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Dos clases de críticos

Mucho le debe Domínguez Michael a sus lecturas de Maurizio Serra, el historiador ítalo-francés biógrafo de D’Annunzio.

La editorial Mardulce acaba de reeditar lo que la contratapa denomina con acierto “un clásico del ensayo literario”: Nueva escritura en Latinoamérica, de Héctor Libertella, aparecido originalmente en 1977. Hay dos clases de críticos: los que dialogan con la tradición y los que intentan ir más allá de ella. Este es el caso de Libertella: escritor de culto, habla aquí de un posible futuro de la literatura atrapada por la pedagogía, los nacionalismos y el mercado. Es un libro bastante hermético, como le gustaba a Libertella que fueran sus libros porque escribía bajo la premisa, para decirlo brutalmente, de que era mejor que los tontos no lo entendieran del todo. Libertella señala una serie de nombres que tienen un denominador común: formar parte de esa vanguardia a la que él mismo pertenecía. Me refiero al de Osvaldo Lamborghini en Sebregondi retrocede, al de Salvador Elizondo en Farabeuf, al de Severo Sarduy en Cobra, al de Manuel Puig en The Buenos Aires affair, al de Reynaldo Arenas en El mundo alucinante, con la particularidad de que en el capítulo correspondiente Libertella no menciona los apellidos y habla, coqueteando con las teorías de esos años, solo de “textos”.

Otro libro, publicado este año en Santiago de Chile por la UDP es una ampliación del original de 2016, es Retrato, personaje y fantasma de Christopher Domínguez Michael, distinguido crítico mexicano, que hace aquí una incursión italiana a partir de tres escritores réprobos: Gabrielle D’Annunzio, Curzio Malaparte y Pier Paolo Pasolini. Los dos primeros fueron parte del fascismo (D’annunzio puede considerarse hasta un socio fundador), el tercero eligió ponerse a contramano de todos, incluso de sí mismo. Claro que a Pasolini le salió mejor la apuesta al futuro: hoy es raro que alguien hable mal de él, aunque a Domínguez Michael no le faltan ganas por momentos: “un clásico en toda la extensión de la palabra: popular y elitista, edificante e insoportable, genial y embustero”, escribe. Y más adelante: “pocos llegaron a ser snobs de una manera tan perfecta como Pasolini”. Retrato, personaje y fantasma es un libro muy entretenido porque es la crónica de un descubrimiento: la del propio crítico de tres autores que no solía frecuentar. De ahí su frescura, de ahí algunos exabruptos del usualmente más medido CDM.

Mucho le debe Domínguez Michael (y lo reconoce) a sus lecturas de Maurizio Serra, el historiador ítalo-francés biógrafo de D’Annunzio y de Malaparte pero también de Mussolini. Más allá de las desopilantes anécdotas de uno y otro en medio de la siniestra farsa que fue el fascismo italiano (que entre sus defectos no tenía el de ejecutar a los escritores disidentes), el libro permite formarse una imagen nítida de ambos. Ceo que el veredicto de Domínguez Michael es que D’Annunzio no carecía de talento, pero su pomposa vacuidad le juega en contra a la hora de ser rehabilitado. Del menos payasesco pero igualmente histriónico Malaparte, en cambio, el libro deja un retrato más favorable, el de alguien que acaso siga valiendo la pena leer, aun con nuestros prejuicios contemporáneos. Retrato, personaje y fantasma destila cierta discreta simpatía por el autor de La piel, Kaputt y Técnica del golpe de estado. Alguien que no era precisamente un demócrata, aunque quedan pocos de esos.

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