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COLUMNISTAS / COMERCIO EXTERIOR
sábado 19 enero, 2019

Diplomacia infraeconómica

Es imperativo que la Cancillería trabaje con el Ministerio de Producción para diseñar e implementar una estrategia exportadora, alineada con los sectores productivos.

por Patricio Carmody

Con Xi Jinping. Mauricio Macri desarrolló una intensa “diplomacia presidencial”. Foto: casa rosada
sábado 19 enero, 2019

La diplomacia de la administración Macri se ha destacado por su dinamismo y alta visibilidad, pero también por su bajo impacto en lo económico-comercial y su escasa contribución al desarrollo. Diversos factores han influido para que los resultados obtenidos a nivel de nuestras exportaciones no hayan sido proporcionales a los kilómetros volados por los ejecutores de nuestra política exterior, incluidos aquellos recorridos por la macridiplomacia.

Un factor importante es el hecho de que a lo largo de tres años de gobierno no ha habido un esfuerzo centralizado ni una visión clara respecto de cómo encarar el desafío de exportar. Aunque se ha notado una gran diversidad de actores en este campo, no se han observado ni estrategias precisas ni mecanismos efectivos para impulsar nuestras ventas al exterior.

Desde el punto de vista organizacional, un factor relevante es el hecho de que el “jefe en las sombras” de la Cancillería, el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo, que reporta al jefe de Gabinete, Marcos Peña, no le haya dado importancia a la labor económica de nuestra diplomacia. En efecto, Pompeo tenía en mente la idea de convertirse en un national security advisor (secretario nacional de seguridad), al estilo de Henry Kissinger o Zbigniew Brzezinski en los EE.UU., sin poner foco en temas económicos, algo prioritario para un país en vías de desarrollo.

Otro factor desde lo organizacional fue la férrea voluntad del primer ministro de Producción, Francisco Cabrera, de ubicar el comercio exterior en su cartera. Lamentablemente, este nivel de voluntad e influencia política no fue acompañado por un nivel comparable de capacidad, conocimiento o voluntad exportadora. La escasa transformación del aparato productivo nacional y de su orientación hacia las exportaciones es quizás una de las grandes oportunidades perdidas de la actual administración Macri.

Un ministro capaz, Dante Sica, lucha a contrarreloj y en relativa minoría para revertir esto.

En este contexto, ha sido llamativa la relativamente escasa oposición que ha ofrecido la corporación diplomática, probablemente la organización mejor preparada en la función pública, a la limitación de sus funciones en el campo económico internacional. Si bien la primera canciller de la administración Macri, Susana Malcorra, luchó para mantener estas responsabilidades, el actual canciller Faurie, irónicamente un funcionario de carrera, ofreció una limitada resistencia. Lamentablemente, el limitado impacto de los funcionarios de carrera elegidos en un primer momento por Malcorra para dirigir las áreas económicas internacionales no ayudó al prestigio de la Cancillería en este campo. Así, el ministerio debió resignarse a ver cómo el área económica internacional era ocupada por funcionarios cercanos al presidente Macri, con expertise en inversiones pero con nulo conocimiento de los complejos temas comerciales. Al observar este proceso, probablemente faltó en la corporación diplomática algo de visión, al no entender que en una época de comunicaciones instantáneas y de una fuerte diplomacia presidencial, el asumir protagonismo en el área económica internacional era un elemento clave para justificar su existencia y los recursos a ella asignados.

Como consecuencia de estos factores, no existió un funcionario, una función o ente que se ocupara de expresar y defender una nítida visión exportadora. De este modo, aunque se realizaron cambios en algunos aspectos administrativos que facilitaran el comercio, no hubo una voz firme en el Gobierno que defendiera las condiciones fundamentales para que, según el ex ministro de Hacienda chileno Hernán Büchi, florezcan las exportaciones:

1) mantener el tipo de cambio real alto en el tiempo, 2) no exportar impuestos, y 3) optimizar la promoción comercial. Además, al no existir una visión exportadora consensuada con los sectores productivos locales, cualquier tipo de negociación comercial con otros países o regiones estaba condenada al fracaso. Independientemente de las resistencias de nuestros socios en el Mercosur, o de nuestras contrapartes en las negociaciones.

Paradójicamente, lo que se ha presentado como triunfos de la política exterior en lo económico –el acuerdo “a dos tiempos” con el FMI, y el incremento del swap de divisas con el Banco Central Chino– son señales de debilidad más que de fortaleza. Estas iniciativas, lideradas por el Ministerio de Finanzas y con el importante apoyo de la macridiplomacia –la diplomacia presidencial–, son en realidad la consecuencia de un poco efectivo manejo de las finanzas públicas. Más aún, desde el punto de la política exterior, estas dos acciones crean “relacionamientos con dependencias” tanto con los EE.UU. como con China, quienes no dudarán en ejercer una “diplomacia de la deuda” con respecto a la Argentina cuando esto les sea conveniente.

A causa de los factores mencionados, la Cancillería ha visto sumamente limitada su capacidad de utilizar su vasta red de contactos internacionales para contribuir al desarrollo económico del país, y en particular a un aumento considerable en las exportaciones. Así, no ha podido aportar demasiado al cumplimiento de la meta “pobreza cero” propuesta por el Gobierno. Tampoco pudo aportar a la “unidad de los argentinos”, ya que si, como decía

Raymond Aron, “el crecimiento económico no resuelve milagrosamente los problemas sociales, pero sí contribuye a reducir la intensidad de –en términos marxistas– la lucha de clases”, los negativos resultados económicos no ayudarían a suavizar las divisiones internas.

Al encarar un cuarto año de gobierno, es imperativo que la Cancillería trabaje en forma estrecha con el Ministerio de Producción, para diseñar e implementar una estrategia exportadora que esté en línea con una visión de desarrollo consensuada con los sectores productivos. La capacidad del Ministerio de Relaciones Exteriores, demostrada en el G20, no debe ser desaprovechada en el campo económico internacional.

*Doctorando en Relaciones Internacionales. Miembro consultor del CARI y del Cippec.


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