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Bolaño en borrador

Estrella distante invoca tres temas favoritos de Roberto Bolaño: el horror, la juventud y la literatura.

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Apareció un nuevo libro de Roberto Bolaño: Sepulcros de vaqueros. Su obra póstuma empieza a ser mayor que la publicada en vida. Bolaño tuvo una vida particularmente triste: nació en 1953, fue más o menos pobre en tres países (Chile, México y España) y en 1992, cuando empezaba a tener éxito, le diagnosticaron la enfermedad hepática que terminaría matándolo en 2003. Pero luego se hizo muy famoso y lo que quedó en su computadora está viendo la luz.

No me había atrevido con escritos póstumos, pero leí Sepulcros de vaqueros de un tirón: Bolaño tenía el don, entre otros, de escribir sin ripios y sin obstáculos hasta los borradores, como en este caso. Sepulcros de vaqueros se compone de tres partes. La segunda se llama como el libro y es una autobiografía satírica, amable y ficticia (con algunos hechos reales) que llega hasta el día del golpe en Chile, a donde Bolaño había viajado desde México “para apoyar la revolución”. La tercera, “Comedia del horror de Francia” es la historia ficticia de un grupo surrealista clandestino fundado por Breton, cuya sede son las alcantarillas de París. Escrita poco antes de morir, funciona como autobiografía en clave: Bolaño siempre se consideró un surrealista subterráneo y fuera de época. La primera parte, “Patria”, resuena en partes importantes de su obra. Por un lado, anticipa ciertos horrores de 2066 en el norte de América Latina. Y marca la primera aparición de un piloto militar con ínfulas de poeta vanguardista que dibuja en el cielo tenebrosas consignas mientras el protagonista (Belano, habitual álter ego de Bolaño) está preso. Aunque “Patria” se compone de textos dispersos, el centro es ese episodio que Bolaño contará dos veces más. Primero, en el último capítulo de La literatura nazi en América, desarrollado como una nouvelle policial macabra sobre el piloto-poeta-fascista y su participación (entre otros crímenes atroces) en la muerte de dos hermanas poetas que compartían con él y Belano un taller literario. El personaje llamado Ramírez será luego Ramírez-Hoffman y finalmente Carlos Wieder (o Alberto Ruiz-Tagle) en Estrella distante, una novela corta y muy celebrada de Bolaño que toma el esqueleto de La literatura nazi y le intercala como historias secundarias el devenir de los otros poetas de izquierda que participaron de aquel taller desarticulado con el golpe. Es el mismo relato, igualmente macabro, ampliado y en un formato más apto para sostener las ventas en Anagrama, donde Bolaño publicaba por primera vez. La tercera versión de la historia resulta un libro formateado para tener éxito.

Leí Estrella distante hace veinte años y quedé muy impresionado. El libro invoca tres temas favoritos de Bolaño: el horror, la juventud y la literatura. Esta vez me pareció un libro desparejo, con páginas de relleno, que resuelve sus ambigüedades como para ser aceptado por la censura de la corrección política y hasta con un cierto grado de cinismo, que parece una máscara cómoda para la tristeza. Tuve la impresión de que los libros ya clásicos de Bolaño no están envejeciendo bien. Pero también la de que sus borradores pueden ser más interesantes que las obras definitivas. Aparece en ellos la impronta de un escritor más libre, menos previsible, menos comprometido con las obligaciones editoriales.

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