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COLUMNISTAS / entregadores y analfabetos
sábado 8 diciembre, 2018

Dónde estamos sentados

Mucho podría decirse de la emoción en situaciones extremas, allí donde el ánimo se tensa ante un acontecimiento especialísimo.

por Rafael Spregelburd

Macri llora emocionado luego de la gala en el Colon. Foto: Captura

Mucho podría decirse de la emoción en situaciones extremas, allí donde el ánimo se tensa ante un acontecimiento especialísimo. Los actores lo sabemos. A veces, lo que no es estrictamente emocionante en un texto escrito para ser actuado o en una situación no del todo bien dibujada se convierte en una fuerza emocional demoledora cuando acontecen los testigos (el público), que aportan con su mirada ese combustible misterioso que hace estallar un torbellino de sensaciones sin palabras. Entonces es natural –es humano– que el espíritu se quiebre. Macri no lloró ante miles de ocasiones pintadas para la ocasión: la muerte de Santiago, el dolor de los familiares del submarino, el cierre de los ministerios, el ajuste. Y sin embargo, una representación teatral patética, un bailando por un sueño flúo y for export, una broma regional de identidad y cachivaches lo pudieron.

A veces, lo que no es estrictamente emocionante en un texto escrito para ser actuado o en una situación no del todo bien dibujada se convierte en una fuerza emocional demoledora cuando acontecen los testigos

La primera dama, en idéntica tesitura, reunió a sus pares –esposas, amantes y concubinas de líderes mundiales– en un gesto de igualmente dudoso mal tino. Donarán diez sillitas firmadas por artistas a escuelas pobres (bah, públicas) para que falte de todo menos arte. Frente al desmantelamiento consciente y sistemático de la educación pública, no solo veo cinismo en la propuesta sino también un despiadado desenfoque del arte y sus intenciones, confundiendo obra, creación, espíritu, con mero fetiche. Si bien el arte no tiene objetivo alguno y sus límites deberían ser los del cosmos todo, a estas damas tal vez no se les ha dado por imaginar qué será efectivamente de esa silla tocada por la vara divina y firmada, por ejemplo, por Melanie Trump en una escuelita de –digamos por decir– Roque Sáenz Peña, Chaco. ¿La usarán para sentarse de a ratitos o será envitrinada para ofrecerse como el objeto inalcanzable, la razón del valor de la obra de arte devenida fetiche, la vara ilegible y adamantina que mide la distancia entre los ricos y los pobres?

Frente al desmantelamiento consciente y sistemático de la educación pública, no solo veo cinismo en la propuesta sino también un despiadado desenfoque del arte y sus intenciones

Es lo que pasa cuando la cultura queda en manos de entregadores y analfabetos: ya no hay ni siquiera un ministerio que asesore y el ex ministro Avelluto prefiere aplicar las órdenes de recorte a rajatabla en detrimento de la cultura que es de todos. Será por eso que subejecutan el dinero destinado al Fondo Nacional de las Artes o al Incaa y lo retienen en plazos fijos mientras se gastan una fortuna en pagar la deuda que ellos mismos generaron o en cortar la Ciudad para que aterricen los patrones. Ese aterrizaje, ese saqueo, que llena de emoción a los tilingos.


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