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COLUMNISTAS / cambios en la educación
domingo 8 diciembre, 2019

El docente-coach

Maria Laura Conte

default Foto: CEDOC
domingo 8 diciembre, 2019

Cada uno de nosotros puede considerar su vida y sus circunstancias como espacios emergentes de su experiencia y de los condicionamientos del entorno. Sin embargo, Stephen Covey, en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, considera que esos mapas no son el territorio: son una “realidad subjetiva”, solo un intento de describir el territorio.

Nuestras creencias o nuestros paradigmas, correctos o incorrectos como ya hemos visto, son las fuentes de nuestras actitudes y conductas, y en última instancia, de nuestras relaciones con los demás. (...)

El enfoque de adentro hacia afuera mira en primer lugar quién soy yo y qué debo hacer para lograr aquello que deseo obtener como resultado. Me compromete a generar en mí valores y actitudes que deseo ver también en el otro o en mi entorno. Deja de lado la mirada hacia afuera, hacia el otro, echando culpas y me respons-habiliza (habilidad para responder) frente a las diversas circunstancias de la vida.

En su libro El hombre en busca del sentido (escrito tras sobrevivir a los campos de concentración de Auschwitz y Dachau) Viktor Frankl escribió: “Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: la de elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Cuando me centro en la mirada de adentro hacia afuera soy proactivo, me enfoco en aquello que puedo modificar, mis palabras, mis acciones, mi conducta, mis errores, etc. En este nuevo paradigma, el rol del docente-coach supone una transformación. El docente-coach es aquel que conoce su situación, sus capacidades, habilidades y las de su aula y, frente a esto, se respons-habiliza tomando lo mejor de cada uno, potenciando las fortalezas y aprendiendo de los errores. (...)

Una mirada proactiva del docente-coach consiste en cambiar de adentro hacia afuera, ser distinto, y de esta manera provocar un cambio positivo en lo que está allí afuera: puedo ser más ingenioso, más diligente, más creativo, más cooperativo. (...)

El docente-coach es aquel que desde el mismo lenguaje acciona en lugar de reaccionar. No culpa a fuerzas externas, a otras personas, a las circunstancias, etc., de su situación, sino que se hace cargo y acciona en consecuencia, producto de la propia elección consciente basada en valores.

Es un facilitador y catalizador de las emociones en las que el alumno se piensa y se conoce a sí mismo. Acompaña a los alumnos a ser los artífices de su propio aprendizaje, dando espacio no solo al conocimiento sino al desarrollo de habilidades como el liderazgo, el trabajo en equipo, la empatía, la colaboración, el autoconocimiento y el pensamiento visible.

Para poder aprender, primero debemos ser ignorantes. No tiene sentido aprender algo que ya sabemos. Decir que no sabemos algo impacta en nuestra imagen pública, debido a que la sociedad valora en primer lugar el conocimiento; y esto en realidad no es algo malo, lo malo es cuando fingimos saberlo todo o cuando esa actitud de sabelotodo se instala como actitud primordial en nosotros.

Es importante tener en cuenta que un docente debe conocer su materia, eso es indiscutible, pero no necesita transformarse en un sabelotodo, ni tener permanentemente la razón. El sabelotodo no es el que sabe todo, sino el que cree que es el único que está en lo cierto, que su verdad es la única verdad. Es quien descarta ideas de otros porque son más jóvenes, que da órdenes sabiendo menos que otros. El sabelotodo siempre tiene razón, siempre está en lo correcto, siempre sabe qué hay que hacer para resolver cualquier problema.

Por ejemplo, un director sabelotodo, frente a la queja de un padre respecto de un docente, puede argumentar la indisciplina del grupo de alumnos o la escasa experiencia del docente. Como no se considera parte del problema, no puede ser parte de la solución. Por lo tanto, como menciona Fred Kofman, el precio de la inocencia es la impotencia.

Es un espectador de la situación, no juega al fútbol, pero le gusta observar y dar directivas, eso le da seguridad. Es una víctima inocente de la situación. Nada puede hacer. ¿Nada? El aprendiz reconoce los factores que están fuera de su control pero se centra en aquellos que puede modificar. Entiende que todo resultado es consecuencia de un desafío y de su habilidad para responder. Si el desafío es mayor que su habilidad, el resultado es negativo; si su capacidad es mayor que el desafío, entonces el resultado es positivo.

Por ejemplo, para motivar a los alumnos, un docente-coach debe incrementar su habilidad de motivación o reducir las actitudes negativas y de desgano de estos. Si solo se queda en la queja por la falta de motivación y los culpa por no involucrarse, se transforma en una víctima de esa misma situación.

Yo me veo como un factor causal de cualquier problema que me afecte y, como tal, puedo atender a la situación con mis capacidades. Veamos un ejemplo. Dos personas van caminando a una entrevista y las agarra una lluvia. Al llegar les preguntan: ¿qué pasó? ¿Por qué se mojaron? El sabelotodo contesta: “Por la lluvia, no había lugar donde refugiarse”. El aprendiz dice: “Nos alcanzó la lluvia y no había llevado paraguas”. El sabelotodo le echa la culpa a la lluvia, el aprendiz acepta la responsabilidad de no haber llevado paraguas. Ambas opciones son válidas, pero el resultado no es el mismo. El sabelotodo se mojará cada vez que llueva mientras que el aprendiz habrá aprendido algo y llevará un paraguas, porque se responsabiliza de las situaciones. Para ser un aprendiz, la cualidad principal que se debe desarrollar es la humildad. (...)

*Autora de El coaching entra en el aula, editorial Granica (fragmento).


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