el dólar en un precio, mejorar un poquito el empleo, disminuir un poco la pobreza, pero nunca vas a arreglar nada si no te sacás de encima este monstruo horrendo de dientes enormes cuya voracidad es brutal”. “Ojalá dentro de cinco meses estas palabras no estén hablando de uno más que se entrega a los designios del diablo”, cerró, dramático.

Dramático, lo que se dice dramático, es el fondo de olla electoral que está intentando Juntos por el Cambio detrás del sueño de una odisea de los miles. Hay planillas de todo tipo. Una, que llegó de Miami, indica como un objetivo que vote más gente en La Florida. Anotaron que hay 110 mil argentinos allí, de los que 33 mil están empadronados para votar, pero solo lo hicieron 1.700. Imperdonable antimacrismo en la segunda patria de Su Giménez. Hay otra papeleta, más local. A Horacio Rodríguez Larreta le falta nada para ganar en primera vuelta, pero no quiere sorpresas. En la Ciudad se congeló cualquier reclamo judicial por deudas de patentes o ABL. El año pasado hubo más de 80 mil juicios iniciados. Este año hasta ahora no hubo más de 5 mil. La orden es que sea así al menos hasta noviembre.


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