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francia y ellos

Alí y Rachid, Alphonse y René

El premier francés, Manuel Valls, bate récord de popularidad gracias a su promesa de expulsar gitanos. Francia abandonó las promesas de su revolución en su transformación de un imperio único en una nación más.

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Ya hicimos referencia con anterioridad al libro El arte francés de la guerra (Alexis Jenni, RBA Narrativas, Barcelona, 2012). Transitando a través de la Resistencia frente a la ocupación nazi y al gobierno colaboracionista de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, por la Guerra de Indochina y por la de la Independencia de Argelia, el autor reflexiona sobre la red de sombras rotas que subsiste durante el lento proceso de transformación de un imperio único en una nación más.

Refiriéndose a los repetidos disturbios protagonizados por policías militarizados y manifestantes en Francia, y a la inmediata vinculación de éstos con extranjeros y con las intenciones que buena parte de los franceses les atribuyen, Jenni dice que al fin y al cabo se les había hecho la promesa de la igualdad, la ley les aseguró que serían iguales, y sin embargo no lo eran. Libertad, igualdad y fraternidad ¿no son acaso el lema de la Revolución Francesa, el origen de Francia como idea, la esencia del ser francés?

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Preludiando un cúmulo de reflexiones sobre la película de Gillo Pontecorvo La batalla de Argel, que no le gustó en lo más mínimo, sostiene que los argelinos tuvieron razón en querer que Francia se fuera. Se había quedado en aquella tierra pisoteando los principios que ella misma había inventado y que la fundaba. “Nos iremos porque seguimos empleando esa palabra, ‘ellos’”. Francia se marchó; la Argelia francesa, que había existido, dejó de existir.

Y fue trágico. “Para un millón de personas borradas de la historia sin tener derecho a expresar su tristeza”. Trágico, para 74 diputados que dejaron la Asamblea. Para el millón de argelinos que vivían en Francia, a los que se llamaba “musulmanes” para diferenciarlos de los franceses que vivían en Argelia, y a los que se les retiró la nacionalidad francesa. Cuando los imperios se transforman en naciones, dice Jenni, hay que borrar a aquellos cuya pertenencia no se puede inventar.

En tanto, a partir del jueves 10 de abril, Francia y México relanzaron sus relaciones bilaterales luego de que las administraciones Sarkozy y Calderón se distanciaran por el denominado affaire Florence Cassez, una francesa acusada de integrar una banda de secuestradores, finalmente liberada por la Suprema Corte de Justicia mexicana después de estar en prisión siete años.

En el marco de una agenda nutrida, el presidente de Francia, François Hollande, aseguró que a pesar de ser el primer amigo de México era apenas el noveno inversionista, y que lo exiguo del comercio entre Francia y los aztecas (5.300 millones de dólares) exigía duplicar la cifra para 2017, al tiempo que firmaba con su colega Enrique Peña Nieto cuarenta acuerdos, más fáciles de suscribir que de materializar.

En suelo galo, el primer ministro de ancestros españoles, Manuel Valls, completó recientemente su gobierno. Mientras su cota de popularidad araña los 58 puntos, la del presidente Hollande cayó cinco puntos hasta “estabilizarse” de momento en el 18%. Jamás se había desplomado tan bajo, y ostenta en la actualidad el diploma de ser el presidente más impopular de la Vª República. Por lo que respecta a Manuel Valls, según France Press, tomando en cuenta de que se trata de un segundo jefe de Gobierno del mismo mandato presidencial, sus 58 puntos hacen de él el más popular en décadas, superando a Dominique de Villepin (2005, 44%) y a Laurent Fabius (1984, 29%). Lo más llamativo acaso de la encuesta de Ifop (Instituto Francés de Opinión Pública) es que desde 1958 no se medían cuarenta puntos de diferencia entre un presidente de la República y un primer ministro; en marzo de 2008 hubo 21 puntos entre Nicolas Sarkozy (37%) y François Fillon (58).

