martes 17 de mayo de 2022
COLUMNISTAS Tiempo para gobernar
16-01-2022 00:16

Desigualdades, Estado y producción

16-01-2022 00:16

Las sociedades humanas han conocido desigualdades sociales y pobreza desde sus inicios, lo que no debe sorprender si recordamos a Rousseau cuando afirma que: “Debido a que la fuerza de las circunstancias tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe tender siempre a mantenerla”. Legislación que sólo puede provenir del Leviatán que propone Hobbes para superar el “estado de naturaleza”.

De las diferentes “igualdades” que describe Sartori la de derechos y la de oportunidades son las que reciben mayores aceptaciones; todo lo cual requiere de un Estado que además de la distribución se ocupe de alentar la producción de riqueza. Veamos que dicen al respecto la teoría y las experiencias históricas.

Desde la teoría, el liberalismo económico niega la participación del Estado en la producción, aun cuando en los hechos nada dice del uso del Estado para reprimir las protestas obreras que cuestionan ese modo de producción. En tanto el materialismo histórico lleva a que el Estado se haga cargo de la producción con exclusividad, al socializar los medios de producción.

En cuanto a las experiencias históricas, los efectos de la revolución rusa llegan a nuestra región influyendo en la revolución cubana, la que concentra la producción en manos del Estado, con el resultado de tener muy poco para distribuir (lo que hace a través de una tarjeta humillante y sin cubrir las necesidades básicas). Algo parecido ocurre con el socialismo del siglo XXI de Venezuela, dando lugar a una crisis humanitaria denunciada incluso por la iglesia de Francisco.

Es que el proceso de producción requiere de habilidades, objetivos y una actividad prolongada en el tiempo; todos requisitos que no caracterizan a la función de gobernar, con tiempos acotados de representación. José Mujica habló de los empresarios destacando sus habilidades y saberes particulares, los que reconoció él admiraba y no poseía. Por su parte China (acorde con el Marx post Grundrisse) incorpora la empresa privada a un proceso productivo que la convirtió en potencia económica mundial, sacando de la pobreza a millones de personas, y reduciendo desigualdades).

Nuestro país no fue ajeno a la influencia de las revoluciones rusa y cubana, pero sin intentos serios de socialización de los medios de producción (salvo un grupo de jóvenes a los que Perón expulsara de la plaza por imberbes). Pero sí alimentó nuestra cultura política con un difuso sentimiento de rebeldías derivado de frustraciones varias, las que dieron lugar a posiciones anticapitalistas, y reivindicaciones de derechos sin las contrapartidas de obligaciones, con fuerte acento en la protesta y con un Estado en el centro de la escena, al que no se le exige resuelva el problema de la producción.

Cultura que llevó a gobernar a diferentes fuerzas políticas que lejos de resolver el problema lo fueron agravando, como lo muestra un nivel de pobreza que en 1983 estaba en un dígito y ahora cercano al 50%. Los radicales se concentraron en el afianzamiento de la democracia con olvido del aliento a las inversiones productivas; los peronistas pusieron el acento en una distribución de riquezas que, al no ser creadas, llevaron a un asistencialismo de prebendas. Y el PRO llega al gobierno con una experiencia acotada derivada de administrar una ciudad, en la que no debió enfrentar desafíos macroeconómicos como controlar la inflación, el tipo de cambio, atraso en la legislación laboral, y todos lo que implica atraer inversiones productivas. Por eso tampoco redujo las desigualdades.   

*Sociólogo.

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