lunes 06 de febrero de 2023
COLUMNISTAS radiografía de una época

‘Argentina, 1985’, el otro desafío

27-11-2022 05:21

La exhibición de esta película ayuda a recordar que la vida en democracia se obtiene, y se conserva, como fruto de luchas y conductas ejemplares que la hacen posible. Mas allá de algunas omisiones, está claro que en estos días hemos recordado, y valorado tanto lo realizado por el gobierno de Alfonsín como la contribución de la Conadep para gozar de la vida en democracia con vigencia de los derechos humanos. Pero la dictadura dejó también otro desafío que exigía respuestas contundentes, ya que las sociedades humanas necesitan, para vivir en paz y dignamente, tanto de instituciones que resguarden los derechos y libertades de sus ciudadanos como de una organización productiva capaz de crear los bienes y servicios que equitativamente distribuidos garanticen el bienestar material y cultural del conjunto de la población. Y en relación con esta otra pesada herencia, los resultados del gobierno de Alfonsín no fueron tan buenos, como surge de una hiperinflación que llevó a la entrega anticipada del poder.

La herencia económica es resumida en un memorándum que el equipo de Sourrouille envía a Alfonsín el 24-03-84: “Inflación sin precedentes. La más alta del mundo. 400% anual. Producto per cápita inferior a 1970. Producto industrial de 1983 inferior a 1971. Nivel de inversión a principios de los 80 inferior a una década atrás. Un sistema productivo desarticulado. Deuda externa que equivale a no menos de 5 años de exportaciones y cuyos intereses representan anualmente casi el 40% del ahorro total. Administración pública destruida. Déficit fiscal superior al 15% del PBI”. (J.C. Torre. Diario de una temporada en el quinto piso, p. 70).

Frente a este desafío Alfonsín debió luchar también contra la oposición política del peronismo y el sindicalismo del mismo signo, pero en este caso careció además de la colaboración de su propio partido (cuadros técnicos y dirigencia). En cuanto a la gestión, Torre describe situaciones alarmantes (pp. 124-127), las que ratifica Jesús Rodríguez, quien conversando en la secretaría les dijo: “Luego de criticar la incompetencia de los funcionarios de Economía, que el partido como tal no existe, que sus cuadros no saben qué posición tomar. Carecen de brújula”. Esto se tradujo en mala gestión en diferentes servicios públicos. Los cortes diarios de luz en verano afectaban incluso el uso de los ascensores; la falta de gas se hacía sentir en las necesidades propias de cada invierno, y no se conseguían líneas telefónicas, al punto que la venta de una propiedad que ya tuviera una instalada era destacada en la publicación de los avisos para hacerla más atractiva. Las fuertes carencias en todos esos servicios llegaron a cambiar la opinión pública respecto de su prestación por parte del Estado, lo que registra Mora y Araujo en La Argentina bipolar, facilitando así las privatizaciones hechas por Menem.

En cuanto al partido, la orientación ideológica que primaba en él se sumaba a un “progresismo político (que) en Argentina ha estado tradicionalmente sesgado hacia las cuestiones de distribución de la riqueza… Los temas de cómo crecer… no han figurado en un lugar de su agenda” (p.124). Y en cuanto a cómo influyó esa ideología en la gestión económica, Torre dice: “El malestar que suscita nuestra presencia ha hecho que salgan a la superficie los viejos reflejos ideológicos existentes en el radicalismo: desconfianza hacia el capital privado, inclinación por la intervención estatal, defensa de la industria nacional sin matices, preferencia por la distribución de ingresos vía gasto público…” (p. 429).

Se perdió así la oportunidad de que Alfonsín pasara a la historia no solo por el afianzamiento de la democracia sino también por haber, al menos, encaminado el desarrollo económico indispensable para llevar bienestar material al conjunto de los argentinos.

*Sociólogo.

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