martes 05 de julio de 2022
COLUMNISTAS Defensor de los Lectores

De cierres, actualidad, ética y el rechazo a las prebendas

29-05-2022 02:54

Los lectores de PERFIL merecen una  explicación acerca del contenido de las columnas que cada domingo publica este ombudsman, cuya mayor responsabilidad es defender los intereses de ellos, los destinatarios de cada texto, cada imagen, los que reciben el diario a cambio del precio de tapa. Hasta ahora, este espacio quedaba cubierto con un cierre que permitía la incorporación de cartas y temas con actualidad caliente. El nuevo formato del Correo y las columnas de los defensores de Género y de los Lectores, incorporados al suplemento El Observador, adelanta ese cierre en dos días, por lo que parte de esa actualidad caliente queda fuera de análisis. Tanto Mabel Bianco como yo procuraremos que esto no perjudique el contenido de nuestros textos, que mantendrán el mismo espíritu apuntado a la ética y a la mejor práctica periodística y conceptual.

Dicho esto, voy a apoyarme en la carta que enviara el lector Miguel Ángel Reguera, visitante asiduo del Correo de PERFIL. Lo que señala en su envío es una crítica a ciertas prácticas que desvirtúan uno de los preceptos básicos que rigen esta profesión desde el campo ético: los regalos, prebendas, publicidades encubiertas y otras acciones visibles en algunos medios, particularmente los que operan en radio y televisión, con especial énfasis en espacios periodísticos o de tono similar. 

La práctica de generar formatos de publicidad no tradicional (PNT) no es nueva, y bien administrada sirve para financiar los costosos envíos de emisoras y algunos medios gráficos. Distinto es lo que el lector Reguera indica como verdaderas acciones espurias, que ensucian el valor de la palabra de periodistas que caen en ellas. Cuando el señor Reguera habla de las entradas de favor o prebendarias, cuando se queja por comentarios que eligen menos el buen ejercicio del periodismo que apuntalar criterios que no cumplen con las normas éticas que rigen esta profesión, no hace otra cosa que reflejar lo que pensamos muchos, diría la mayoría, de los oyentes, espectadores o lectores.

La ética, ese molesto zumbido que algunos periodistas olvidan

PERFIL tiene un manual de estilo –Cómo leer el diario– que incluye capítulos vinculados a la práctica correcta de este oficio. Obliga a sus periodistas a mantener una conducta alejada de los intereses económicos que suelen subordinar el ejercicio de la profesión y hacerlo maleable, adaptable a sus objetivos. No pueden recibir regalos cuyos valores excedan un monto mínimo, y específicamente, en el artículo 16 de su Código de Ética, señala: “Ningún miembro de la redacción debe abusar de su condición de periodista. Cuando no esté cumpliendo tareas profesionales, no podrá utilizar su credencial o posición para obtener tratamiento preferencial, libre acceso o descuentos. Tampoco podrá utilizar información anticipada en beneficio propio o ajeno”.

Esta  regulación –que forma parte de un corpus más amplio– no es solo una limitación circunstancial: en realidad, apunta a hacer más sólida la credibilidad del medio y de sus componentes, un bien inapreciable en estos tiempos en lo que –como lo puntualiza el lector Reguera– se han hecho más difusos los límites entre lo que debe ser y lo que en verdad es.

“El único patrimonio del periodista es su buen nombre. Cada vez que se firma un artículo insuficiente o infiel a la propia conciencia, se pierde parte de ese patrimonio, o todo”. Este es el artículo 1 del decálogo del buen periodista que firmó ese gran maestro de este oficio que fue Tomás Eloy Martínez. Propone más adelante “evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero”.

Por supuesto, este tema no se agota en esta columna. Volveré sobre él.