Cuando el socialista Valls era ministro de Interior (en septiembre de 2013), con el viento de las expectativas soplando a su favor, sostuvo que los campamentos ilegales de gitanos rumanos y búlgaros que proliferaban en Francia debían ser desmantelados y sus ocupantes expulsados a sus países, porque por esos espacios bullía la mendicidad y la delincuencia en un entorno de costumbres extremadamente diferentes “de las nuestras”. Nosotros, y “ellos”. El conservador Sarkozy había llegado a desarbolar 128 campamentos de gitanos y a expulsar 977 personas en un solo mes. Conservador y socialista coincidieron en las razones: robo y mendicidad; Sarkozy apenas añadió un adjetivo: “excesivos”.

Esta vocación por expulsarlos (a “ellos”) motivó que cuando el año pasado (noviembre de 2013) España concedió a Valls la Gran Cruz del Mérito Civil, por su colaboración con el país de sus predecesores en este valle de lágrimas, en áreas como la lucha contra el terrorismo o la prevención del tráfico de drogas, el gobierno español (conservador) fuese criticado, embestida que recrudeció recientemente cuando el diputado valenciano de Compromís Equo (nacional ecologista) Joan Baldoví instó a su gobierno a pronunciarse sobre las declaraciones de carácter xenófobo de Valls por lo que respecta a rumanos y búlgaros. El Ejecutivo ibérico se limitó a encomiar el fructífero trabajo conjunto en áreas tan sensibles como importantes.

Un año antes de 1958, fecha de referencia para buscar cuarenta puntos de diferencia en popularidad a favor de un primer ministro respecto del presidente de la República, el 3 de febrero de 1957, transcurría el sexto día de la huelga general de los argelinos musulmanes (“ellos”) en contra de la ocupación francesa. En la película de Pontecorvo, se ve y escucha a un uniformado oscuro en la maleza blanquinegra de la cinematografía de época (1965). Aferrado a un micrófono, les habla de los habitantes de la Casbah (barrio árabe sobrepoblado, por oposición a la ciudad europea): “Habitantes de la Casbah, ¡argelinos, escuchen! El FLN (Frente de Liberación Nacional) quiere impedir que trabajen, el FLN los obliga a cerrar sus negocios.
Habitantes de la Casbah, ¡rebélense a eso! Francia es su patria. Francia les dio civilización y bienestar. Escuelas, caminos y hospitales. Argelinos: ¡vuelvan al trabajo!”. La cámara sigue a un niño que se acerca al sitio donde el uniformado dejó el micrófono y se lo apropia. Seguidamente, se oye su voz: “¡Hermanos argelinos! ¡Hermanos! ¡Argelia será libre! ¡Valor, hermanos! ¡Resistan! ¡No oigan lo que les dicen! ¡Argelia será li…!”. El micrófono es desconectado. Francia les dio escuelas…
 
Argelia se independizó el 5 de julio de 1962. Jenni, que detestó la película y al director, convenientemente ya fallecido, dice: “La violencia en el seno del imperio nos ha roto; los controles obsesivos en las fronteras de la nación nos siguen rompiendo. Hemos inventado la nación universal, un concepto un poco absurdo pero maravilloso por su mismo absurdo (…). ¿Qué es ser francés? El deseo de serlo y la narración de ese deseo en francés (…)”.
Al formar gobierno, el primer ministro Valls nombró a Annick Girardin como secretaria de Estado para el Desarrollo y la Francofonía; y a Kader Arif, secretario de Estado para los Veteranos y la Memoria. Kader Arif es el primogénito de un “harki”, palabra que designa en Francia a los efectivos enrolados entre 1957 y 1962 para pelear por ésta durante la guerra de Argelia; por extensión, todos los argelinos partidarios durante el conflicto de la continuidad de la presencia francesa. La diversidad siempre es más sencilla en un organigrama que en el barrio parisino de Chene-Pointu.

Con el objetivo de reducir el déficit público al 3% del Producto Bruto Interno para 2017 llevándolo a 50 mil millones de euros, el primer ministro socialista Manuel Valls acaba de presentar un “pacto de austeridad”, congelamiento de salarios y pensiones incluido, que motivó la ira de sus compañeros de partido. El diputado Christian Paul declaró que no habían sido elegidos en los comicios de 2012 “para organizar el empobrecimiento de los franceses más modestos”, y la senadora Marie Noelle Liennemann, que el dispositivo constituye “una aberración socialmente inaceptable”.

Valls dice que hay que discutirlo en la Asamblea. Alexis Jenni, que “no sabemos quiénes somos. Esto tendrá que escribirlo alguien”