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COLUMNISTAS / CORRUPCION OCULTA Y REALIDAD EVIDENTE
sábado 24 marzo, 2018

El abrigo de piel

Nosotros tenemos a Cristóbal López, cuya vida en el delito hoy nos ocupa más que la repetida historia de las divisiones del peronismo y su reunificación.

por Beatriz Sarlo

Tribunales convulsionados. Análisis de Beatriz Sarlo. Foto: Cedoc

Los jueces favorecieron a Cristóbal López, que fue amigo de los Kirchner. Macri criticó el fallo. El 15 de diciembre de 2008, el sitio La Política Online (que dirige Ignacio Fidanza) reveló, citando una nota del periodista Carlos Pagni, que Néstor Kirchner, poco antes de terminar su mandato, autorizó a Cristóbal López para que agregara 1.500 máquinas tragamonedas a las 3.000 que posee en el casino de Palermo y, con la misma mano, prorrogó la concesión en ese predio. Hasta allí, algo de lo que sabemos sobre la hermandad de los Kirchner y López.

La información de La Política Online también nos ayuda a recordar que Mauricio Macri, entonces jefe de gobierno de Buenos Aires, envió a la Legislatura un convenio sobre juegos de azar por el que “se obliga a respetar los términos y condiciones de las concesiones y permisos que amparen a los juegos existentes a la fecha, con sus ampliaciones y prórrogas”. Y se agregaba la misma protección a los permisos que se firmarían en el futuro (cautela un poco extravagante, aunque previsora). Los negociadores del lado de Macri fueron su gran amigo Nicolás Caputo y José Torello. El beneficiario, entre otros conocidos, fue Cristóbal López, un hombre bien dotado para las amistades y los favores por encima de la famosa “grieta”.

Hay decenas de fotos de Néstor y Cristina junto a Cristóbal, por si hiciera falta recordar el cariño que los unía. No encontré ninguna de Macri con el empresario del juego. Pero encontré, publicada en la página web del diario Río Negro (sólido y confiable medio patagónico), la noticia de que dos empresas de López fueron beneficiadas en la licitación por una planta depuradora y un colector cloacal en Bariloche. El presupuesto de ambas obras asciende a más de 400 millones. Las empresas de López presentaron invariablemente las ofertas más bajas, y el diario se pregunta si la licitación se llamó con un presupuesto inflado por el ente nacional que la convocó. Esta novedad sucedía el 13 de julio de 2017, es decir, cuando Macri era presidente y los bienes y las empresas de Cristóbal López ya estaban inhibidos judicialmente. A la gobernadora de la provincia de Buenos Aires tampoco le pareció que la inhibición fuera un obstáculo relevante para adjudicarle las concesiones de la Autovía 2 y la Ruta 11 (ambas provinciales). Subrayo que esas concesiones tuvieron lugar hace menos de un año. La gobernadora, que se rompe el alma haciendo timbreos, no tuvo tiempo de leer las decenas de noticias que los diarios publicaban sobre el empresario.

Repaso lo que he escrito y me pregunto: ¿esto es lo que vale la pena comentar en la política argentina actual? Me parece lógico que la prensa dé relevancia a la noticia de que Kadafi aportó dinero para la campaña de Sarkozy a las presidenciales de 2007. Es obvio y necesario que el espionaje o la venta de datos de Facebook sea tapa en todo el mundo. Ambos acontecimientos señalan peligros de consecuencias incalculables.

Nosotros tenemos a Cristóbal López, cuya vida en el delito hoy nos ocupa más que la repetida historia de las divisiones del peronismo y su reunificación.

El empresario K va a desaparecer cuando pierda su fortuna y quede preso por un tiempo más largo que el transcurrido hace unos días. Si tal es el futuro, no le quedan muchas tapas de diarios por delante. Después de viciosas e intolerables tardanzas y desvíos, los padrinos de la corrupción van a ser juzgados.

Hace muchos años, Karl Kraus, el gran vienés que criticaba los diarios desde su propia hoja, cuyo nombre era La Antorcha, publicó una historia que vale la pena recordar. Acostumbraba pasar horas en un café de su ciudad, donde se lo reconocía sin mayores aspavientos. En invierno, llevaba un abrigo de piel admirado por los parroquianos. Un día, Kraus no encontró su abrigo. La pérdida se reveló definitiva: un robo. A partir del hecho, todos en el café que frecuentaba Kraus, y que hasta entonces lo miraban con indiferencia, empezaron a preguntarle, con sostenida obsesión, por el abrigo. El robo le dio una celebridad que sus textos breves y punzantes no le habían ayudado a alcanzar entre los parroquianos, que se acercaban a su mesa para preguntarle si tenía novedades. Kraus, por supuesto, no las tenía, pero estaba obligado a responder. “Escribía libros, sin darme cuenta de que yo, antes que nada, tenía un abrigo de piel. La pérdida del abrigo me hizo ganar la atención pública”.

La corrupción es el abrigo de piel de la política. Hablamos de ella, leemos o escribimos sobre ella. Tapas y tapas con Cristóbal López. Así debe ser, porque el kirchnerismo todavía no acepta que su época estuvo enferma de corrupción y que la peste comenzó bien arriba. Así debe ser, porque la Justicia no merece confianza y los operadores judiciales existen como existen las brujas en el dicho popular: “No creo en ellas, pero que las hay, las hay”.

A Macri le conviene ese escenario. En una época en la que no se le perdona ninguna torpeza a un famoso, solo Perfil y Página/12 hicieron pública su ignorancia sobre la repatriación de los restos de San Martín, expresada durante un almuerzo con los granaderos. Con la condescendencia que solo le deparan a este presidente, otros medios no publicaron la foto de Macri en ocasión de proferir su disparate. Quizá lo perdonaron por vergüenza ajena. Además, mientras estamos ocupados con Cristóbal López, parece un desvío difundir la ignorancia del presidente, que es solo una nota de color.

El pasado jueves, en cambio, la página web de un prestigioso matutino fundado por el político e historiador que sabía bien cuándo se habían repatriado los restos de San Martín publicó una nota sobre los dos colores de las medias del Presidente, que se adhería así a una campaña por la diversidad, imitando al premier canadiense Trudeau.

Nuestro presidente no se pierde una, y sus medias salen por televisión.

Pese a lo que se diga y haga para los medios, a Macri le conviene seguir hablando de corrupción y transparencia. Por suerte, si sigue haciéndolo, estará firmando un compromiso cuya ruptura se le recordará cada vez que sea necesario, concierna el hecho al presente o a un pasado que quizá prefiera olvidar.


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