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ECONOMISTA DE LA SEMANA

El crédito es bueno, la deuda es mala

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Reforma. El sistema tributario local es complejo: existen 160 impuestos. | Néstor Grassi

Dijo  Woody Allen que “la diferencia entre la comedia y la tragedia es que en la comedia sus personajes encuentran la forma de sobreponerse a la tragedia”. Es una frase más simpática que la de Carlos Marx que dice que “la historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa”. Argentina es experta en soportar tragedias llegando a situaciones límite, y debemos encontrar el camino para sobreponernos. Un primer paso sería entender las razones por las que esto ocurre y sobre todo, que la solución es simple aunque no sea fácil.

Los problemas argentinos son múltiples facetas de una misma realidad. He aquí un posible razonamiento, y nótese que puede leerse comenzando por cualquier parte de esta frase: Hay pobreza porque no hay empresas que crezcan que puedan contratar más gente porque prefieren trabajar en negro o no son rentables porque nadie puede o quiere pagar todos los impuestos que se imponen para cubrir el enorme gasto público que oculta una gran ineficiencia bajo el escudo de proteger al que no puede trabajar y ese gasto genera un déficit que debe cubrirse con aún más impuestos o deuda cuyos intereses son tan altos que privan de recursos a la economía para generar la infraestructura que permita que las empresas crezcan, etc. etc. Agotador. Hay otras explicaciones. Argentina está en un terrible círculo vicioso.

El crédito es indispensable para el crecimiento en una economía. Permite que se pueda acceder a bienes (por ej. una bicicleta, una máquina, una heladera o una casa) pagándolo en el tiempo. Muchas veces los pagos se hacen con lo que genera la misma actividad. Eso permite crecer a las familias o empresas.

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Asimismo, el crédito es un gran factor de igualdad en una sociedad. Si un emprendimiento (por ej. un restaurante o una fábrica, etc.) solo pudieran llevarlo a cabo quienes ya cuentan con recursos, jamás podría crecer quien no tuvo recursos desde el primer día.

Para un país, el crédito es muy importante, ya que no es necesario tener todos los fondos reunidos previamente para iniciar las grandes obras que puede hacer el Estado. Aun cuando los fondos estuvieran, no es lógico que se pague en uno o dos años una obra que será utilizada por varias generaciones.

Por esas y otras razones  decimos que el crédito es bueno. Las pymes claman por crédito, los países piden prestado, las familias lo necesitan para montos importantes. Sin embargo,  cuando hay que pagar esas mismas deudas aparecen las voces críticas, denostando las razones por las que se tomó y su costo.  Otra vez, el crédito es bueno y las deudas son malas.

En Argentina debemos agregar una situación muy particular: la deuda no siempre es para inversión sino para pagar gastos corrientes. Es el equivalente a dejar de pagar la tarjeta, solo que con importes mucho mayores. Lamentablemente siempre llega el momento de pagar las deudas. Siempre.

Argentina negocia ahora con sus acreedores desde una situación de gran debilidad económica. Ha anunciado que no quiere/puede pagar la deuda en las condiciones previstas porque no hay suficientes recursos. Esto es verdad ahora por los devastadores efectos del Covid. (Pequeño detalle: no lo era  tanto cuando fue anunciado en la campaña electoral). La situación de las provincias es también muy frágil.

 La actual negociación de Nación y provincia(s) discurre por carriles relativos a la quita de capital, alargamiento de plazos y reducción de cupón de interés. Llegados a un acuerdo, veamos las condiciones para poder cumplir con las nuevas promesas: reducción y reasignación de gastos, simplificación y reducción impositiva, modernización de toda la estructura productiva, revitalización del ahorro local y muy especialmente fomentar exportaciones.

Es inexorable una reducción y reasignación de gasto público por lo que habrá actividades que lamentablemente no podrán continuar. Será un trago amargo. De alguna manera los gastos deberán reducirse y primero en la lista es la limpieza de los padrones de dobles prestaciones o casos injustificados. Tal vez los importes no sean tan elevados pero es una cuestión de justicia.

Los impuestos han alcanzado niveles sorprendentes que impiden que las empresas puedan soñar con reinvertir. Adicionalmente el complejo sistema de más de 160 impuestos debería ser simplificado aun cuando se mantenga la carga impositiva total.

Tenemos un sistema de retenciones único en el mundo no solo por las exacciones que representa, sino por el efecto devastador que tiene sobre el interior: con tan magros ingresos solo se pueden pagar malos salarios, que sumado a las pésimas prestaciones de salud y educación obliga a la gente a migrar a grandes poblaciones y centros urbanos.

Cierto es que sin inflación y con  crecimiento se diluye el peso del gasto y de la deuda. Busquemos entonces el crecimiento mejorando nuestra competitividad. Desconfío del argumento que postergando pagos y sin crédito sea más fácil crecer.

A menos que haya cuestiones  políticas que se me escapan, el Gobierno es el principal interesado en evitar un default. Si paga, los próximos créditos serán más baratos. Países de alta calidad crediticia en realidad no pagan nunca el capital ya que refinancian continuamente y solo pagan un bajo interés. Nosotros, por no ser confiables, pagamos alto interés y además debemos devolver el capital. No tuvo, tiene ni tendrá sentido amenazar o meramente sugerir que no se podrá pagar. Estoy segura de que de una u otra forma se renegociará la deuda y entonces sí, a ponerse a trabajar en aumentar exportaciones, reducir gastos y alcanzar un pequeño superávit.

 Es casi chistoso decir simultáneamente que no se puede reducir el gasto, que creceremos poco, que seguiremos teniendo déficit y necesitamos más plazo, al mismo tiempo que se emite dinero (muy necesario por la pandemia) que el BCRA absorbe con… más deuda!  Seamos coherentes y dejemos de ser como otro chiste de Woody Allen en  la película Annie Hall: dos personas están en un hotel y una comenta, “¡Vaya, aquí la comida es realmente terrible!”, y la otra contesta: “¡Y además las raciones son muy pequeñas!”.