domingo 07 de agosto de 2022
COLUMNISTAS opinion

Crisis profunda y poderosa

26-06-2022 00:46

Cada semana se enciende alguna nueva alarma en torno a la descomposición del sistema de decisiones del Gobierno y de la desorientación opositora. Sea como causa o efecto, se aceleran las vicisitudes sociales y se empañan hasta las señales positivas.

En un sistema institucional centrado en el presidencialismo le cabe hoy a Alberto Fernández la mayor responsabilidad por este grado de deterioro, como antes le cupo a Macri, Fernández de Kirchner, Kirchner, Duhalde, De la Rúa, Menem y Alfonsín. No son todos lo mismo, pero cada quien hizo su aporte.

Alberto F tiene su listado de argumentos/excusas para explicar las dificultades actuales. Salvo la pandemia y la guerra entre Rusia y Ucrania, todo el resto eran sabidas cuando hizo campaña electoral. Aunque esas dos variables tienen su peso, con fuerte impacto en todo el mundo, las respuestas oficiales en muchas ocasiones desnudaron limitaciones importantes de gestión. Y lo peor: se agravó un proceso de toma y ejecución de medidas que ya lucía ineficiente o errático, para decirlo con diplomacia.

Origen o consecuencia, el deterioro multiplicó los cortocircuitos del FdT. Ya internalizamos que el Presidente y la Vicepresidenta no articulen fuera de los escenarios el rumbo a seguir. Ese combate no sólo acentúa los problemas a la hora de gestionar, sino que se replica al resto del elenco oficialista, inmerso en una maraña venenosa de internas. A caballo de la aproximación de los tiempos electorales esas disputas empeorarán.

El Presidente ya no vuelve a hablar de su reelección, aunque nadie de su cercanía puede asegurar que no lo vuelva a hacer en el nuevo capítulo de su profusa agenda internacional, esta vez en el G7. Se nota la influencia del canciller Cafiero y lo bien que viene para el ánimo oscilante del jefe de Estado hacer relaciones públicas con líderes globales. Seamos justos: también tiene que remarla, a su manera, con Biden para que EE.UU. siga apadrinando a este FMI del que se espera que deje pasar a la Argentina el  incumplimiento futuro de las metas acordadas.

Otra vez desde Europa, tal vez Alberto F logre tomar distancia de los problemas con el abastecimiento de gasoil (que impacta en gran parte del país productivo), del aumento de precios y del castigo continuo de los mercados, pese a la reducción del desempleo, los números estables de crecimiento del PBI y el desembolso del Fondo.

Acaso también las fotos en el G7 de la semana le permitan contrarrestar la piedra que él mismo se puso en el zapato y que no logra sacarse: las indagatorias a las que serán sometidas las cuatro únicas participantes en el Olivosgate que no apelaron a pagar para extinguir la causa penal, como sí hicieron el Presidente, la primera dama y otras seis personas que violaron el aislamiento pandémico.

Según allegados albertistas, el prólogo del nuevo viaje llegó con una novedad que despertó sonrisas socarronas. “Qué bueno que pueda abrir su mente”, dijo con sorna una fuente oficial ante la filtración de que Cristina se entrevistó secretamente con Melconian, el economista liberal-heterodoxo y ex funcionario macrista que armó un plan desde la Fundación Mediterránea como delivery para cualquier fuerza política. La novedad impactó además en JxC, donde para casi todo el mundo CFK es una sigla maldita.

De semejante horizontalidad tampoco escapó el debate sobre la cantidad de planes sociales y quién debe ejercer su control, teñido de chicanas e intereses en lugar de que se encare un debate profundo y constructivo.

Impulsada por la vice para esmerilar al Movimiento Evita, a la discusión rápidamente su subieron gobernaciones e intendencias peronistas y opositoras con el fin de controlar algo que no controlan. La cuestión es para qué quieren hacerlo.

Habría que esperar, sobre todo en el caso de JxC, algo más de lógica que la que aplicó para dar la batalla contra el lenguaje inclusivo en las escuelas porteñas, en medio de una catástrofe educativa sin antecedentes en todo el país, que incluye a la Ciudad.

Tampoco luce alentador el casting de candidaturas ciudadanas impulsado por el PRO, que ha despertado hasta resquemores internos en un espacio donde abundan las desconfianzas y se ha desatado una profusión de candidaturas que no se condice con las demandas sociales que dicen representar. Algo parecido surge del espacio supuestamente liberal.

En medio de un temblor socioeconómico cada vez más explosivo, tantas aspiraciones resuenan, además de ausentes de empatía, ciertamente llamativas. Casi sospechosas.