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COLUMNISTAS / Erotismo digital
domingo 23 septiembre, 2018

El amor en los tiempos del click

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por Bernarda Llorente

Exito. Dice haber superado los mil millones de coincidencias. Foto: Shutterstock

La primavera la sangre altera”. Lo dice el refrán, lo corrobora la ciencia y lo confirman las hormonas. Esas alteraciones químicas que volatizan el aire, que mejoran el humor y se sienten en el cuerpo son apenas la necesidad de reactivación ante demasiado letargo. En septiembre cualquier cosa es posible y parece fácil. Incluso, buscar amor sin complicarse o sexo sin implicarse.
En los tiempos que corren todo vale, menos el riesgo. El “amor moderno” parece reflejar un mundo de sentimientos opacos y pantallas ardientes, en el que las nuevas lógicas digitales dejan asomar un modelo aún en ciernes. En solo dos décadas, internet impuso sus códigos y desplazó las formas tradicionales de conocer gente. Mensualmente, 200 millones de usuarios confían más en la oferta ofrecida por algoritmos que en sus propias capacidades a la hora de arreglar una cita. El semanario británico The Economist da cuenta de este negocio planetario que ya mueve, anualmente, $ 4.600 millones de dólares, y que se consolida como la segunda opción para conocer a otro/a. Si bien la presentación de un tercero sigue encabezando la lista, los lugares tradicionales de conocimiento como el trabajo, el espacio educativo, la Iglesia o el gimnasio comenzaron a verse eclipsados por las opciones que ofrece la web.
  La modalidad Tinder, llamada así en honor a la aplicación que revolucionó la sociabilidad erótica, llegó para quedarse y sigue ganando adeptos. Aunque el universo de las “plataformas virtuales para relaciones reales” es amplio y heterogéneo, la famosa aplicación opera en 196 países, habla 30 idiomas y presume de haber superado, en cinco años, los mil millones de coincidencias.
  Las distancias que se acrecientan ante la “alteridad cercana” o los “seres de carne y huesos”, parecen ilusoriamente acortarse con un click en la pantalla. Con solo deslizar el índice de izquierda a derecha se puede producir el encuentro en el territorio virtual del desencuentro. La tecnología permite revolucionar el arte de la seducción, “normalizar” y liberar el deseo, segmentarlo y, a veces, vaciarlo.
El erotismo digital aparece, en sus formas, como “oferta a la carta”. Cualquier rasgo es suficiente para elegir o descartar una próxima conquista. La fascinación por el descubrimiento, uno de los mitos en los que se basa el amor romántico, es reemplazado por el más puro pragmatismo. La búsqueda digital tiende a reproducir los propios estereotipos y el deseo se direcciona timoneado por un cúmulo de prejuicios. Los filtros catalogan y ofrecen: religiosos, veganos, aburridos, entusiastas y hasta quienes están de uno u otro lado de la “grieta”.
  Para quienes buscan vínculos a largo plazo, la web puede ser una opción: constituyen vínculos más duraderos y estables. Las citas online tienden a unir parecidos y separar diferentes. La “unión clasificada” en nivel educativo e ingresos colabora a consolidar la uniformidad y desigualdad creciente en Occidente.
  Entre tanta superficialidad uniformada, la “cantidad”sobre la “calidad” debe apostar al marketing duro: la mejor foto, el comentario más vivaz o la originalidad suelen ser recompensados por el éxito.
La tecnología convalida un sentimiento de época marcado por la inmediatez y la autocomplacencia. Nada parece suficiente. En la cultura del consumismo insaciable, las posesiones son eclipsadas por las “carencias”. Se quiere todo, no se renuncia a nada. Cualquier elección es “perfectible”. Lo mejor siempre está por venir o está en otra parte. El mundo de “oportunidades inagotables” convierte en utópicos los amores reales y posibles.
La pregunta inevitable es si se trata de un “orden amoroso” distinto o solo de dilemas eternos bajo apariencias nuevas. Para el pensador coreano-alemán Byung-Chul Han el amor está amenazado por algo más que la libertad y las enormes posibilidades de elección. “La erosión del otro es lo que mata al Eros, porque el narcisista no puede encontrar nada fuera de sí y por tanto no hay nada que pueda amar”. O tal vez se trata de seguir peleándola, como decía Bauman. “Mientras está vivo, el amor está siempre al borde de la derrota”.

 *Experta en Medios, Contenidos y Comunicación. Politóloga.


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