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Consejos son los que deberían llegar antes

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poeta. Stephen Spender (1909-1995). | cedoc perfil

Estas líneas tienen la limitada importancia de un consejo que llega tarde. Dadas las circunstancias de alguna manera debió manifestarse antes para tener algún valor, por cierto que ahora solo sirve de reflexión en el después. Pero ya estamos acostumbrados, en casi todos los caminos de la vida, a ser ignorados cuando emitimos preconsejos. Se trata de aconsejar, más que advertir, que la cautela en la cobertura periodística en un tiempo de paz requiere más cuidado, mayor énfasis, que en temporada de conflicto.  Y esto no solo se refiere a las guerras, palabra aquí usada por conveniencia, y después de una crisis, cualquiera sea.

 En el caso actual de nuestra situación, desde hace unos años somos testigos de un interminable posconflicto que involucró primero 12 años de reinado de un matrimonio con fines de lucro (aun cuando una parte decidió morirse antes de tiempo) enfrentado a una grisácea oposición sin fronteras y sin convicciones definidas, si bien como masa fue más bien fácil identificar. Ahora, luego de esa docena de años vividos, la oposición sigue siendo una masa gris, con grandes variantes que abarcan desde la vehemencia sindical hasta la crítica supuestamente sobria de los partidos políticos, desde la labor judicial dedicada a escarbar en todo orificio que parezca tener material sospechoso, desde los detenidos de “l’ancien regime” hasta los más sospechosos que se hallan en libertad, que son los amigos en apariencia, pero  metidos en algún tráfico de influencias o, simplemente, en la asistencia a algún conocido al que se le puede cobrar más tarde. Y todo este grupo que parece ser “opositor” también puede parecer ser “los buenos”, a pesar de ser resaca en el camino ya cursado por otros.

Después del conflicto, en la aparente era de paz reciclada, los buenos son los más complejos y menos confiables.  Y esto parece ser el sector de mayor amenaza a la labor del periodismo.  No sé si mi colega, Daniel Santoro, cuyos 61 años atestiguan una larga y exitosa carrera en el periodismo de investigación, pisó el palito al querer ampliar su alcance de información y contactos. Siempre parece que ese campo se halla minado de buchones, avivados, y alcahuetes de terceros, que aquí trataron de usar al colega para otros fines.

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Hasta aquí se trata de describir lo que sucede al terminar los conflictos y las posguerras más diversas.  La experiencia fue trasmitida por el poeta inglés Stephen Spender (1909-1995) en una larga charla hace más de veinte años, unos pocos antes de su muerte.  En medio de una controversia en torno a unos escritos en su contra, me advirtió, “siempre hay que temer, o por lo menos dudar, de los que parecen ser consejeros de buena fe.” La experiencia de Spender surgía de su participación en el programa de desnazificación de Alemania al concluir la guerra en 1945. La charla a la que me refiero tenía una buena dosis de antecedentes personales para Spender, dado que su amigo, el novelista Christopher Isherwood (1904-1986) autor de la novela Adiós a Berlín, que inspiró la película Cabaret, notorio homosexual (sexualidad ilegal y severamente punible en Inglaterra en esos tiempos) que reconocía haber mentido en forma reiterada a amigos y cronistas para evitar inconveniencias.  Lo importante para Spender era distinguir la mentira del amigo en apariencias que intentaba lograr favores o vender influencias. Spender redondeó su observación que, a la distancia, la recuerdo como algo así: “En algunos momentos me parecían más confiables los catalogados como nazis que los que querían impresionarme como contactos honestos o colaboradores.”

En el caso de Daniel Santoro no entro a juzgar, si bien vuelvo a advertir.  El oficio de la comunicación crece, se desarrolla, a partir de la confiabilidad y el razonamiento del material que se recibe. Eso requiere experiencia, estar abierto a todo lo que se puede entender como información, pero también decidir en el antes cómo se puede entender y a partir de ahí transmitir un dato o una identidad en base a cierta medida de certeza, que nunca es completa, que sí puede demorar una crónica, pero la velocidad con que se confecciona o entrega en estos casos no puede ser lo importante.

*Defensor de los Lectores del  PERFIL entre 2007 y 2012.