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Avión sospechado y argentinidad al palo

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Ocupado. En medio del Aviongate, Rossi hizo un acto en E.Ríos. | Entre Ríos

En los países serios, un avión que no anda bien de papeles no aterriza en el aeropuerto principal. Y si está en regla, ingresa y despega sin problemas. En la Argentina, no: ya se cumplen dos semanas desde que a un avión de carga venezolano-iraní y a su nutrida tripulación de ambos orígenes se les permitió entrar pero no irse.

En el entramado no falta ningún ingrediente. Internas y manchas venenosas entre funcionarios y dependencias ejecutivas. Recelos entre fuerzas de seguridad. Intereses económicos y geopolíticos. Chispazos diplomáticos. Y una justicia que pasa sin matices ni lógica de la inacción a la hiperactividad.

El Boeing 747 de Emtrasur, la línea estatal de carga de Venezuela, que trajo autopartes a Ezeiza perteneció hasta hace poco a una compañía de Irán. EE.UU. e Israel incluyeron en sus listas negras por presuntas actividades terroristas a estas firmas aéreas y sus aviones.

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Las autoridades argentinas argumentan que permitieron la llegada de este vuelo porque no tenían ningún alerta ni pedido de captura sobre el avión o su tripulación. De hecho, autorizaron su salida del país rumbo a Uruguay el miércoles 8, hasta que pese a la venia inicial ese país decidió cancelar la venia para aterrizar y debió volver a Ezeiza, donde permanece.

Esa salida hacia Montevideo obedecía a la negativa de las tres petroleras que funcionan en nuestro aeropuerto central para cargarle combustible. Ellas sí tenían el alerta norteamericana de posibles represalias. Curioso.

También se negaron a recibir el vuelo Brasil y en especial Paraguay, cuyo gobierno complicó más a la Argentina, al sostener primero que había compartido con sus naciones vecinas la alarma de EE.UU. (el mes pasado, cuando el mismo avión estuvo en Ciudad del Este) y luego que tienen la información de que el piloto del avión integra una fracción iraní vinculada al terrorismo.

Aníbal Fernández, ministro de Seguridad, rechazó estas alarmas y vapuleó al jefe de Inteligencia paraguayo. Más tranquilo se expresó el flamante director de la AFI, Agustín Rossi, quien presumió como hipótesis que los iraníes son instructores de vuelo de los venezolanos, no terroristas ni espías.

Acaso tenga razón Rossi, aunque tal vez no sea la mejor manera de arrancar como nuevo Señor 5 desacordar con Uruguay, Paraguay, Brasil y, sobre todo, el tándem Estados Unidos-Israel. De hecho, en el primer párrafo del comunicado de la embajada israelí del jueves 16 se asegura que los tripulantes iraníes son “funcionarios” y figura entre ellos “un alto ejecutivo” de la empresa aérea cuestionada en Washington y Tel Aviv.

Aunque no se explicitó en esa manifestación escrita, en la sede diplomática de Israel no cayó bien que con el avión ya retenido en Ezeiza y a cargo de la AFI, Rossi se tomara todo el sábado 11 para estar en la localidad entrerriana de Concepción del Uruguay, donde cerró una jornada de la Corriente de la Militancia, su agrupación dentro del peronismo.

Ese comunicado, en el último párrafo, reconoce el accionar “de las fuerzas de seguridad argentinas” ante “la amenaza potencial de la aeronave”. Fuentes diplomáticas señalaron que tal aplauso buscó ser un guiño para la Policía de Seguridad Aeroportuaria, denunciada por la tripulación de hacer operativos ilegales sobre la nave secuestrada, lo que la PSA rechaza. Hay allí otra interna oficialista en torno a la embajada argentina en Israel, agitada por el empresario Mario Montoto.

Veremos el tiempo que se toma el controvertido juez federal Federico Villena en dilucidar a qué vinieron en ese avión venezolanos e iraníes. Para que no nos tomemos esto como un show tragicómico en el país donde dos atentados terroristas mataron a más de un centenar de personas y quedaron impunes.