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COLUMNISTAS / INTERVENCION Y CONVICCIONES / PANORAMA
domingo 21 abril, 2019

Cuando estás un poquito embarazado

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por Jairo Straccia

PIFIE en retenciones. “Lo hicimos en Olivos a las apuradas”, admiten en Gobierno. Foto: CEDOC PERFIL

Pasó inadvertido, pero esta semana reapareció de alguna manera Luis Caputo. En realidad, publicó el miércoles en el diario La Nación un aviso fúnebre saludando a la familia de Enrique Junor, un arquitecto de trayectoria en Punta del Este. Lo firmó como “Toto” junto a su esposa y el mensaje se perdió entre muchos otros, pero a los que lo leyeron les permitió recordar al ex jefe del Banco Central, eyectado a fines de septiembre. Caputo fue quizás uno de los primeros en denunciar los problemas que enfrenta el Gobierno por jugar a estar un poquito embarazado en política económica. Cada vez se suman más casos en los que primero paga los costos por no tomar medidas que detesta y luego, cuando las termina adoptando, con pragmatismo, es cierto, paga también los costos por hacerlo a medias, tarde o mal.

En aquellos días de fines de septiembre, Caputo fue desplazado porque decidió intervenir a discreción para contener el dólar cuando el Fondo Monetario Internacional solo permitía hacerlo en dosis preanunciadas de US$ 150 millones cada vez, algo que el ex Messi de las finanzas consideraba inútil porque, decía, el mercado se lo llevaba puesto. No se podía, decían él y buena parte de los analistas, intervenir “un poco” en el mercado. La conferencia de esta semana de su sucesor desde hace casi siete meses, Guido Sandleris, para anunciar que defenderá un techo del dólar a $ 51,45 en el mercado mayorista, revela otra vez el mismo problema: hay ganas de actuar sobre las expectativas de devaluación de los actores financieros para parar la inflación, pero no hay instrumentos concretos para hacerlo más allá del anuncio mismo. “El Gobierno parece querer frenar la avalancha con un cartel que dice ‘Cuidado, zona de avalanchas’. Pero lo que se necesita es ganar grados de libertad en materia de intervención con reservas”, escribió a sus clientes Emmanuel Alvarez Agis, desde PxQ.

Un caso más alarmante de Evatest intermitente es el que se reveló en el primer trimestre con las retenciones a las exportaciones, que el equipo económico implementó en el último coletazo de las corridas de 2018, luego de rechazarlas infinidad de veces. Su recaudación está creciendo muy por debajo de lo esperado y pone en jaque el déficit cero prometido a los inversores financieros y al Fondo. En parte esto ocurre por una menor liquidación del campo, dicen en AFIP, pero en buena medida también porque la proyección original estuvo mal hecha, a las apuradas, en aquel fin de semana de locura de fines de agosto. “Lo hicimos todo rápido en Olivos y no estimamos bien el impacto de las importaciones transitorias”, revela un alto funcionario de la Casa Rosada. O sea: calcularon que iba a pagar derechos de exportación un volumen de ventas externas que en realidad no garpa, porque incluye bienes bajo promoción. Escuchá el alcance del pifie: según el Iaraf, el principal think-tank fiscal del país, entrarían unos $ 280 mil palos por cobro de retenciones en el año, cuando Hacienda calculó $ 440 mil millones. Tranqui.

Tal vez el premio mayor al que sí, que no de la administración de Cambiemos se lo lleve el atisbo de contención de precios que esta semana terminó anunciándose bajo el nombre de Precios Esenciales.

El subconjunto de 64 bienes básicos que se mantendrán sin cambios por seis meses generó la frase tal vez más emblemática de este desapego: “Es un acuerdo voluntario de cumplimiento obligatorio”, dijo el secretario de Comercio, Ignacio Werner, que repitió una y mil veces que no cree en congelamientos, como para dejarle claro al establishment que siguen siendo un gobierno pro mercado, que a lo sumo está teniendo su permitido electoral con estas medidas.
Ojalá el Gobierno le pusiera al abastecimiento de productos de Precios Cuidados la misma convicción que le pone el Presidente al work-life balance. Así, no solucionaría la falta de leche barata La Armonía de la principal empresa láctea con la inclusión de otra marca de la misma firma pero 38% más cara: La Martona, un sello pionero del mundo lácteo creado en el siglo XIX por la familia del escritor Adolfo Bioy Casares. Una jugada digna de la invención de Mastellone.

Un dato al margen sobre las convicciones detrás de las medidas para contener la aceleración inflacionaria: ¿qué va a pasar cuando cambie el mes y las petroleras pidan revisar el precio de los combustibles, con el petróleo que saltó de US$ 50 a 70 el barril en los últimos dos meses? “Ese precio va a seguir libre”, dicen en las altas esferas del Gobierno. “Pero charlado”, aclaran. “Acordate que Shell aumentó 9% en abril y tuvo que retroceder a la mitad”, se jactaron.

Este andar a medio pedal del Gobierno entre el liberalismo que sienten y la intervención que le demandan sus aliados y el electorado, según detectaron sus asesores de imagen, encuentra tal vez una síntesis en el interlocutor que se ha acercado más al Presidente en las últimas semanas: Martín Lousteau. El líder del espacio Evolución en la Capital Federal tiene además un lazo extra con la Casa Rosada: su vieja relación con el actual secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, con quien trabajó en dos de sus libros, Hacia un federalismo solidario y Sin atajos, y de quien fue jefe de Gabinete cuando trabajó como ministro en la provincia de Buenos Aires en 2004. Lousteau, además, tiene la plasticidad ideal para este momento: puede ser un poquito oficialismo y un poquito oposición, un posible vice de Mauricio Macri o un posible puente hacia el protocandidato Roberto Lavagna. Lo que surja.

A propósito del ex ministro, algunos memoriosos recuerdan que su flamante búnker en la calle Paraguay es en el mismo complejo donde el Fondo tuvo sus oficinas en los días de incógnito en Buenos Aires, después de que la gestión de Néstor Kirchner le pagó toda la deuda.

Likes. Como sea, esta columna no es más que una suma de elucubraciones para el entretenimiento del círculo rojo, a la vista de la campaña de micromilitancia en redes sociales que se concibe en la Jefatura de Gabinete. Videos espontáneos. WhatsApp. Un presidente que habla uno a uno con las familias que lo apoyan pese a las dificultades, como se vio en el video del anuncio de las medidas de “alivio”, tal vez uno de los máximos desafíos a la comunicación tradicional, defendido incluso en primera persona por el asesor presidencial de redes, Julián Gallo, con algunos argumentos atendibles. ¿Los patios de Cristina Kirchner o las cadenas nacionales no eran puestas en escena también?, se preguntó. Like.

Ahora, qué ganas de que filmaran también con el celu las reuniones con el jefe de los espías, Gustavo Arribas, cuando le piden por ejemplo que gestione la falta de mérito de Angelo Calcaterra, el primo del jefe de Estado, en el soterramiento del Sarmiento. Digo, hablando de alivios.

 

 


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