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COLUMNISTAS / OPINIÓN
martes 7 enero, 2020

Delincuencia ambiental internacional

Estamos ante una grave crisis ambiental planetaria, que no sólo guarda íntima relación con el calentamiento global, sino también con esta clase de delitos.

Miguel Ángel Asturias (*)

Imagen de carácter ilustrativo | Los delitos ambientales fueron reconocidos como delitos del crimen organizado a partir de las sesiones de 2008 y 2010 de la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Trasnacional Organizada. Foto: Shuttersotck
martes 7 enero, 2020

Es necesario destacar y concientizar sobre la importancia y la necesidad de cambio que tiene, en la actualidad, el tema penal ambiental en el ámbito internacional, y reconocerlo como uno de los factores causantes del cambio climático. Estamos ante una grave crisis ambiental planetaria, que no sólo guarda íntima relación con el calentamiento global, sino también con esta clase de delitos.

Los delitos ambientales fueron reconocidos como delitos del crimen organizado a partir de las sesiones de 2008 y 2010 de la Convención de Naciones Unidas contra la Delincuencia Trasnacional Organizada, considerando a los delitos ambientales dentro de esa categoría de delitos y denominándolos “delitos organizados nuevos y emergentes”. Un informe de Interpol y de la ONU Medio Ambiente de 2016 reconoce a los delitos ambientales como uno de los negocios ilícitos más rentables del mundo, luego del tráfico de drogas y la trata de personas.

Las figuras legales que lo componen incluyen el comercio ilegal de flora y fauna silvestres; el tráfico ilícito de recursos naturales; la venta de medicamentos adulterados o falsificados; el tráfico de desechos peligrosos y radiactivos; los delitos de contaminación ambiental, y la pesca y la minería ilegal.

La contaminación ambiental podría causar millones de muertes prematuras hasta 2050

Son cometidos en Estados débiles para proteger su ambiente y con falta de voluntad para combatir este fenómeno, donde hay marginación de grupos sociales, corrupción y permeabilidad de las fronteras. Precisamente, la delincuencia contra el medio ambiente no tiene fronteras. Puede afectar al principio de soberanía de los Estados, la seguridad, la economía o la gobernabilidad de ellos o de una región.

Las redes de delincuencia organizada son las responsables de un porcentaje significativo de los delitos contra la flora y la fauna silvestres y de contaminación, que consideran de bajo riesgo y alta rentabilidad. Utilizan las mismas rutas que para el contrabando de drogas, armas y personas. Y con su comisión se violan los derechos humanos y no humanos, se explota a las personas y se causa inmigración ambiental. Muchas veces, algunos de estos delitos son cometidos por personas jurídicas (empresas multinacionales) en connivencia con los Estados.

Como forma de combatirlos, propongo:

1. Tomar a los delitos ambientales como una amenaza grave para la paz, el desarrollo sostenible y la subsistencia planetaria.

2. Incorporar acciones de prevención con el uso de nuevas tecnologías y el control de las fronteras (monitoreo preventivo con radares y control satelital con geolocalización, entre otros).

3. Formar operadores judiciales y fuerzas de seguridad e inteligencia altamente capacitadas, con planes integrales y coordinados mediante cooperación internacional entre los Estados y organismos como Interpol.

4. Evitar la corrupción de los funcionarios públicos, el blanqueo de capitales provenientes de esta actividad, y el ingreso de bandas criminales y su afincamiento en nuestro territorio.

5. Sancionar normas penales específicas contra el crimen organizado ambiental y crear tribunales ambientales internacionales, regionales o nacionales.

Estas medidas constituyen la única forma de dar respuesta a esta nueva problemática mundial, que puede llegar a poner en riesgo la existencia de la humanidad.

(*) Docente de la Universidad de Belgrano en Derecho Penal y Ambiental

F.D.S./


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