Está claro que hubo peores tiempos de inflación en el pasado. En 1973, cuando asumió José Ber Gelbard en el Ministerio tuvo que combatir contra una inflación del 100 por ciento. Dos años después, el “Rodrigazo” tuvo los mismos efectos de un terremoto. Fue el ajuste, el shock más violento de la historia argentina porque se concretó con una devaluación del 100 por ciento, un aumento del 175 por ciento de los combustibles, del 76 por ciento en la energía eléctrica y del 120 por ciento en el transporte, autorizando incrementos en la mayoría de los precios y congelando los salarios.
Algunos dirán que aquello fue una muestra de realismo, otros aseguran que no se debía haber llegado a semejante pesadilla. En los hechos, el “Rodrigazo”, la respuesta a la “inflación cero” que pregonaba el tercer gobierno peronista basado en un endeble Pacto Social, se erigió en un drama social de proporciones, una de las antesalas del golpe militar de 1976.
En 1984 el ministro radical Bernardo Grinspun debió lidiar con una inflación del 400 por ciento, nacida a partir del desquicio de las cuentas públicas en la Dictadura. El Plan Austral la distrajo casi un año pero los compromisos presupuestarios, los desequilibrios regionales y la deuda elevó la tasa a más del 1000 por ciento anual en la “hiper” de 1989 con los correspondientes saqueos y la salida anticipada del presidente Raúl Alfonsín. El ministro Juan V. Sourrouille se refería siempre a una “inflación estructural”, producto de la distorsión productiva nacional .
Heridas profundas. Así las cosas la inflación actual, estimada por los analistas privados entre un 20 por ciento anual ( como piso) y en un 30 por ciento ( como techo) parecería una pequeña herida, pero no es así. Tras varios años de estabilidad económica el fenómeno económico que está castigando a gran parte de la masa de trabajadores ( formales e informales), a los jubilados y a las capas más empobrecidas de la población parece ser la consecuencia de muy variados factores trastornantes.
El Ministro de Economía, Amado Boudou, ha declarado, ayudado por las estadísticas del INDEC, que se trata de un “reacomodamiento de precios” pero basta observar la evolución de los valores para comprobar que algo más grave y peligroso está atacando al sistema.
El Gobierno se defiende indicando que algunos indicadores demuestran normalidad y hasta mejoras. Por ejemplo, los funcionarios oficiales dicen que la recaudación impositiva de febrero ( 23.377 millones de pesos) es más del 20 por ciento superior al mismo mes del año pasado. Lo que no se acota es que el IVA y el impuesto a las ganancias representan algo más del 50 por ciento de la suba en los ingresos. Esto evidencia la carrera inflacionaria.
El problema es que un proceso de precios engordados no se revierte fácilmente. Para nada ayuda la pugna política entre el Gobierno y la oposición o el enfrentamiento del Poder Ejecutivo con el Legislativo y el Judicial porque la gran consecuencia es un clima de imprevisibilidad y desconcierto..Pésimos elementos para que la actividad empresaria produzca con normalidad.
Está instalada una polémica acerca del detonante de la inflación, si es de oferta o de demanda. Se entiende que es la suma de los dos. A lo que se agrega el incremento de tarifas, la suba en los combustibles, las vedas a ciertas importaciones, el mayor gasto público (traducido en los millonarios subsidios y en obras), las demandas salariales que varios gremios anunciaron a partir de las paritarias que se inician en este mes de marzo.
Hay agregados: los especialistas consideran que la expansión monetaria está golpeando con insistencia y la cotización de los alimentos se va para arriba. El agro anunció hace años que se venía una liquidación del stock vacuno pero no hubo política ganadera ni, en general, estrategias estatales para las actividades del campo. Hoy por hoy los precios de la carne se estiraron entre un 35 y 50 por ciento, realidad que impacta en el tipo de alimentación posible.
Cada sindicato lleva a las paritarias su propio argumento de mejoras salariales. Lamentable sería que no se pongan de acuerdo con las otras patas de la negociación.