COLUMNISTAS

¿El fin de la crispación?

AYER Y HOY: El 8N, hace 18 meses, y CFK con Macri.
| Cedoc Perfil

El jueves se cumplió un año y medio del 8N, la mayor protesta contra el kirchnerismo que juntó medio millón de personas en la Plaza de Mayo y a otras 200 mil en barrios de la ciudad de Buenos Aires para reclamar contra la corrupción, la reforma constitucional y el impuesto a las ganancias, principalmente.

Dieciocho meses después –parece un siglo–, nada mejoró: la economía está peor, con más inflación y más personas pagando más impuesto a las ganancias, y tampoco hubo ningún avance en la lucha contra la corrupción. ¿Por qué, entonces, no se repiten incrementadas aquellas protestas como sucede en Venezuela, donde también la economía empeora al tiempo que sube la inflación? Probablemente porque el kirchnerismo ya perdió en las urnas, se comprobó que una eventual reforma constitucional era irrealizable y se apaciguó el ánimo de sus adversarios, que –sintiendo el sabor del triunfo– están dulces regodeándose con el fin del “modelo”.

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Algo debe compensar, porque la economía está realmente muy mal: algunos supermercadistas informan que el consumo de carne bajó 11% y el de los alimentos en general porcentualmente la mitad. Que cuando la gente reduce el consumo de comida es porque la situación es crítica, peor que en 2009, cuando el producto bruto cayó casi 3%.

Tal vez el próximo fin del kirchnerismo obre como bálsamo sanador y cualquier penuria económica sea vista por algunos no sólo como coyuntural, sino hasta como saludable por tratarse de “un dolor necesario para el proceso de curación de la enfermedad”, que sería el populismo. Para ellos, el ajuste en la economía sería entonces percibido como algo positivo, porque esta vez lo tiene que padecer el propio gobierno que creó las condiciones de posibilidad de la crisis.

Incluso aquellos que –de modo pesimista o realista– piensan que se está viviendo el mejor trimestre del año porque una vez que finalice la liquidación de gran parte de la cosecha y termine el Mundial habrá nuevas devaluaciones, un retomado impulso de la inflación y una nueva caída del consumo, lo asumen –si no con goce– como un mal menor. A Ernesto Sanz el kirchnerismo lo acusó hace ya bastante tiempo de haber deseado que una crisis económica terminara con la popularidad del Gobierno. Otra forma de ver el fenómeno se refleja en las críticas de Cristina Kirchner a quienes festejan y promueven el “cuanto peor, mejor”.

En los medios profesionales las críticas al Gobierno no amainaron, o hasta se podría decir que crecieron, pero ya no producen el mismo grado de indignación activa. La excepción es el tema de la inseguridad, y se explica por lo irremediable de sus consecuencias sobre aquellos a quienes les toca vivirlas en el presente, y porque se considera que el próximo gobierno no podrá solucionarlo tan fácilmente como a los problemas económicos, por lo menos los que afectan a su sector.

Pero no es la república la que estaría en juego como hace un año y medio, cuando los acosaba el fantasma de una Cristina eterna. Hoy la República es una muñeca que Lilita Carrió lleva a algunas presentaciones y fotografía para distribuir por las redes sociales, tomada de la parodia que en el programa de Lanata se hizo de su matrimonio político con Pino Solanas.

De aquella cita de Marx en El 18 de brumario de Luis Bonaparte sobre que “Hegel dice que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen dos veces. Pero se olvidó de agregar: la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa”, se podría decir que en la Argentina actual se extiende literalmente a casi todo el espacio de mayor rating político de la televisión argentina. La contratapa de mañana, titulada La era de la venganza, hace foco sobre ese corrimiento de la crispación en la sociedad a la venganza en los medios a partir de las ironías contra Capitanich, tanto en el programa de Lanata como en el de Tinelli, y las acusaciones cruzadas entre varios periodistas mediáticos.

Algo dice de la sociedad cuando en las redes sociales, en lugar de arder con convocatorias a manifestaciones, se dirimen los posicionamientos ideológicos a favor o en contra de Ventura o Casella. Ya desde hacía meses la representación política en los medios audiovisuales se había desplazado del drama a la comedia. Y la responsabilidad no es sólo de los productores de contenidos, sino también del ánimo de cierta audiencia, que está más relajada a pesar de una economía que podría generarle un humor distinto.

Aumento del desempleo y hasta el regreso de los concursos de acreedores dentro del marco de la Ley de Quiebras, junto con las suspensiones en las fábricas de autos y la caída vertiginosa de los viajes de turismo al exterior, son indicadores de que lo que en las clases más bajas se expresa como caída del consumo de alimentos en la clase media se manifiesta como reducción de la capacidad de consumo de bienes semidurables y suntuarios. Sin embargo, no hay cacerolazos.
Nietzsche decía que el ser humano puede soportar casi cualquier cosa mientras haya un objetivo. Muchos argentinos, hace un año y medio, estando mejor estaban peor porque su malestar no tenía un fin. Ahora lo tiene: dentro de otro año y medio Cristina Kirchner será reemplazada por otro presidente. La satisfacción que eso produce en muchos de los que protestaron el 8N y adhirieron a él sin marchar podría compensar el invierno económico que toca atravesar.

Mientras el kirchnerismo no vuelva a resurgir, alcanzará con la venganza del humor en la televisión para hacer catarsis y descargar.