En abril de 2016 el director de cine Juan José Campanella visitó la Cooperativa La Juanita, ubicada en Laferrere, partido de La Matanza. Mientras recorría algunas calles de tierra hasta llegar a los emprendimientos productivos, fue consultado por los cooperativistas acerca de cómo había sido el proceso de filmación de su película Metegol, estrenada en el año 2013. La misma, como se recordará, resultó una novedad y un éxito en nuestro país debido a la introducción de avanzadas técnicas digitales 3D. El cineasta comentó que en aquel momento resultó muy difícil encontrar programadores locales con la especialidad requerida, y que por lo tanto, fue necesario realizar el trabajo de programación en el exterior. El anfitrión de la cooperativa era su fundador, el dirigente social Héctor “Toty” Flores. Rápidamente, frente a la carencia que manifestaba Campanella, se produjo un acuerdo para llevar a cabo un proyecto de inclusión laboral basado en oficios digitales. Lo denominaron muy creativamente “potrero digital”, en alusión a los tradicionales campitos en donde se juntan los pibes del barrio a jugar a la pelota.
Así fue, entonces, como se comenzó a dar forma a una idea innovadora que busca nutrir de herramientas laborales a jóvenes de barrios marginales a partir de enseñarles oficios digitales. Estos resultan muy atractivos y estimulantes, al tiempo que los prepara para futuros trabajos en un mundo líquido que en forma creciente demanda este tipo de saberes y conocimientos múltiples.
Durante casi dos años se trabajó para darle forma al proyecto, sumar nuevos socios y encontrar el financiamiento necesario para sostenerlo. Financiamiento que es importante destacar, resultó de carácter privado. Algo habitual en la filosofía de cambio cultural que promueven los “Juanitos”, quienes hacen eje en la integración social y el compromiso activo de todos los sectores, más allá del Estado.
A principios de 2018, la cooperativa se vistió de fiesta y con enorme alegría y expectativa (y una inscripción desbordada), se inició la formación de los primeros cuarenta excluidos sociales a los que las estadísticas ubican dentro del colectivo “ni-ni” y el mercado los considera “in-empleables”.
Sin dudas, el potrero les da a estos jóvenes una perspectiva de vida distinta, alejándolos de las garras de los narcos y los peligros que fermentan en los barrios marginales. El atractivo de “lo digital” actúa como “zanahoria” y permite capacitarlos en oficios digitales relacionados con el testeo de páginas web, animación 2D y 3D, marketing digital, programación y testeo de videojuegos, community manager y content manager, además de complementar su educación con inglés técnico y valores humanistas de tipo cooperativo. De esta forma, se logra promover personas con la formación requerida por el mercado laboral moderno, sin descuidar aspectos básicos vinculados al compromiso social. En definitiva, ciudadanos que progresen en lo individual, pero que sean parte activa de la recomposición del tejido social en nuestro país, ayudando de esta forma a derrotar el principal problema que tenemos los argentinos: la pobreza estructural y sus nefastas consecuencias.
Finalizado el primer año de la puesta en marcha del proyecto los resultados fueron muy auspiciosos: a diferencia de lo que ocurre con el sistema educativo formal, de los cuarenta chicos que comenzaron, ninguno abandonó. Incluso, algunos de ellos ya fueron requeridos por empresas de primer nivel para brindar sus servicios. Esto demuestra, una vez más, el enorme potencial creativo que existe en los barrios marginales, en donde es posible generar valiosas oportunidades de ascenso social.
La novedad del “potrero digital” llegó a oídos del presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien rápidamente se interesó en el tema y convocó a una reunión a los responsables del proyecto con el fin de sistematizarlo y llevarlo a cabo en la mayor cantidad de barrios pobres de nuestro país. Esto último, indudablemente, resulta sumamente auspicioso y esperanzador.
*Ingeniero y Doctor en Ciencias Políticas.