La economía no arranca. Definitivamente, este es el problema clave que está atravesando al gobierno y complicando la vida de la gente. Las promesas de mejoras para el bolsillo y la calidad de vida se han esfumado para un porcentaje creciente de la población. Los reclamos sobre la situación laboral se multiplican. La nómina de empresas que tienen dificultades no cesa. Están las que pueden sobrevivir a expensas de un programa de reducciones de su personal y de los turnos. En muchas de ellas, donde antes había tres turnos, ahora hay dos; y en las que antes había dos, ahora solo queda uno. Es algo que ya se vio en la década de los noventa y también durante el gobierno de Mauricio Macri. Ninguna de esas dos administraciones tuvo la capacidad ni la voluntad de encontrar una solución a este dilema que tuvo una consecuencia política nefasta: el advenimiento del kirchnerismo primero y su retorno después. Creyeron que “la mano invisible del mercado”, solucionaría todo. No fue así. Y nunca es ni fue así en forma absoluta. La vida de una sociedad es algo mucho más complejo que una teoría. Lo mismo se aplica para los que defienden el estatismo a rajatabla. Las ideologías en su concepción nunca aportan soluciones cuando se las abraza a modo de dogma. Por eso, las dirigencias políticas están mostrando – acá y en el mundo - una creciente disociación de lo que pasa en el llano. Enfrascada en sus problemas, no sólo no prestan atención a lo que pasa extramuros del poder, sino que no les preocupa el estudio ni el análisis de las complejas situaciones que plantean el presente y el futuro.
En abril pasado, Luis Caputo anunció que se vendrían los mejores 18 meses de toda la historia. Estamos a mitad de octubre sin que nada de ello haya ocurrido. O sea, seis meses después, la situación no sólo no ha mejorado, sino que, para muchos sectores, ha empeorado. Esto ha llegado al gabinete, en donde a varios de sus miembros se les hace imposible evadir el tema. La razón de ello es muy simple: más allá de ese limbo que son los despachos del poder, esos funcionarios hablan y conocen gente de sus entornos que también la está pasando mal.
Uno de los funcionarios más afectados por esta situación es Diego Santilli. El jefe de Gabinete se desvive en gestos de buena relación y comprensión con los gobernadores. Es lo mismo que había ocurrido con su predecesor, Guillermo Francos. Fruto de esa comprensión y buen diálogo acuerda con ellos, pero después se ve imposibilitado de convencer a los Milei y a Caputo de cumplir con lo pactado. Santilli sabe y ve que las cosas no están bien. Mas, todo es en vano.
Karina Milei también está inquieta con la falta de arranque de la economía y entiende perfectamente que, si eso no se modifica, la posibilidad de ganar la elección de 2027 comenzará a alejarse de forma palpable.
El ministro pide una paciencia que poco a poco empieza a estrecharse. A su vez, hay quienes sostienen haberlo escuchado coincidir con algunas de las observaciones, críticas y aportes que escucha en sus conversaciones y reuniones con especialistas y protagonistas de la vida económica y haber señalado que algunas de esas propuestas se las presentó al Presidente en el que encontró una pared infranqueable a cualquier sugerencia que lo contradijera. Es difícil saber dónde está la verdad en un gobierno con una comunicación tan mala entre sus miembros. Lo que hay directamente es una falta notable de comunicación. Muchos de esos contactos se limitan al WhatsApp (sic).
Hablando del ministro, el lunes pasado no fue un buen día para él. Como lo recogen todas las crónicas, para sorpresa de todo el Gabinete, Javier Milei convocó a sus miembros a escuchar una presentación del economista Alberto Ades. Curiosamente, el ministro fue el único que no asistió, aduciendo que estaba padeciendo de un estado gripal del cual, según se supo, afortunadamente se recuperó de forma rápida. Ades es un abogado, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que tiene un máster en Economía en la Escuela de Economía de la Universidad de Harvard. Reside en Nueva York desde hace 30 y es un hombre de consulta de los círculos financieros de Wall Street. Obviamente, coincide en absoluto con el rumbo trazado por Javier Milei, pero es crítico de ciertos aspectos del plan económico que implementa Luis Caputo, a quien dice apoyar. Sus observaciones se resumen en tres interrogantes: el primero es la necesidad de revisar la política cambiaria, sin abandonar el objetivo de controlar la inflación, para ayudar a las empresas a encontrar viabilidad para atravesar la transición; el segundo, la necesidad de buscar instrumentos que estimulen la salida de los “dólares del colchón” hacia el sistema de bancos y mercados de capitales a fin de revitalizar y expandir el crédito; y el tercero, es profundizar el punto atinente al valor del dólar, para evaluar y debatir si un tipo de cambio más alto ayudaría a las empresas a enfrentar el tema de la competencia externa y estimular el turismo y la construcción. Más allá de los aspectos, lo que llamó la atención, fue la euforia desmedida del presidente luego la exposición del economista. Volvió a hacer referencia a la lluvia de dólares que llegará al país.
La reunión entre Javier Milei y Patricia Bullrich fue el hecho político más resonante al interior de La Libertad Avanza. “Ese encuentro era algo absolutamente imprescindible. La voz de Patricia es un llamado de atención que el Presidente y Karina tienen que escuchar. Ella - la senadora - tiene el pulso de la calle que les falta a los hermanos”, se sinceraba con voz de alivio un conocedor minucioso de la interna del Gobierno. Es evidente que este encuentro marca un punto de inflexión. Bullrich no callará nada, a diferencia de lo que hace la totalidad del Gabinete. El hermetismo sobre los detalles y la extensión del encuentro, describen su intensidad. Se habló “con sinceridad” dice el texto de lo comunicado. Esa sinceridad habrá incluido las críticas de la senadora a los manejos internos dentro del gobierno y también sus eventuales aspiraciones presidenciales?