El lanzamiento del Frente Amplio UNEN ha modificado, como se ha dicho, el escenario político nacional, al agrupar a un espacio no peronista en una contienda que, como ya pasó en 2003, podría tener al justicialismo en varias de las listas con opción de pasar al ballottage. En segundo lugar, el FA-Unen viene haciendo un uso de la Ley PASO como un espacio para distribuir legitimidad y cargos a su interior. No obstante, este frente no surge como un espacio progresista, sino como una alianza electoral con su identidad en disputa. La “ley de hierro” de que cuando el peronismo se corre a la derecha deglute a los liberales y cuando se corre a la izquierda pone en crisis al progresismo, se ha verificado en esta kirchnerista (como escribió M. Svampa en este diario). Pero a ello se suma la UCR: el radicalismo hoy está bastante lejos de su momento socialdemócrata y más cerca de su faceta conservadora, “politiquera” y con un poder derivado de un ejercicio de los gobiernos provinciales que en nada se diferencia de los pejotismos “feudales”. El panorama se completa con Elisa Carrió como “electrón libre” de la alianza y el factor Macri como elemento de discordia interna pero, más grave aún, como la evidencia de que la identidad de centroizquierda del FA-Unen está lejos de ser una evidencia.
En ese sentido, el frente tiene poco que ver con el FA uruguayo, ya que esa alianza fue una construcción programática de décadas y, más importante aun, emergió contra el bipartidismo, con la paciencia para desplazar a blancos y colorados primero en Montevideo y después en el país. En todo caso, el nuevo frente es más parecido a la Concertación chilena, que unió a socialistas y democristianos, con algunos éxitos y muchas tareas pendientes que hoy Bachelet, al menos en el discurso, se propone afrontar. Pero el FA-Unen, en caso de que los conservadores ganen la pulseada, podría parecerse a la Mesa de Unidad Democrática venezolana, que buscó darle un rostro más “progre” a Henrique Capriles.
El problema es que la izquierda del FA-Unen –aunque coincide en oponerse a la destrucción de cualquier frontera hacia la derecha y responder al “fin de las ideologías” de Carrió– está en su propio laberinto. Pino Solanas viene de su “matrimonio” con ella, que liquidó por completo a su propia fuerza, Proyecto Sur, para conseguir una senaduría; Libres del Sur también han hecho alianzas con sectores de la derecha del frente –por ejemplo con Cobos en Mendoza– y el socialismo no termina de construir una identidad que le permita diferenciarse de la UCR y releer su complicada historia en favor de un socialismo democrático renovado y más creativo.
Es evidente que contra la faceta “socialdemócrata” del FA-Unen conspira también la crisis de la socialdemocracia global. Que figuras como el venezolano Leopoldo López participen como observadores de la Internacional Socialista –y partidos como el PRI mexicano como miembros– da cuenta del completo desdibujamiento de la idea y la práctica socialdemócratas. Que una figura tan nefasta como Dominique Strauss-Kahn no sea presidente de Francia lo evitó su escándalo sexual en el Sofitel, no los diques ideológicos del socialismo francés.
Pero volviendo al FA-Unen: es evidente que hoy las derechas no son las de antes, una serie de figuras más jóvenes y posmodernas han aprendido a actuar en los nuevos escenarios posliberales y combinan a menudo demagogia securitaria, “pospolítica” y una cara social. Esas derechas no pueden ser, de ningún modo, compañeras de ruta de un frente de centroizquierda ni en nombre de la lucha contra las mafias ni por la república representada por el ridículo bebé de Lilita. Lo que está por verse es si la “izquierda democrática” logra construir un proyecto capaz de disputarle al peronismo no desde un progresismo bobo, sino desde un proyecto anti statu quo de verdad. Finalmente, si la identidad del FA-Unen es una identidad en disputa o simplemente una falta de identidad.
*Jefe de redacción de Nueva Sociedad.